La Isla del Vino

18 de Septiembre de 2006 · (Economía)

M. García Déniz

[El Horizonte, septiembre de 2006]

A los miles de peninsulares que pasaron sus vacaciones en Lanzarote en agosto se les debió quedar cara de garrafón. Y, la verdad, no es para menos. Durante ese mes, de máxima ocupación del sector turístico, el que emplea a más del 90% de la población y proporciona similar porcentaje del PIB isleño, sólo se oía hablar de vino, de campañas para venderlo y políticas para conservar el paisaje. Aquellos que son de zonas de parras y vino como los riojanos, castellanos y catalanes estarían muertos de risa. Tanto escándalo para pisar 4 millones de kilos y vender cantidad similar de botellas de vino.

La envergadura del problema y la demagogia utilizada son inversamente proporcionales. Ni el problema es irresoluble ni lo que se dice tiene mucho que ver con realidad. Que los bodegueros pidan solidaridad del consumo doméstico y empresarios turísticos, no por necesidad propia sino por proteger el paisaje de La Geria, me parece una hipocresía. Ellos, que son los últimos en pagarle al agricultor que les compran la uva al precio que les da la gana, piden a los demás solidaridad por el trabajo que hacen aquellos para vender sus productos. De pena.

Segunda nota. La intervención de la administración es penosa por repetida e ineficaz. Bebiendo vino como vodka los cosacos no garantizamos la conservación del paisaje de La Geria. Y, en cambio, si se puede comprobar que estamos promoviendo la plantación de parras en otros espacios menos espectaculares pero más rentables, que inciden negativamente en la competitividad de La Geria. Este paraje natural se protege creando un patronato, definiendo una política de conservación que pasa por poner al alcance de los agricultores mano de obra, recursos y conocimientos para que la supervivencia del espacio no dependa de su esclavitud. Y, a partir de ahí, que ponga bodega todo aquel que sea capaz de rentabilizarla. Como cualquier otra actividad, vamos.

Tercera nota. Cuidado con autorizar ampliaciones para almacenar más vino y proteger nuestro paisaje. Pueden acabar deteriorando el paisaje, sin hacer más depósitos y creando zonas de visita y venta de productos a turistas. Ya hemos visto ejemplos así. El mejor sitio para bodegas industriales son los espacios urbanizados con fines industriales.

Por cierto, con las alocadas llamadas al consumo de vino, promovidas por bodegueros y políticos podemos llegar a la conclusión de que el paisaje de Lanzarote y su conservación produce cirrosis. Y ya puestos a proteger nuestro paisaje no me explico cómo nuestras autoridades no han propuesto a la Dirección General de Tráfico que no reste puntos cuando el pedo etílico se ha cogido con un vinito lanzaroteño con denominación de origen. Qué pena.

2 Comentarios

  1. LZ-III

    6:35 pm · 18 Septiembre 2006

    Creo que lo suyo es que la única bebida alcóholica que se permita en la fiesta de Los Dolores sea el vino de la tierra, la bebida identitaria por excelencia y la única que estaría a tono con la romería, porque el agua no es precisamente una seña de identidad lanzaroteña. Y si tenemos en cuenta cómo termina el personal, pues resuelto el problema.

  2. Rosa Sánchez

    6:51 pm · 18 Septiembre 2006

    Qué razón tiene el artículista, pero quiero resaltar el último planteamiento: ya era hora de que se hablara de que las bodegas industriales se construyan en las zonas industriales, no en los parques naturales, como permite el PIOT.

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