Los Fachas

5 de Septiembre de 2006 · (Sociedad)

Fernando Marcet Manrique

No trate de engañarme, caballero. Me dice usted que la palabra facha procede de fascista, y que la palabra fascista tiene su origen en los fascios italianos organizados por Mussolini. Pero yo sé que no es así. La palabra facha proviene, sin ninguna duda, de fachada. Sí señor, de fachada, la pared externa de los edificios, de las casas. Facha tiene que ver, pues, con la imagen externa, lo que se muestra por fuera al tiempo que oculta lo de dentro.

Tal como yo lo veo, fachas los hay de muchos tipos y condiciones. No tiene nada que ver con que uno se considere o le consideren conservador, progre, de izquierdas, derechas ni nada similar. Los fachas ponen especial cuidado en la imagen que muestran al exterior, pero no sólo eso, sino que a la hora de prejuzgar a los individuos, cosa que hacen con más asiduidad de lo que podríamos considerar normal, ponen especial y casi exclusiva atención al aspecto superficial de los observados.

Así pues, facha puede ser muy bien ese joven que piensa que llevando rastas está obligado a escuchar a Bob Marley, o viceversa, piensa que por el hecho de gustarle Bob Marley ve necesario llevar rastas. Facha puede ser el heavy que no tolera que otra persona pueda ser asidua oyente de Metallica al mismo tiempo que de La Oreja de Van Gogh, pongamos por caso. Facha es, por supuesto, la señora que se cambia de acera cuando ve llegar a un chaval con pelo largo. Pero también lo es ese mismo chaval de pelo largo, que no considera la posibilidad de que la señora se haya cambiado de acera por mera coincidencia. También existe el facha cultureta que se siente obligado a acudir a todas las exposiciones, aunque malditas sean las ganas que tenga, o a poseer todo un repertorio de grandes artistas contemporáneos a los que mencionar en cualquier conversación. Fachas son los chinijos que le piden a los padres tener unas zapatillas de marca y que cuando por fin las consiguen miran a los compañeros que no las llevan por encima del hombro. Fachas son los padres que ceden a ese chantaje emocional. Facha es el que mira a los inmigrantes con desconfianza malsana. Fachas son algunos inmigrantes que piensan que todos los que viven en la tierra a la que llegaron son unos fachas.

Como puede ver, fachas los hay de muchas calañas. En realidad, todos tenemos algo de facha, sin excepción. Ninguno de nosotros está por completo libre de tales vicios. Ni los anacoretas de las montañas. Sólo nos diferencia a los unos de los otros el grado de fachenterío al que podemos llegar. Por eso, cuando particularmente hablo de fachas, me refiero concretamente a ésos de entre nosotros que sobrepasamos ciertos niveles mínimos.

Porque aunque todos prejuzguemos a primera vista, la primera impresión es la que cuenta, los hay que de tan exagerado que tienen este comportamiento, ni siquiera admiten la posibilidad de que haya un más allá de esa imagen exterior. Un más allá mucho más complejo y rico de lo que ningún ropaje, vestimenta, tatuaje, corbata o piercing, jamás podrá significar. Uno puede ponerse a analizar su ideología, sus convicciones, y vestirse o actuar en consecuencia. Yo soy cristiano, católico, votante del PP, así pues, debo vestirme en correspondencia. Corbata, raya a un lado, bigotito, ABC en la mano. Yo soy ateo, de izquierdas, medio anarquista incluso. Camiseta, pantalones vaqueros, zapatillas deportivas. Podemos hacerlo, tiene su lógica hasta cierto punto; tenemos nuestros valores y queremos que el mundo lo sepa. Miren, este soy yo, y soy así. Pero podemos estar seguros, es importante que seamos conscientes de ello, de que por exhaustiva que sea esa vestimenta (más complementos), jamás exteriorizará todo lo que en el fondo somos. Y no podemos pretenderlo.

El colmo del facha, por ejemplo, es ese punkie con cresta y cadenas que se dedica a observar a todo el mundo por la calle, a ver quién es el que le mira “raro”. Por un lado exterioriza su ideología descaradamente, de la que se hace vulgar títere, pero por otro no admite que nadie pueda estar en desacuerdo con ella. Por un lado pide a gritos ser observado “hey, aquí estoy yo, miren lo que pienso del mundo”, y por el otro no tolera que le observen, pues en todos imagina miradas de reproche, aun en quienes no le miran en absoluto.

Porque el problema surge, como en el anterior ejemplo, cuando se llega al punto en el que nos hacemos prisioneros de esa imagen externa, cuando el significante olvida al significado y se torna él mismo en cosa con significado propio. Es decir, cuando nuestra apariencia externa nos obliga a comportarnos e interactuar del modo que se espera de alguien con nuestro aspecto. Cuando el hecho de llevar corbata nos obliga a no reconocer una argumentación con la que podemos estar de acuerdo pero no podemos permitirnos el lujo de reconocerlo, porque llevamos corbata. Y quien dice corbata, dice también pertenencia a un partido político, a un colectivo ecologista, lo que sea. Esos también pueden llegar a convertirse en ropajes que lucimos ostentosamente. Ropajes capaces de encorsetarnos hasta límites insospechados.

Precisamente ese es el tipo de encorsetamiento enfermizo, el encorsetamiento de quien convierte sus cualesquiera ropajes en esencia de su personalidad, que hace del genuino facha, el facha radical, un ser con el que hay que tener mucho cuidado. Porque su enfermedad es contagiosa, y cuando un facha se cierra en banda, dicha cerrazón hace que quienes están a su alrededor hagan lo propio, convirtiéndose ellos mismos, a su vez, en unos fachentos sin remisión.

Así que no caeré yo en tamañas actitudes y le reconoceré que tal vez esté equivocado después de todo. Puede que la palabra facha provenga, como usted dice, de los fascios italianos. Aún así, no me negará que mi explicación tiene mucho más sentido. Por lo menos nos podríamos permitir el lujo de llamar a la gente “facha” con un algo de propiedad. No me diga que no sería un gustazo.

10 Comentarios

  1. ALCACHOFA

    8:30 am · 5 Septiembre 2006

    Oye, por el relato que haces me da a mí que estamos rodeados de fachas, empezando por mí mismo, alcachofa de mí.

  2. Antonio

    8:57 am · 5 Septiembre 2006

    Pues yo no llamaría facha a muchos ejemplos que has dado, Marcet. Las entiendo más como la excesiva fe en la imagen para trazar juicios sobre otros. Más nada, oye. Por ejemplo, una señora que cambia de acera porque ve a un pelúo no es una facha. Entiendo que es previsora. Otra cosa provendría de que esa misma señora después del cambio de acera la emprenda con su amiga porque el pelúo es esto o aquello, en tono negativo, sin información alguna. Eso sí me parecería de facha.

    O el pibe que escucha Bob Marley y se deja las rastras. Es un símbolo que quiere portar como seguidor del fumador de maría.

  3. Zebenzuí

    9:38 am · 5 Septiembre 2006

    Hay mucho facha que escribe en este blog y no lo digo por Fernando Marcet, aunque podría haber incluido en su escrito a Jorge Marsá y sus pocos admiradores que se multiplican defendiendo al capo antinacionalista. Facha es aquél que obsesivamente trata de destrozar una ideología tan legítima como la que tiene él…si es que la tiene.

  4. Canario

    9:44 am · 5 Septiembre 2006

    Uy, Zebenzuí. Ya estás con la tecla victimista. Marcet, anímese a un Fachas 2 e incluya también, ya que estamos con solicitudes, que hay mucho lector facha en este blog. Ese que con aires de superioridad pretende distinguirse de sus conciudadanos creyéndose mejor que cualquiera. Tenés a tu cabeza de tu antinacionalismo, Marsá según se comprueba, y contra este cabe todo incluso no leer, o no entender, lo que escribe.

  5. Animal

    10:09 am · 5 Septiembre 2006

    Veo que se queda usted prendado de su propio ingenio y su autocomplacencia le conduce a un batiburillo de ideas que son… fachas, como afirmar que todos tenemos algo de facha, sin excepción. ¡Vamos, hombre!

  6. LZ-III

    10:19 am · 5 Septiembre 2006

    Cada uno utiliza el lenguaje como mejor le place y el término “facha” como le apetece. Me parece estupendo, aunque no sé si así nos vamos a terminar de entender.

  7. C. Miguel

    10:58 am · 5 Septiembre 2006

    Bastante gracioso su escrito, supongo que estaría aburrido y no tenía otra cosa que hacer, esto dicho sin animo de ofender.
    Parece que, y según usted, para salir a la calle y no ser tildado de facha tendríamos que disfrazarnos de invisibles y mudos.
    Creo que el sentimiento de diferenciación es un hecho congénito como forma de reafirmar la individualidad, si bien también es cierto que, en muchas ocasiones, entre otras causas, el fanatismo y la falta de educación lleva a la uniformidad o el uso abusivo de las modas. Y esto se manifiesta en, la forma de hablar, de vestir, así como en el comportamiento.
    Esto es lo que dice el Diccionario de RAE sobre la palabra facha. En otros países de América del Sur tienen otras acepciones. Lo pongo para que, si hay algún lector que como yo dude, no tenga que ir al diccionario.
    1)facha- 1. f. coloq. Traza, figura, aspecto.
    2. f. coloq. Mamarracho, adefesio. U. t. c. m.
    2)facha- f. desus. hacha ( herramienta cortante).
    3/facha- 1. adj. despect. coloq. fascista. U. t. c. s.
    2. adj. despect. coloq. De ideología política reaccionaria

  8. Fernando Marcet Manrique

    11:13 am · 5 Septiembre 2006

    Bien, para eso está el diccionario. Fija, limpia y da esplendor… ¿no era eso?

    Desde luego, no era mi intención sentar cátedra, ni establecer una definición seria al respecto. No hago otra cosa que regodearme en mi propio ingenio, como bien dice aquí el compañero. También se podría llamar: buscar los tres pies al gato, hacerse pajas mentales, etc, etc.

    Lo que a mí me gustaba de esta pseudo definición era precisamente que nadie se libraba de ella. Empezando por mí, faltaría más. Y en ningún momento establezco juicios morales al respecto. Igual que las fachadas de las casas pueden ser en sí mismas elementos arquitectónicos de gran valor, e incluso pueden llegar a predecir con bastante fiabilidad lo que tras ellas se esconde, las pintas de las personas pueden llegar a ser igualmente valiosas. Lo que yo digo es que no estaría de más contemplar la posibilidad que detrás de esa piel y esas ropas hay algo más. Algo que ningún ropaje ni ninguna piel puede significar.

  9. C. Miguel

    12:36 pm · 5 Septiembre 2006

    Cómo diría un franchute, évidemment Sr. Marcet, le comprendí antes perfectamente y ahora también ¡pienso yo! Lo del diccionario iba en el mismo sentido cómico.
    Lo que usted dice /… Al que ningún ropaje ni ninguna piel pueden significar… / Es una de las mejores definiciones de la poesía que yo haya leído antes. Porque es a eso a lo que usted se refiere ¿no? Al universo de sentimientos que crea el conocimiento, y que cada uno en su interior posee y proyecta

  10. Fernando Marcet

    1:16 pm · 5 Septiembre 2006

    Sí, esa podría ser una buena forma de decirlo. Lo que para mí hay más allá de la piel y los ropajes no sabría definirlo con exactitud. ¿Alma, genes, conocimientos adquiridos? Es algo que está ahí, y precisamente su naturaleza escurridiza hace que sea imposible concretarlo asumiendo un rol, como casi siempre acabamos haciendo. Inventamos nuestro propio personaje y nos lanzamos al teatro de la vida perfectamente convencidos de que nosotros somos ese personaje, cuando en realidad se trata de una invención como podría ser otra cualquiera. En fin, algo tal vez demasiado metafísico para tratarlo aquí sin pecar de pedantería. Así que solo añadiré que, en mi opinión, si tomáramos concienca de que ese personaje prefabricado existe, esa cáscara de colores, nos sentiríamos más libres no solo para reirnos de nosotros mismos, sino también para modificar esas cosas de nosotros que no acaban de gustarnos.

Tu comentario

El blog se reserva el derecho a eliminar los comentarios que considere inapropiados