A cuenta del ocio

19 de Septiembre de 2006 · (Cultura)

Jorge Marsá

Ayer publicaba aquí Fernando Marcet Manrique su artículo “Ocio: el tiempo perdido”. Me parece interesante la cuestión que plantea, que podría resumirse en dos premisas: en la sociedad actual disponemos de mucho más tiempo libre que en las antiguas, pero la forma en que se utiliza se ha empobrecido notablemente.

Empezando por el principio, por la “historia antigua”, diré que su postura parte de un criterio que en absoluto es aceptado unánimemente por los estudiosos de la materia. En realidad, ese criterio, que era más habitual hace décadas, sufrió una transformación de importancia ya hace tiempo, a partir de la publicación de libros como el del antropólogo estadounidense Marshall Sahlins, Economía de la Edad de Piedra, en 1972.

De hecho, después de años dedicado a investigar los modos de vida de algunas de las tribus de cazadores-recolectores que aún perviven, Sahlins llegó a caracterizar como de la “abundancia” a las pequeñas sociedades de ese tipo que vivieron durante la prehistoria, los grupos humanos que en su opinión sufrieron el hambre en menor grado de lo que es habitual en la actualidad y que necesitaron de una jornada laboral mucho más corta que la nuestra para procurarse la supervivencia. Es decir, que este antropólogo puso en cuestión la creencia establecida, hasta el punto de afirmar que “la cantidad de trabajo (per capita) aumenta con la evolución de la cultura, y la cantidad de tiempo libre disminuye”.

Por supuesto, no toda la comunidad académica está de acuerdo con todo lo que sostiene Sahlins, pero su obra es hoy una referencia indiscutible para esa comunidad. Lo que sí es generalmente aceptado es que la Revolución Neolítica, el surgimiento de la agricultura y la incipiente urbanización, además de permitir el nacimiento del excedente económico en las sociedades y, por lo tanto, de las clases sociales, supuso un notable incremento del trabajo necesario para garantizar la supervivencia y, probablemente, el surgimiento del hambre como plaga social que nunca se ha extinguido.

No obstante, el concepto del ocio de la Antigüedad al que se refiere Fernando parece estar más centrado en la Grecia clásica, en la sociedad en la que nacieron la filosofía, la literatura y el arte (y el deporte, no lo olvidemos) con unas formas que hoy nos resultan en parte familiares. A esas actividades habría que añadir una que para aquellos habitantes del Ática era fundamental: la participación política, tomar parte en la gestión de la cosa pública.

Ahora bien, quizá podría decirse que en aquella Atenas no se conocía la relación trabajo-ocio a la que se refiere el artículo: unos trabajaban, y desconocían qué cosa fuera el ocio; mientras que los otros nada sabían de ese trabajo que resta tiempo para el ocio. Y es que no podemos olvidar que los atenienses que podían disfrutar de esas actividades ociosas eran una parte minoritaria de aquella sociedad: la mayoría la componían las mujeres y los esclavos. Esto es, que la mayoría trabajaba como esclavos para que los pocos que eran ciudadanos de Atenas participaran en la Asamblea y disfrutaran de un ocio tan refinado.

Y es esa forma de ocupar el tiempo libre lo que parece añorarse en el artículo, pues se lamenta que haya sido sustituida por el mero entretenimiento, por el pasar del tiempo. No estoy de acuerdo con el panorama que se dibuja. En mi opinión, continúa existiendo una minoría de la sociedad que sigue dedicando su tiempo libre a esas actividades que podemos convenir en denominar “ilustradas”: ver buen cine, leer buenos libros, escuchar música culta, contemplar arte, etc. De hecho, nunca ha sido mayor el consumo de productos culturales para la élite que en el mundo actual.

Así que parece que la novedad de este mundo desarrollado, por lo que al ocio respecta, va por otro lado: por primera vez en la historia, sobre todo después de la Segunda Guerra Mundial, la abundancia llegó a la mayoría de la sociedad, es decir, que la mayoría estuvo en condiciones de disfrutar del excedente económico, de vivir con dignidad y tener tiempo para algo más, para el ocio. Eso es lo nuevo, que el ocio dejó de ser característica exclusiva de las clases pudientes para extenderse a la mayoría de la sociedad.

El problema es que algunos creíamos que cuando esa mayoría tuviera acceso a la educación y disfrutara de tiempo libre lo dedicaría a enriquecer el espíritu con las actividades a las que se refiere Fernando y, añadíamos otros hace tiempo, a participar en la acción política. Yo era uno de los que lo creían –cuando creía; mi ateísmo acabó por traspasar los límites de la religión–. Craso error. En las sociedades más educadas de la historia, la mayoría del personal ha preferido dedicarse en su tiempo libre a otros menesteres, que Fernando considera de mero entretenimiento. Es lo que tiene la gente, que en lugar de ser como deberían, como a nosotros nos gustaría que fuesen, pues son como son y eligen lo que eligen.

9 Comentarios

  1. qwerty

    12:15 pm · 19 Septiembre 2006

    lo que se dice una lección, y estoy deseando ver la respuesta al repaso porque Marsá parece informado.

  2. independentista

    1:14 pm · 19 Septiembre 2006

    He leido los dos artículos y para mí que tiene razon Marcet en que nuestro ocio se ha vuelto lamentable y aunque Marsá diga que las personas eligen lo que quieren no es verdad del todo porque nos lavan el coco todo lo que pueden para que elijamos lo que el sistema quiere.

  3. Carlos Díaz

    5:22 pm · 19 Septiembre 2006

    Yo hago lo que más me gusta en mi tiempo libre y las personas que conozco hacen lo mismo, no las veo obligadas por el sistema a escoger un programa de televisión en lugar de otro, y lo que no veo es que mi abuelo tuviera un ocio mejor que el que tengo yo, eso lo tengo claro. De lo que pasaba en Grecia y en la Prehistoria no tengo ni idea, pero pienso que será como dice Marsá porque sino no lo pondría.

  4. yo digo

    6:17 pm · 19 Septiembre 2006

    Yo no hago lo me más me gusta en mi tiempo libre. Yo soy como la mayoría que hacemos lo que nos manda el sistema, cada vez que pongo la tele cojo el mando y lo que me mande el sistema es lo que me veo.

  5. C. Miguel

    6:24 pm · 19 Septiembre 2006

    Cuando Marsatdice: “En mi opinión, continúa existiendo una minoría de la sociedad que sigue dedicando su tiempo libre a esas actividades que podemos convenir en denominar “ilustradas”: Me da la impresión que le está dando la razón a Marcet, pues éste se refería a mi entender a la mayoría, y también a la actividad ocupacional del ocio, pues como bien dice Marschal Shallins”el hambre aumenta relativa y absolutamente con la evolución de la cultura” “el hambre aumenta (per capita) aumenta con la evolución de la cultura, y la cantidad de tiempo libre disminuye” queriendo decir con esto que el hombre antiguo tenía más tiempo libre. Debemos de añadir que la mayor parte de ese tiempo lo utilizaba en hablar en grupo de los problemas planteados en la vida cotidiana, y como solucionarlos obteniendo respuestas que luego se servirían para su evolución. Por lo tanto era un ocio compartido e “intelectual”, cómo bien decía Marsat. Por otra parte en tu exposición Marsat, existen tres omisiones importantes, desde mi punto de vista, una, el ocio como industria con su oferta y demanda, segunda la discriminada capacidad económica en la sociedad para su consumo, y tercera “el tiempo”, pues si en la antigüedad era mayor para el ocio, hoy tiene la “electricidad! descubrimiento clave en la distribución del tiempo en nuestra era. Conclusión hoy el hombre tiene más tiempo para el ocio, más posibilidad de elección y la mayoría seguimos eligiendo la caja tonta

  6. fernando

    7:00 pm · 19 Septiembre 2006

    Lamentablemente no dispongo de todo el tiempo de ocio que quisiera para responder a Jorge “como dios manda”. Aun así comentaré que estoy bastante de acuerdo con casi todo lo que dice, salvo lo del final:

    “Es lo que tiene la gente, que en lugar de ser como deberían, como a nosotros nos gustaría que fuesen, pues son como son y eligen lo que eligen.”

    Me remito a lo que ya apuntan independentista y C. Miguel. No es que la gente no sea como a mí o a cualquier otro le gustaría que fuera, sino que somos como la tremenda industria que gira en torno al ocio nos dice que seamos. Es un lavado de cerebro constante que nos conmina a obtener la satisfacción inmediata, el placer fácil, la felicidad en píldoras. Natalia lo dice con otras palabras:

    “¿A quién le interesa que seamos personajes bobalicones, sin opiniones sobre nuestra sociedad, nuestro ecosistema o nuestros gobiernos? ¿A quién le interesa ese ocio embrutecedor que no nos deja preguntarnos por nuestro papel en esta tierra? A los que hacen los grandes negocios a base de fabricar mundos artificiales, a esas multinacionales del “ocio” (pseudo ocio) que llevan a los jóvenes por caminos sin retorno, por caminos siempre inmaduros.”

    Es decir, lo que yo critico es justo lo contrario de lo que dice Jorge. No es que yo quiera que seamos todos de una determinada manera, sino que tal como están las cosas la publicidad, la televisión y demás nos están homogeneizando a todos, educándonos conforme a unos valores en los que prima no usar el intelecto sino cuando sea absolutamente imprescindible. Y me remito al ejemplo del pájaro que les ahorraré repetir.

  7. Natalia Jiménez

    8:41 pm · 19 Septiembre 2006

    Estando de acuerdo con Jorge, en que la gente puede hacer lo que quiera con su tiempo nos parezca bien a nosotros o no, me parece que es más difícil hacer las cosas bien que entretenerse o evadirse. Sin parearme en que pueda haber seis mil millones de maneras de hacer las cosas bien.

    Me explico. Es más fácil dejar que el niño se atonte con la tele, en vez de leerle un cuento cada noche. Esa más fácil comer delante de la tele, que arriesgarse a hablar con la familia, sobre todo si tienen hijos adolescentes. Es más fácil dejar que la tele decida por nosotros como pasar nuestro tiempo libre cada noche, que decidir nosotros como emplearlo.

    ¿Cuánto de decisión personal hay cuando nos dejamos llevar por lo más fácil? Sería la cuestión.

  8. C. Miguel

    12:33 am · 20 Septiembre 2006

    Esto es un extracto de un artículo “Ocio, practicas y consumos culturales. Aproximación a su estudio en la sociedad mediatizada” de la catedrática Patricia Terrero-Argentina

    En «La noción del gasto» de George Bataille, el ocio es una parte del comportamiento humano no reducible al interés racional. En esta concepción el excedente puede gastarse gloriosamente
    En la primera acepción, que toma como referencia a «La noción del gasto» de George Bataille, el ocio es una parte del comportamiento humano no reducible al interés racional. En esta concepción el excedente puede gastarse gloriosamente (el arte, el erotismo, el juego, la competencia deportiva, la fiesta) o mediante la destrucción (la guerra, la destrucción de riqueza, el sacrificio). «El sacrificio ritual», la pasión amorosa, el furor del guerrero, la lujosa inutilidad del arte, la fiesta desencadenada, el amor lúdico, la búsqueda viciosa de la embriaguez, etc., son comportamientos humanos que sólo pueden ser satisfactoriamente explicados por el carácter de trasgresión suprarracional del principio de interés (…) el ocio, en este nivel, es un lujo, un derroche, un dispendio, una fiesta, una placentera pérdida. Al modo del potlach todo comportamiento de ocio incluye esta dimensión de gasto improductivo, de consumo destructivo, de ahorro negativo, de pura consumación».5 En otro nivel, el ocio es una actividad productiva que genera beneficios al que lo practica porque incrementa la variedad e intensidad de las relaciones sociales y puede constituirse en el espacio de vinculación, movilidad y figuración social complementario al de actividad profesional. En este plano, el ocio sirve como medio de promoción social, canal de movilidad y también actúa como barrera de status, como espacio de distinción y diferenciación social. En las sociedades modernas agrega Gil y Calvo- el aumento en la oferta industrial del ocio no está acompañado de la democratización del ocio, ya que a la variedad de la oferta corresponde su desigual distribución. El ocio en este marco está constituido de tiempo y de recursos: hay consumos de ocio intensivos en tiempo (ver televisión, por ejemplo) y otros intensivos en dinero. En este caso, el ocio y el gasto destinado a la recreación y al consumo compartido producirá un aumento en la información de quienes participen en el mismo, está dirigido a profundizar la relación social y proporciona también información útil para el movimiento en el mercado de trabajo, la actividad económica, la obtención de ganancias, los movimientos de exclusión o inclusión social, etc

  9. C. Miguel

    9:41 am · 20 Septiembre 2006

    Quisiera pedir disculpas por los errores en mi comentario, pues lo hice con precipitación. Cuando dije, / …cuando Marsat dice / quise decir, cuando Marsá dice. Y / como bien decía Marsat, / quise decir, Marcet, y cuando dije / …en tu exposición Marsat, / es Marsá. De nuevo mi disculpas.

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