El cascabel al gato
Francisco Pomares
[La Provincia, 4 de octubre de 2006]
Curioso personaje Adán Martín: sorpresivamente, se desplazó a Bruselas para pedir la solidaridad europea en la financiación del acogimiento de los inmigrantes ilegales menores de edad que entran en Europa por las costas de Canarias. Martín planteó su nueva propuesta -una inteligente vuelta de tuerca en el discurso de que sea España quien asuma el coste de la atención a los menores- en una intervención ante el Parlamento Europeo, en la que recordó que en lo que va de año casi mil niños y adolescentes han desembarcado en las Islas.
Martín tiene razón cuando asegura que estamos ante un problema europeo que debe ser resuelto con apoyo y recursos europeos. Y es obvio que lo que vale para los chicos debería valer para los grandes, aunque en el caso de los inmigrantes adultos el problema es mucho más complejo: Europa se mueve desde hace casi una década en un doble discurso, el de los políticos que gritan pidiendo parar la inmigración, porque eso es lo que quieren sus electores, y el de los empresarios que callan esperando que la inmigración no cese, porque es buena para el bolsillo. Ahora esa situación está cambiando: la última ampliación hace inminente una ola migratoria desde el Este al Oeste europeo, integrada por los continentales más desfavorecidos, una ola que permitirá que europeos pobres desempeñen los trabajos que los europeos ricos no quieren hacer ya, sin que eso provoque el encarecimiento del trabajo.
Europa se prepara, pues, a hacer menos permeables unas fronteras que tradicionalmente han estado abiertas al Magreb, a Turquía, a los países de la Commonwealth y el África negra francófona. No se trata tanto de evitar que sigan llegando pateras y cayucos, de acabar con las muertes y el sufrimiento, como de reducir los flujos migratorios excitados por décadas de tolerancia y permisividad. Para lavar la conciencia europea, lo que está ahora de moda es hablar de cooperación, ayudas al desarrollo, exenciones fiscales a la inversión en los países emisores? el propio Adán Martín repitió ayer en el Parlamento un discurso tan bienintencionado como gastado: la cooperación, las ayudas al desarrollo y los créditos blandos a quienes de verdad ayudan es a empresarios y ´oenegés´ de los países ricos. Ellos se quedan la parte del león.
Si de verdad se quiere empujar a los pobres al desarrollo, sólo hay dos medios: uno es mantener el acceso de sus trabajadores al mercado laboral europeo, activando la circulación de recursos monetarios desde Europa a África. El otro es abrir las fronteras de Europa a la producción de los países pobres, aboliendo los actuales aranceles. Canarias haría más por el desarrollo africano renunciando a cupos y subvenciones a sus productos competitivos con los de África (hoy cultivados por africanos en Canarias) que con un millón de sentidos discursos en Bruselas. Pero a ver quién le pone el cascabel al gato. Adán Martín, desde luego no.
Natalia Jiménez
7:46 pm · 5 Octubre 2006
Hoy oído en la radio que se calcula que vamos a necesitar cuatro millones de nuevos trabajadores emigrantes para cubrir el crecimiento de la economía española en los próximos años. No puede estar más claro que los necesitamos.
Pero no se nos ocurre facilitarles el camino, todo lo contrario, intentamos cerrar nuestras fronteras. Lo único que conseguimos es aumentar el drama de los que emigran y convertirlo en tragedia. Trajedias como la de hoy en la que han muerto veinte personas intentando alcanzar nuestras costas para trabajar para nosotros.