La apisonadora de ‘Manos Limpias’

21 de Julio de 2006 · (Sociedad)

Francisco Suárez Álamo

[Canarias7, 20 de julio de 2006]

Hasta Julián Muñoz ha sido detenido. Vale lo del hasta porque en los mentideros políticos, judiciales y, sobre todo, de la prensa del corazón se había extendido el rumor de que el ex alcalde de Marbella y pareja sentimental de Isabel Pantoja era uno de los principales confidentes policiales y judiciales para desmantelar una trama de presuntas corrupciones que habría movido cientos de millones de euros en un municipio que, durante el mandato imperioso de Jesús Gil, fue santo y seña del crecimiento al margen de criterios de sostenibilidad y, por desgracia, legalidad.

La llamada Operación Malaya va por su tercera fase de detenciones y subiendo. Si había alguna duda de la intención judicial, fiscal y policial de llegar al fondo del caldero, aquella se puede dar por disipada. Los investigadores son conscientes de que han pinchado donde hay carne y están dispuestos a sacar hasta la última fibra con un ánimo ejemplarizante que pasa por la máxima difusión mediática, con el paseíllo de rigor de los detenidos ante los periodistas, la filtración de datos de un sumario que es secreto y el aderezo de esas tertulias televisivas en las que opinadores que no tienen ni idea de lo ocurrido pontifican sobre hechos que desconocen.

Manos Limpias suma y sigue con la contundencia que caracteriza a la maquinaria del Estado cuando ésta coge la velocidad de crucero. Esa apisonadora puede con todo y lo mismo desmantela el Ayuntamiento de Marbella, levanta alfombras, desempolva expedientes y descubre zulos repletos de millones en lujos chalés, que entra en los despachos de la Consejería de Turismo del Gobierno de Canarias, en el negociado de Industria o en el Consistorio de Telde.

No hay piedad. Ni la habrá. Ni tiene por qué haberla. Se trata, pensarán algunos, de una operación política que intenta rentabilizar el partido que ocupa La Moncloa. Pero al margen de esos réditos, de los que el ciudadano suele darse cuenta porque no es imbécil, hay una Justicia que ya no mira para otro lado cuando la porquería circula por las aceras.

Estamos, claro está, en la fase inicial y la presunción de inocencia sigue por encima de otras consideraciones. Pero al menos se acabó la presunción –o la certificación– de la pasividad que dominó en etapas anteriores. Respecto a las cuestiones formales habrá valoraciones para todos los gustos pero si quien maquinó todo esto quería trasladar la imagen de que hay un punto y final a determinados comportamientos, puede sentirse satisfecho porque lo está consiguiendo.

Ahora bien, lo que corresponde es que la Justicia actúe en solitario, sin guiones políticos entre bambalinas.

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