Censura pública
Román León
Hace aproximadamente dos semanas bajé a la calle por la mañana y me di cuenta de que había llovido por la noche. O por la mañanita pronto, porque me levanté tarde. Era domingo o sábado, no me acuerdo. En fin, que salí a la calle. Fui hasta mi coche y me encontré pegado al parabrisas, literalmente, un folio de color blanco con las letras negras corridas por el agua, pero aún legibles. En el panfletillo en cuestión se abordaba un artículo que alguien había escrito en un diario de Barcelona en el que, resumidamente, de forma irónica se aludía a que era mejor repatriar a los canarios y dejar las islas en manos de los inmigrantes.
La persona que se había tomado tantas molestias en fotocopiar el artículo y criticarlo duramente, a su vez solicitaba a los potenciales lectores que tomasen represalias contra el autor, ya que figuraba su dirección de correo electrónico, y contra el diario, llamado ADN (www.diarioadn.com).
Sinceramente, ni entro ni salgo en el fondo o la forma del artículo. Por mojarme un poco diré simplemente que creo que es irónico, y que la persona que lo escribió, a través de una hipérbole irreal, pretendía todo lo contrario a lo que se entendió, que no era ni más ni menos, que denunciar que no se ha solucionado nada del problema de la inmigración ilegal.
Pero no se quedó aquí la cosa. Resulta que hoy me llegó por mail un mensaje de indignación muy parecido al que había en mi coche aquel día. Por investigar un poco decidí visitar la revista ADN y casi me caigo del susto. Resulta que han suprimido el famoso artículo y en su lugar han puesto el siguiente texto: «ADN decidió ayer por la noche suprimir de su web el artículo de Javier Calvo, ‘Repartir canarios’, al no compartir ni el fondo ni la forma del texto. La columna del escritor se aparta de la línea editorial que el diario ha seguido en el tema de la inmigración ilegal en Canarias. ADN lamenta las heridas que haya podido provocar este artículo y pide disculpas a los lectores que se hayan sentido molestos».
Por aquí no paso. El autor no ha insultado ni vejado a nadie y tampoco hace apología de ningún delito. Vamos a ver, lo de los tiburones no lo dice en serio, coño. La censura hace ya algún tiempo que no se estila en este país, aunque hace poco se estrenara un remake de Cuadernos y el Secretario. El autor de la columna no sólo tiene derecho a ser estridente en su artículo, sino es que además, aunque hablara en serio, tampoco sería censurable. Sería fascista, retrógrado, pusilánime y bastante estúpido, pero no censurable, puesto que su opinión, por contraria a la razón que fuera, no deja de ser el sustrato del sistema democrático. Su opinión vale tanto como las demás.
No pretendo ser pedante ni hablar del derecho a la libre expresión, que lo tiene este señor y los reporteros del tomate de igual modo. No. Solamente quería que supieran lo que ha pasado y dar mi opinión, como todos.
LZ-III
11:21 am · 3 Octubre 2006
En mi opinión, el artículo era una auténtica estupidez. Sin embargo, estoy completamente de acuerdo con lo que plantea Román León: era una opinión de la que se podía discrepar, e incluso mofarse, pero no censurar. El articulista tiene todo su derecho a expresarla. Lo que está ocurriendo no deja de ser parecido a las caricaturas, la obra de teatro u otros ejemplos. También en este caso, un grupo de indignados se decide a realizar una campaña contra el autor del texto, ayudados por lo mucho que facilita Internet ese trabajo, y los responsables de la revista en lugar de defender el derecho a la libre información y expresión de las ideas, pues se achantan, censuran y piden disculpas por la ofensa. Así es como ganan los talibanes de cualquier tipo.
Suscribo
11:30 am · 3 Octubre 2006
Suscribo las ideas plasmadas del Sr. León y el comentario de LZ-III. El día que nos indignemos un poquito menos habrá más posibilidades de evitar las tortas que nos damos.
solosino
12:24 pm · 3 Octubre 2006
Mucho “cabreao” suelto es lo que hay. Y no es raro, si tenemos en cuenta los precios de las hipotecas, la mierda de casas que se están haciendo, la cesta de la compra cada vez más cara, la televisión que nos ametralla todos los días con grades hermanos varios… tal vez sea necesario echar un vistazo aquí al lado, al continente que tenemos bien cerquita, para darnos cuenta de lo que es tener problemas de verdad.
Como decía el prota de American History X, “estaba cabreado el mundo entero”. Con lo cansado que es eso de estar cabreado… la de energías que se gastan. Me canso de pensarlo.
Natalia Jiménez
9:31 pm · 3 Octubre 2006
Ayer vi una película que contaba la historia de una joven de veinte años que pertenecían a un grupo clandestino llamado la Rosa Blanca. Había que echarle valor en la Alemania de Hitler para ejercer la libertad de expresión.
Arriesgaron su vida en 1942 para defender en un panfleto repartido en su universidad que la guerra estaba perdida y que no rendirse era enviar a la muerte a la juventud alemana y convertirse en la nación más odiada de Europa. Manifestaban que la única manera de construir una nueva Europa era claudicar.
Fueron descubiertos y detenidos, primero intentaron salvar sus vidas, pero al darse cuenta de que las pruebas les delataban decidieron confesar intentando salvar a otros compañeros sabiendo que eso significaba la condena a muerte.
Por las transcripciones del juicio sabemos que defendieron convencidos, que su sacrificio no sería en vano, que la lucha por la libertad de expresión saldría victoriosa y a la dictadura nacionalsocialista le pronosticaron su derrotada.
Hoy también hay gente que se juegan su libertad por ejercer ese derecho en países dictatoriales y terminan con sus huesos en la cárcel. Pasa en Cuba, en Irán, en China, etc.
Nosotros deberíamos recordar que la libertad de expresión no es algo que haya existido siempre y que si no se cuida se pierde. Por eso debemos defender a todos los que la ejercen, sean el Papa o el Diablo.