Subvenciones bajo sospecha
Fernando Marcet Manrique
Me gustaría en este artículo expresar mis dudas respecto a algunas cuestiones referentes a las subvenciones que recibirán los hoteleros de Puerto del Carmen. No quisiera que el desconocimiento me hiciera decir cosas injustas, por eso trataré de ser comedido, aunque la primera reacción de uno no sea precisamente la de comedirse.
Una de las dudas tiene que ver con los criterios por los que se rige todo un Gobierno de Canarias a la hora de dar subvenciones. La palabra subvención, según lo expresa el diccionario, procede de “subvenir”, que significa literalmente “Venir al auxilio de alguien o acudir a las necesidades de algo”. No es cosa chiquita, esto de la subvención, pues posibilita a un gobierno de cualquier índole acudir en auxilio de quienes no pueden valerse por sí mismos. Ahora bien, como en todo lo demás, los gobiernos que nosotros votamos cada cuatro años tienen libertad absoluta para auxiliar a quienes ellos les parece que necesitan su auxilio. Lo que personalmente no termino de entender es que se considere a los dueños de los hoteles de Puerto del Carmen personas necesitadas. Cierto que en una democracia puramente representativa el Gobierno puede hacer lo que le plazca, pero aun así, ¿no debería exponer alguna razón de peso cuando pretende entregar el dinero de todos a unos cuantos señores que tienen toda la pinta de ser quienes menos lo necesitan en Canarias?
La segunda duda se refiere a una de las condiciones necesarias para que los empresarios reciban la subvención. Y es que deben renunciar a parte de sus plazas alojativas. Vamos, que las supriman. Aquí, si no entiendo mal, se trata de lo siguiente: no están pidiendo a los hoteles que mengüen en tamaño, sino que supriman algunas de sus habitaciones, bien haciendo las otras más grandes u ocupando el espacio libre con otra serie de elementos. Y yo, indiscreto que soy, me pregunto: ¿para qué querrá el Gobierno de Canarias que los hoteles eliminen una parte de sus camas totales? ¿No será para que otros buenos empresarios puedan coger esas plazas de pronto disponibles con el lucrativo fin de construir nuevos hoteles?
En fin, a mí todo esto me huele a chamusquina. Para empezar creo que el criterio que debería mantenerse a la hora de otorgar subvenciones tendría que ser el de la necesidad real de las personas, sean estas empresarias o no. ¿Qué sentido tiene ayudar a un rico? Y a partir de ahí, empezar a hablar. Podríamos discutir si es necesario incentivar el turismo de calidad, la cultura o la ciencia, pero siempre partiendo de una base fija, y es que independientemente del sector que ayudemos, acudamos siempre a las personas o empresas con menos recursos. En mi opinión los hoteles de Lanzarote cuentan con dueños lo suficientemente pudientes como para poder permitirse cualquier mejora por su cuenta, y si se quisiera ayudar a alguien en el sector turístico, primero habría que mirar a otros sitios, en vez de a los hoteles.
Y luego lo de reducir las plazas alojativas da mucho que pensar. Porque hemos de ser conscientes de una cosa: cuando la sociedad demanda menos camas, no es que esté demandando realmente menos camas, sino menos superficie cubierta por hoteles, al menos así lo entiendo yo. Creo que aquí se están confundiendo las cosas un poco intencionadamente, y no escuece tanto la manipulación en sí como el que crean que nos pueden engañar de tan burda forma. Están pidiendo a los hoteleros que reduzcan su cantidad de camas, pero no su tamaño, y desde mi punto de vista eso sólo significa una cosa: La relación cama/metro cuadrado va a incrementarse considerablemente en los próximos años. Es decir, no se permitirán más camas, pero sin embargo se seguirán haciendo más hoteles, porque para cada cama habrá una mega suite de lujo de cincuenta metros cuadrados.
De acuerdo pero...
6:47 pm · 4 Octubre 2006
Estoy de acuerdo con usted en casi todo su artículo sr. Marcet. Entiendo que con tanto dinero ahorrado en la RIC supone un sinsentido que el Gobierno de Canarias siga subvencionando la modernización de los negocios que tantos y tantos millones han generado con la actividad turística, beneficiándose del conjunto del territorio, sin pagar nada a cambio, bueno, sí, permitiendo el acceso al empleo que no es poca cosa.
Sin embargo, se queda usted pensando con lo de reducir camas. Creo que es bueno que se reduzca el número de camas, independientemente de que se varíe el tamaño del hotel. Entiendo que lo verdaderamente importante, en estos tiempos de descabalgado desarrollismo, conviene que se imponga, en un territorio tan limitado como este, la cualificación de ese mismo hotel con una infraestructura más desahogada, in situ, y en el conjunto del sistema.
Ahí sí, quizá, convendría una fuerte inversión pública para que el empresariado lanzaroteño, por ponerle un ejemplo, reduzca a 50.000 camas turísticas el parque alojativo actual de la Isla. Es decir, que en lugar de las 70.000 oficiales que rozamos nos quedemos, oficiosa y oficialmente, en 50 mil. Creo que eso resultaría la salvación del sector y la Isla de cara al futuro.
Alternativo
6:56 pm · 4 Octubre 2006
Esto es un cachondeo padre. Nosotros pagando nuestros impuestos, nuestros servicios sociales desfasados y Coalición Constructora ayudando a sus cachorros a arreglar sus hotelitos. Venga ya.