Cochinilla
José H. Chela
[Canarias Ahora, 7 de septiembre de 2006]
Leo la noticia de que en Lanzarote se va a crear un Centro de Transformación de la cochinilla, y voy y me alegro, como no podía ser de otra manera, aunque mantengo, al igual que las gentes que se han dedicado, en Mala y en Guatiza sobre todo, a esa actividad durante los últimos años, un abierto escepticismo sobre el proyecto, porque, en esa conejera isla, ya han sido demasiadas las iniciativas agroindustriales –¡cruz, pero maldito!– que han acabado en fiascos tremendos, cuando no en los tribunales de justicia muy merecidamente.
La ínsula de los volcanes cuenta con tesoros fundamentales que nacen de su atormentado suelo –el vino de La Geria, la cebolla, las lentejas, la cochinilla también– que languidecen pese a su calidad y a sus cualidades y andan en un tris de desaparición, pero que han servido, en las últimas décadas, para que el caciquismo conejero alimentase vanas esperanzas entre la población y les pusiese a los currantes del campo la zanahoria de una recuperación, de una nueva época dorada de cada producto, sólo para tirar del alargado palo electoral. Que se empiece hablar de la inmediata puesta en marcha de este centro a estas alturas –el ministerio correspondiente ya ha destinado una partida de 500.000 euros para la cosa–, cuando estamos en plena precampaña de autonómicas y locales, mosquea cantidad.
Pero, la cochinilla es, en efecto, recuperable y supone un cultivo, con su trasformación correspondiente, de lujo, una materia prima de reconocido prestigio y un colorante natural, para su empleo en cosmética, industria textil, farmacopea y artes plásticas, capaz de prestigiar cualquier resultado final. Hoy por hoy, solamente se recoge y se trabaja –con puntuales excepciones– en Lanzarote, en los lugares citados, pero, en tiempos, fue el monocultivo que sustituyó al vino y su cultivo resultó providencial, tanto en Tenerife como en Gran Canaria y La Palma. La aparición de colorantes sintéticos, mató el negocio, pero, en la actualidad, se sigue apreciando enormemente como elemento que otorga exclusividad a cualquier marca que se precie en el mercado de la cosmética, pero también en otros aparentemente ajenos, como el alimentario. La cochinilla parasita las hojas de la tunera. Su cultivo y posterior conversión es compleja, pero los lanzaroteños son maestros en tales operaciones. En Tenerife, un italiano avispado cuenta en el sur con grandes plantaciones de nopal y tiene garantizado en su propio país el resultante de su producción. Gana una pasta.
El caso es que, efectivamente, ese centro del que ahora se empieza a hablar podría beneficiar a una buena cantidad de personas de notable mérito que no ha abandonado una vieja tradición laboral, agrícola y semi-industrial y que ha mantenido una riqueza cultural capaz de transformarse en riqueza meramente económica y comercial, si las cosas se hacen bien. Que se hagan correctamente, es ya otro cantar.
Y si la idea funcionase –son necesarias no sólo las ayudas institucionales, sino los contactos con las empresas interesadas y las garantías de compra del producto final–, acaso sería el momento de fijar la atención subsiguiente en la orchilla, aquel liquen empleado en los más finos tejidos de otras épocas, que tanto abundó en las Islas y que fue, probablemente, la purpúrea materia que los fenicios vinieron a buscar a Canarias con pertinaz denuedo.
A ver si va a ser necesario –la crisis peluda se mastica en el aire– buscar en el pasado las fórmulas precisas para encarar el futuro. Todo pudiera ser.
raquel
10:09 am · 8 Septiembre 2006
Me llaman la atención dos frases del artículo:
“La ínsula de los volcanes cuenta con tesoros fundamentales que nacen de su atormentado suelo –el vino de La Geria, la cebolla, las lentejas, la cochinilla también– que languidecen pese a su calidad y a sus cualidades y andan en un tris de desaparición”.
“El caso es que, efectivamente, ese centro del que ahora se empieza a hablar podría beneficiar a una buena cantidad de personas de notable mérito que no ha abandonado una vieja tradición laboral, agrícola y semi-industrial y que ha mantenido una riqueza cultural capaz de transformarse en riqueza meramente económica y comercial, si las cosas se hacen bien”.
Y me llaman la atención porque me parece que dejan traslucir una visión victimista y, por lo tanto, falsa del problema del campo en Lanzarote: creo que la principal razón por la que esos “tesoros” agrícolas languidecen es justamente porque no ha existido esa “buena cantidad de personas” que hayan mantenido su dedicación a la agricultura. Es falso, y es lógico que la gente no lo haya hecho, que se haya ocupado en actividades profesionales más provechosas económicamente y menos duras físicamente. En realidad, la única salvación para el campo conejero es la que proviene de la suma de subvenciones e inmigrantes.
mala uva
10:37 am · 8 Septiembre 2006
Pues yo creo que si la única solución para mantener los cultivos lanzaroteños pasa por subvencionarlos año tras año lo que debería hacer el estado el cabildo o quien fuera es comprarlos y poner a ingenieros forestales o jardineros profesionales a cuidarlos. Lo que me parece muy mal es que los dueños de esas tierras se beneficien todos los años con un mínimo de dedicación y de esfuerzo por su parte, porque con las subvenciones aseguradas no necesitan hacer más.
Silvia
11:00 am · 8 Septiembre 2006
Mi conocimiento de la cochinilla es tan exiguo que no sabía que tuviera aplicaciones en el campo de la cosmética. Tampoco había oído hablar de la creación de este centro de transformación ni de la existencia de una partida presupuestaria de 83 millones de pesetas para su puesta en funcionamiento.
Sin embargo, comparto el excepticismo del articulista y no por su posible vinculación oportunista con las próximas elecciones o por los nefastos resultados de otras iniciativas anteriores, sino porque me parece que el éxito de una empresa económica no viene determinado por los buenos deseos, tales como que “podría beneficiar a una buena cantidad de personas de notable mérito que no ha abandonado una vieja tradición laboral, agrícola y semi-industrial y que ha mantenido una riqueza cultural capaz de transformarse en riqueza meramente económica y comercial”.
Sin duda, para que una empresa funcione hay que hacer las cosas bien. Lo que no está muy claro es donde están las empresas interesadas y cómo garantizar la compra del producto. Y tampoco si estas condiciones necesarias para el éxito del centro de transformación se verificarán antes o después de su creación. En el segundo caso, hay bastantes posibilidades de que la única garantía de compra provenga del dinero público, que también parece imprescindible para su puesta en marcha, algo de lo que pueden prescindidr los italianos, quizás porque son avispados y quieren meramente ganar pasta. ¿Quizás porque la riqueza cultura se la trae al pairo?
César Corpas
9:55 am · 16 Septiembre 2006
Con trabajo, ilusión, trabajo, inicitativa, trabajo, desarrollo, trabajo e inventiva, se puede desarrollar, desde luego, chupópteros sólo Dactylopius coccus, ¿ Qué les parece si aparece un Godo de verdad y les garantiza que con menos inversión se come todos los stocks de cochinilla de la Isla?, pagando claro.
Soy enemigo acérrimo de las subvenciones, solo hacen corromper el sistema y mantener status, pero en este caso hay razones para ella.
El ambiente no se mantiene el solito desgraciadamente en estos tiempos que corren, aporte Ministerio de Medio Ambiente su granito, ser reserva de la biosfera supone pagar unas comisiones sobre el desarrollo industrial y agropecuario muy importantes, resulta que para sorpresa de propios y extraños los invernaderos no están permitidos en la zona de Mala y Guatiza, en Méjico se producen mucho más de 500 kilogramos por hectárea y año, déjeme competir en igualdad. Si se encuentra toda la agricultura de la Unión Europea subvencionada, ¿es delito se subvenciones la cuchicultura?, parece que no o na más que el lino, la vaca, el maiz etc.
Un centro de interpretación de la cochinilla con sus rutas y talleres se puede comer del orden de 50000 a 60000 kg. de cochinilla al año, si un poquito se le pasa al cultivador y no es munificencia más bien justicia la cosa sale. Aprovechen lo que éxiste que se encuentra en barbecho e innoven y el asunto saldrá adelante.
Atentamente.
César Corpas