Querido Jorge

27 de Julio de 2006 · (Arrecife)

Manuel Perdomo

“El Árbol no tiene características para sobrevivir” (cito fuentes del diario La Provincia) ha dicho la Señora Alcaldesa de Arrecife. La especie humana tampoco, digo yo. Algo demostrable sin vaguedades es que un árbol, no sometido a tortura, como algunos seres humanos, vive bastante más que estos últimos: laureles de indias, sequoias, olivos, araucarias…

“Descartado el árbol como única vía para encontrar sombra” ha dicho Don José Morales, indico yo que, de eso, en Lanzarote, fuera de los jardines de las zonas turísticas, no se puede hablar, pues está sobradamente comprobado que el árbol no existe como única vía para dar sombra pues, simplemente, al no existir no se puede realizar aquella afirmación. Todo ello en el marco del Primer Congreso Internacional de Arquitectura que se celebra en Arrecife.

No esperaba que un congreso de estas características, atendiendo a lo que sucede en las Escuelas de Arquitectura del país, se preocupara por tamaña nimiedad, dado que en sus centros la naturaleza no parece ser motivo de estudios, si no es la sensibilidad del alumnado, y su curiosidad e interés la que le guía a ello. O de los masters posteriores.

Hablan de otras sombras y por eso interviene la representante municipal.

De árboles en la ciudad ya está todo sobradamente dicho, aunque no el número de veces necesario. Entre la obsesión constructora, no se sabe bien de qué, en tanto no explicite su modelo de ciudad, no suficientemente puesto en evidencia en su fracasado Plan General, y las intervenciones que acaban con las pocas especies existentes, sumado a lo que se deja de hacer en relación a los árboles, la ciudadanía no podrá valorar qué es lo que se pierde, porque no lo conoce. La Señora Alcaldesa se ocupa de que eso siga siendo así.

No está mal que haya sombras provenientes del diseño, de la arquitectura, de la escultura, pero estas sombras históricas, y nada de ello es nuevo, siempre han ido de la mano de las sombras de la naturaleza. La sombra de la fachada sur, la de la fachada norte, la de la pérgola; la sombra de los laureles de la plaza, del de cuatro esquinas; de la torre de la iglesia, de los muros altos y de la barca colgada en la playa del hotel. Todas las sombras posibles, pero ninguna a costa de la otra. El único discurso conocido son los actos en esta materia de nuestra regidora municipal, para la cual, interpreto que prefiere unas sombras a otras. Hace tiempo le cedí para su satisfacción personal mi parte de la indescriptible pérgola de La Plazuela que entre ella, y el olvidado Juan Carlos Becerra, nos tributaron para gloria de la calle. No da sombra, pero nos recuerda cada día a quién se la debemos, y por mí, y toda mi casa, se la puede llevar donde mejor le cuadre en su jardín.

Querido Jorge, no tienes razón cuando esperas de nuestra alcaldesa, que lo es de todos, que en un congreso de arquitectura vaya a defender aquello en lo que no cree. Lo sorprendente habría sido que en unas jornadas de paisajismo, reivindicara la sombra. En este, no. Su intervención se ajusta a lo que esperamos de ella, y es por ello por lo que te quito la razón en tanto esa sombra no es la sombra de la que tú hablas. Estos hablan de sombras fabricadas, de pérgolas, tan del gusto de quienes hacen espacios duros y que tan poco amparo dan y tan poco se usan. Se habla de las sombras que otorgarán elementos diseñados, lo cual no esta nada mál, pero no deberán ser excluyentes.

Si bien, no me referiré a las sombras de los espacios urbanos, esta, por lo que significa y por su relación con el espacio circundante, merece recordarla. Conoces, seguramente, la que llaman la Casa de los Carrasco, a la salida de San Bartolomé, en La Florida. Alguien la ha comprado, o eso dicen, aunque siga siendo la Casa de los Carrasco. Hoy es menos casa, acércate y compruébalo, pues los centenarios eucaliptos ya no acompañan su fachada del siglo XX en la casona del XIX, orientada al sur. Los transplantaron a otro lugar de la finca. La casa no luce igual, una sombra le ha sido arrebatada y está como manca, deslucida, y bastante diferente. Ya no hay sombra y algo se ha muerto un poco.

Habrá quien no esté de acuerdo en que estuvieran bien emplazados, y algunos indicarán que se ha recuperado una fachada escondida. Para mí el interés era el de la estrecha relación entre esos dos patrimonios.

La sombra que acompañaba a esa otra de la arquitectura en las horas de la mañana, donde no se sabía bien quién proyectaba qué sombra. Al caer la tarde, la única sombra posible era la de los árboles, a unas horas en que la fachada debía ser cerrada a cal y canto de puro solajero. Eran unos árboles inteligentes plantados por alguien sensato que quería vivir su casa a todas horas, y ha sido su seña de identidad durante muchos decenios. Las tardes en la Casa de los Carrasco ya no serán lo mismo, a no ser que a un arquitecto valiente le dé por fabricar una sombra de diseño que, con franqueza, no moverá hoja alguna, no variará de color en las estaciones, ni florecerá, ni será fresca, ni tendrá pájaros, ni tamizará la luz, de la luna, o del día…, será una parrilla recalentada, eso sí, dará sombra. Aquella otra que ya no está, esa, es la sombra de la que tú hablas, y esta otra es la de tu alcaldesa, así que deja de molestarla hablándole de árboles.

Atentamente, Manuel Perdomo.

4 Comentarios

  1. A-sombra-do

    11:51 am · 27 Julio 2006

    Lo mejor para hacer sombra sería hacer edificios tan altos que no pudiera verse el cielo. Así sí que tendríamos sombra.

    O mejor aun. Hacer una cúpula gigantesca que nos cubra del sol.

    Aunar naturaleza y arquitectura era lo que sabía hacer César como ningún otro. Sus lecciones están delante de nosotros, las vemos todos los días.

    Negar el árbol como elemento imprescindible en la arquitectura de cualquier ciudad es completamente absurdo. No se trata solo de la sombra que dan, sino de la calma que transmite su mera visión. Y de lo que refrescan. ¿O me están diciendo que es igual la sombra que da un toldo a la que dan las frondosas copas de un árbol?

    No me imagino a Miguel Hernández escribiendo sus poemas a la sombra de una sombrilla playera.

  2. Jorge Marsá

    12:13 pm · 27 Julio 2006

    Querido Manuel,

    ¿Qué decir? ¿Quizá una referencia a la “falta de ignorancia”? Aunque es probable que la cosa tenga relación con la falta de ciudad. Y cuando falta la ciudad, faltan los ciudadanos. Porque no es sólo cuestión etimológica, es que el ciudadano surge de la agrupación de las personas en una manera que dieron en denominar ciudad. Arrecife ha sido hasta hace bien poco más pueblo que ciudad, quizá Manuel nos cueste a los dos asumir que aún son pocos los ciudadanos en el sentido profundo del término, que puede que no sea tan extraño como a nosotros nos resulta el hecho de que los votantes decidieran elegir a una alcaldesa de pueblo, y a una teniente de alcalde de pueblo, y a una oposición de pueblo. Y es que los árboles que tanto nos ocupan, Manuel, constituyen preocupación mucho más ciudadana que pueblerina, son emblema de la preocupación por la calidad del espacio público que muestran los burgueses, los ciudadanos del burgo. Y no es característica del paleto la preocupación por los espacios públicos, históricamente se ha dedicado poco a lo común.

    No son muchos los espacios públicos construidos en los pueblos de la Isla, más bien pocos. Algunos ha habido en Arrecife, pero los paletos que nos gobiernan los ven más como espacio de obras públicas que como espacio ciudadano.

    Nuestra Alcaldesa es una buena muestra del paleto que en su intento de modernizarse queda deslumbrado por la última modernez, que siempre la asume cuando ha dejado de estar de moda. No le gustán los árboles, y en su “falta de ignorancia” los considera especie imposible en su ciudad. En realidad, gusta de considerarse mujer dura y, en consecuencia, amánte de las intervenciones duras, así lo dice, tú lo sabes Manuel. Se quedó colgada de aquella modernez que tuvo su apogeo hace ya más de tres lustros, en la Barcelona olímpica: plazas duras las llamaron. Tuvo que pasar poco tiempo para que aquello se demostrara un desatino, tan duras eran, tan faltas de cobijo vegetal, que los ciudadanos huían de ellas como alma que lleva el diablo. Se acabaron las plazas duras; pero no se le puede pedir al paleto que se ponga al día con la rapidez en la que hoy se suceden las modas.

    Quizá, Manuel, todo lleve más tiempo del que a nosotros nos gustaría, quizá nos falte paciencia. En cualquier caso, espero ver algún día lo que ambos anhelamos: un gobierno municipal que podamos considerar post-ilustrado en lugar de pre-ilustrado, en fin, un gobierno municipal de ciudadanos.

    Atentamente,
    Jorge Marsá

  3. Ricardo

    12:23 pm · 27 Julio 2006

    Nos hemos vuelto locos si a estas alturas, con una ya dilatada trayectoria como regidora municipal, esperamos de nuestra alcaldesa que muestre sensibilidad para que la ciudad se humanice. Sólo el procedimiento seguido para la aprobación del PEPA es motivo suficiente para descalificarla y sus votantes deberían tenerlo en cuenta en las próximas elecciones.

  4. nano

    12:31 pm · 27 Julio 2006

    Pues habrá que esperar a que les de por hacer otro parking subterraneo en algún lado. Tal vez para entonces se dejen de plazas duras y coloquen unos arbolitos por encima. Tal vez la fobio de la alcaldesa y compañía hacia los árboles obedezca a algún tipo de trauma infantil. Si no, no me lo explico. ¿Se caería de una rama?

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