Problema y estrategia
Ángel Tristán Pimienta
[La Provincia, 2 de septiembre de 2006]
El asunto es sencillo en su complejidad: siempre se ha dicho que Canarias es como un gigantesco portaaviones fondeado en el Atlántico que sirve de puente entre tres continentes: África, Europa y América. Esto, por una parte. Por la otra, el siglo XXI comenzó bajo un doble signo, el de la comunicación, que transporta el conocimiento y acerca las imágenes, y el de grandes migraciones que siguen la ruta clásica: de la pobreza a la riqueza. Su situación estratégica hace que el Archipiélago tenga un papel de primera línea en el fenómeno de la inmigración irregular de ciudadanos hispanoamericanos y africanos, que ponen sus ojos en la Unión Europea.
El flujo africano se mueve por ´picos´ regulares. Si durante el mandato de Aznar se rompieron todos los récord anteriores, y se tuvo que improvisar medidas que luego se han convertido en estables, como la ´derivación´ de extranjeros a la Península, un lustro más tarde, con Rodríguez Zapatero, las cifras se multiplican exponencialmente. Con los gobiernos del PP se creó el SIVE, un organismo de detección fija adecuado a las circunstancias del momento, y se sustentó la tesis de que las Islas eran solo un lugar de entrada y no podían, por sus peculiaridades, digerir todo el caudal que llegaba. Cuando le toca el turno al PSOE se libra una batalla diplomática para aumentar las repatriaciones, se crea un ´equipo de choque´ de exteriores, se pone en marcha el Frontex en la costa africana, se facilitan patrulleras a Mauritania y Senegal, se desplazan helicópteros y guardias civiles y se tiene que aceptar la intervención blanda de la Armada y la creación de centros de acogida en instalaciones militares.
Los ciudadanos pueden verificar que los subsaharianos que han entrado en lo que va de año, no se han quedado en Canarias. Ni los 20.000 de 2005 ni los 20.000 que han entrado casi hasta el 31 de agosto. Prácticamente todos o han sido reenviados a sus lugares de origen, o se han derivado hacia la península, excepto en el caso de los niños y jóvenes, los ´menores´ . El esfuerzo ha sido enorme: más de 50.000 han sido devueltos por España a sus países a lo largo de 2006. La logística necesaria ha desbordado todos los medios disponibles, como los policiales, que han tenido que ser aumentados drásticamente.
El ministro Alfredo Pérez Rubalcaba ha reconocido en el Congreso que la presión inmigratoria no se va a reducir a corto plazo, y se supone que ni a medio. Eso lo dice cuando la vicepresdenta Fernández de la Vega trata de convencer a la presidencia de la UE y a la Comisión de que hay que dedicar más esfuerzos a resolver este problema.
Pero las cosas son como son. Según se va cerrando una espita, se va abriendo otra. Las pateras primero salían desde el norte de Marruecos y atravesaban el Estrecho; luego zarpaban desde la costa del Sahara y desembarcaban en Fuerteventura y Lanzarote, los puntos más cercanos; según Madrid y Rabat llegaban a acuerdos e impermeabilizaban el litoral con radares, las mafias situaban los centros de operaciones en Mauritania, y a continuación en Senegal, y por penúltimo lo hacen en el Golfo de Guinea. De las barquillas para diez o doce personas, o veinte a lo sumo, se ha pasado a los cayucos, capaces de llevar hasta casi un centenar. Al ser más largas las singladuras, crece el riesgo, y los muertos se cuentan por cientos.
Esta riada de desgraciados que quieren huir del infierno y llegar al paraíso, que ven a través de las televisiones, no es algo nuevo. La población inmigrante en Francia, Gran Bretaña, Alemania, Holanda… es muy numerosa. La frontera del Este de la Unión es un coladero, también desbordado por hombres y mujeres procedentes de la extinta URSS.
El PP habla de ´efecto llamada´ generado por la política socialista; pero de igual manera puede observarse otra serie de coincidencias: el progresivo aumento va paralelo al desarrollo y penetración de las televisiones y de internet, que propagan las ventajas del modelo de vida occidental. Dicen voluntarios de Cruz Roja y periodistas que han estado viendo los preparativos, que la mayor parte de los que ponen su futuro en un lanchón patroneado por un aventurero tan necesitado como los pasajeros han visitado los ´ciber´ que florecen en las ciudades africanas.
Sí es verdad, desde luego, que la estrategia fronteriza de Europa, y de España en particular, ya está más que desfasada. Porque los tiempos cambian.
Brillante
8:37 am · 4 Septiembre 2006
Muy brillante el análisis y las propuestas formuladas por el director de La Provincia. De tanto ruido, de tanta llegada de pateras se nos olvida, frecuentemente, que este nuevo estadio del fenómeno migratorio no ha hecho más que empezar.
Antonio
10:00 am · 4 Septiembre 2006
Una cuestión que nunca se aborda es cómo evitar que se jueguen la vida. ¿Cómo gestionar con esos países la llegada de sus ciudadanos de forma humana, en barco o avión? ¿Sería posible?
chapapote
10:26 am · 4 Septiembre 2006
El PP tiene más razón que un santo: se trata de ponerles puertas al campo (al mar, perdón) y el gobierno se muestra incapaz de hacerlo, así que si no pueden ponernos las puerta: “Váyase usted, señor González”.
Silvia
10:59 am · 4 Septiembre 2006
Necesitamos con urgencia afrontar el problema de la emigración actuando sobre sus causas en lugar de parchear sus manifestaciones. No sólo porque sea imposible poner puertas al mar, sino que si se pudiera, hacerlo resquebrajaría los propios cimientos morales de nuestra sociedad. Éste, junto al cambio climático, son los dos problemas que más directamente amenazan la civilización que conocemos, y ambos están encadenados, pues a medida que los efectos del cambio climático provocado por el vertido de CO2 a la atmósfera se dejen sentir, poniendo en peligro hábitas naturales y humanos, la emigración se convertirá en un movimiento de huida que afectará a todas las especies del planeta.
Cuando el aumento de las temperaturas y la subida de los océanos hagan imposible que continuemos viviendo en los lugares que ahora habitamos, todos nos convertiremos en inmigrantes en busca de un paraíso… perdido por nuestra propia irresponsabilidad.
Fernando Marcet Manrique
10:22 am · 5 Septiembre 2006
Dice el autor que lo que atrae a estos inmigrantes es su acceso a internet. Lo que sería interesante es canalizar ese conocimiento para que en sus propios paises lucharan por alcanzar el nivel de vida europeo. Pero claro, para empezar tendrían que organizar profundos cambios políticos y derrocar a todos esos reyezuelos que se hacen llamar presidentes. Otra cosa que ayudaría sería condonar la deuda, pues de otro modo por mucho que trabajen jamás conseguirán salir de la miseria. Lo que no se puede es por un lado pedirles que no vengan y por el otro tenerlos asfixiados económicamente. Tendríamos que ser un poco coherentes, o pedirle esa coherencia a nuestros políticos. Las patrulleras, los radares y demás es como cuando de chinijos hacíamos esas murallas en la orilla para que cuando subiera la marea no nos mojáramos… puede que retrasáramos lo inevitable un poco, pero al final siempre acabábamos mojándonos de todos modos.