Ocio: El tiempo perdido
Fernando Marcet Manrique
Estudiando un poco la historia antigua, a uno no deja de llamarle la atención la forma en que se ha desvirtuado un concepto que por aquellos tiempos tenía implicaciones muy distintas. El concepto de ocio.
Y no es que haya cambiado el significado de la palabra. Ocio es y siempre ha sido el tiempo que dedicamos a aquellas tareas que no se pueden clasificar como trabajo, entendiendo por trabajo aquellas actividades necesarias para asegurar nuestra supervivencia o para aumentar nuestro patrimonio material.
Es decir, el ocio no ha cambiado, lo que ha cambiado realmente es nuestra percepción del ocio. Ocio para la mayoría de nosotros, hoy en día, es sinónimo de entretenimiento, pasatiempo, divertimento. Si analizamos un poco estas palabras: entretenimiento, pasatiempo, diversión… vemos que todas tienen en común una cosa. Se trata de que el tiempo transcurra lo más rápida e inocuamente posible. Lo único que la mayoría de nosotros quiere hacer con su tiempo de ocio es dedicarlo a no hacer nada. No tener que pensar, no tener que preocuparnos… en una palabra, no tener que vivir. Porque ni más ni menos es eso de lo que se trata. De no vivir. Nos pasamos la tercera parte de nuestra vida durmiendo, la otra tercera parte trabajando y con el tercio que nos queda solo pensamos en dejar que transcurra lo más rápida y plácidamente posible.
Y hablaba del cambio que ha sufrido el concepto a lo largo del tiempo. Porque no siempre fue como ahora.
En la prehistoria no había demasiado tiempo para el ocio. Los hombres y mujeres se pasaban prácticamente todo el tiempo trabajando, o sea, realizando tareas que garantizaran su supervivencia. Pero con las primeras civilizaciones los seres humanos conseguimos organizarnos de tal forma que ya no era necesario que todos trabajaran continuamente. Con la especialización nació el ocio. Y lo más importante de todo: Con el ocio nació el arte y el desarrollo de la cultura como tal.
Porque los antiguos en seguida supieron qué hacer con aquel tiempo que no necesitaban dedicar al trabajo. Lo ocuparon a las artes escénicas, a pintar, a la música, a la escultura, a la investigación… Fue así como nació el arte, y también las ciencias en sus distintas disciplinas, a las que concebían como una especie de arte. Es cierto que ellos no disponían de todos los entretenimientos que tenemos nosotros. No había televisión, ni videojuegos, ni cine de hollywood, ni chats. Pero es que ni siquiera se les ocurría que el tiempo pudiera desperdiciarse de tal forma. Eran plenamente conscientes de que el tiempo que pasamos en vida es demasiado corto para pensar en dejarlo transcurrir vacuamente.
¿No les sorprende a ustedes que nosotros no opinemos igual? Nadie sabe qué es lo que hay una vez perezcamos, pero por lo que podemos decir es posible que no haya nada de nada. Son unos pocos años los que tenemos, unos pocos años y luego, tal vez, la nada. O los gusanos, como les gusta decir a los más cínicos ¿No deberíamos pensar en aprovechar ese tiempo un poco más, en lugar de desecharlo como si fuera un montón de basura con la que no sabemos qué diablos hacer?
Viendo el otro día la tele me dió por poner La Sexta. Salía un señor que definió en un par de frases los objetivos y ambiciones del nuevo canal: “Una televisión nacida con espíritu de entretener, de divertir”. Así lo dijo, con estas mismas palabras. La Sexta es, pues, un genuino producto de nuestro tiempo. Vivimos en una época en la que el dios entretenimiento lo ocupa todo. El enterteinment system se ha colado por todas las rendijas de nuestra sociedad, haciéndonos creer que la felicidad consiste en ver una peli del Rambo de turno con un paquete de palomitas en las manos.
¿Qué tengo yo en contra de todo esto?, me pueden decir. ¿Acaso me creo con la clarividencia suficiente para sermonear acerca de cómo deberíamos vivir y en qué deberíamos ocupar nuestro tiempo? No, rotundamente, no se trata de nada de esto. Lo que pasa es que del mismo modo que no puedo evitar sentir que algo no cuadra cuando veo un pájaro enjaulado, teniendo alas para volar, tampoco puedo evitar esa misma sensación cuando veo a las personas lobotomizarse voluntariamente, teniendo un cerebro para pensar. Y al igual que un pájaro que haya nacido en una jaula ni siquiera pensará en que le sea posible echar a volar, me pregunto si a nosotros no nos pasará algo parecido y de tan ocustambrados que estemos a creer que el tiempo no se puede dedicar a otra cosa que no sea entretenerlo, ya ni se nos ocurra que podemos aprovecharlo de alguna forma que no sea dejarlo transcurrir.
C. Miguel
10:17 am · 18 Septiembre 2006
Después de haber leído tu artículo, (perdona por el tu, si te molesta me lo dices) no hay que ser muy inteligente para llegar a la conclusión, de que un buen ejemplo de ocio lo has ofrecido tú, al haber dedicado tu tiempo de ocio a razonar el devenir del mismo en nuestro tiempo. Dando por supuesto, que el escribir en este blog no es por tu parte un trabajo, supongo. ¿no es así?
Es cierto lo que dices, a veces pienso, que si, al menos los que somos padres, por ejemplo con parte de nuestro tiempo libre tratáramos de compartir algunas actividades, tanto al aire libre como intelectuales con nuestros hijos (algunos nos llevaríamos más de una sorpresa), e ir dejando nuestra dependencia del enterteinment system, como tu bien dices, otro gallo nos cantaría, a nosotros y a los hijos. Y no creo que sea demasiado difícil introducirse en el mundo de nuestros hijos, sin imposición, claro está. Siempre podemos aprender algo de ellos y viceversa, de una manera divertida y de complicidad entre ambos.
El problema no es de fácil solución, pero lo que he propuesto, tal vez sea un buen antídoto para esa enfermedad de dependencia rutinaria, por el “dichoso” sistema de entretenimiento y diversión que muchos padecemos, como bien dices en tu artículo.
Ricardo
11:06 am · 18 Septiembre 2006
Existe un consenso generalizado, que no voy a discutir, sobre que la televisión atonta, pero me parece exagerado basarse en ello para condenar la diversión y el entretenimiento y una dicotomía falta la que confronta estas dos palabras, en negativo, con el aprovechamiento del tiempo, en positivo. Al fin, el tiempo pasa de manera inexorable, que dicen algunos, y la vida, por muchas ganas de trascender que tengamos, no es más que el intento de entretenernos de la mejor manera, que por qué no puede ser divertida.
Si la pasividad de los telespectadores puede ser síntoma de una sociedad insana, creo que la compulsión por la actividad que se aprecia hoy en el mundo del trabajo y del ocio no son muestras precisamente de actitudes muy saludables.
C. Miguel
11:44 am · 18 Septiembre 2006
Tienes parte de razón Ricardo al decir que existe compulsión en el ocio y en el trabajo, pero no puedes negar una evidencia, como es la excesiva dedicación de tiempo a la parte intrascendente que ofrece la TV. No trato de decir con esto que tengamos que estar todo el día en posición de “Pensador” de Rodin, pero si ser un poco menos “frívolos” en nuestro disfrute del ocio, pues la actividad intelectual y física moderada no perjudica a nadie, por el contrario, está más que demostrado que es saludable. Que es lo que yo proponía en mi comentario, o al menos lo pretendí.
Una pregunta que nada tiene que ver con el tema. Quisiera enviar un poema, y no se si a la hora de salir en la pagina del blog, saldría en vertical, que es como está escrito, o en toda la horizontal de la pagina, porque si es de esta manera tendría que adaptarlo. ¿podría alguien decírmelo?
La Opinión
12:10 pm · 18 Septiembre 2006
Sobre la pregunta que nos hace, C. Miguel, le decimos que el poema saldría con la extensión de las líneas que le hubiera dado, siempre que tras cada línea exista el retorno que provoca la tecla “enter” de su ordenador. Si quiere introducirlo como comentario, hágalo, en caso de que hubiera algún defecto, trataríamos de corregirlo. Pero si lo que quiere es publicarlo como una entrada del blog, entonces tendríamos que tratar entre nosotros la cuestión de si nos aparece apropiado publicar un poema en un blog que no se dedica a la creación literaria sino a la opinión periodística.
Un saludo, y gracias por sus estimulantes comentarios.
C. Miguel
1:18 pm · 18 Septiembre 2006
Gracias a ustedes por permitírmelo. El tema del poema esta relacionado con un comentario que he hecho sobre el editorial de Canarias 7, “La necesidad de un pacto emigratorio”. De todas formas como ustedes me han dicho, lo que haré es enviar el comentario y el poema a su correo, también les enviaré un cuentito que he escrito titulado “Isla del Cuento” y ustedes hagan lo que crean conveniente. Si consideran que son publicables pues bien, lo publican como quieran, y si no, a la papelera con ellos sin escrupulos de ningún tipo, ¿de acuerdo?
Jorge Marsá
1:23 pm · 18 Septiembre 2006
Me ha parecido interesante el artículo, y la cuestión que toca. Pero el comentario que estaba escribiendo se ha alargado en demasía, así que lo mandaré para que se publique mañana como artículo. Ya sabes lo que pasa, Fernando, cuando le das de comer a alguien a quien le gusta la polémica más que a tonto un lápiz.
Natalia Jiménez
4:03 pm · 18 Septiembre 2006
Siempre ha habido tiempo de ocio, si no como habrías podido progresar, son esos ratos “muertos”, mirando a las musarañas o mientras otro de la tribu nos despiojaba, los que nos han permitido pensar en como bajar de los árboles, o mejorar nuestras herramientas.
Desde luego no puede ser el mismo ocio el de una época en que la esperanza de vida era de 25 años, por lo menos en número de horas, que el nuestro cuando llegamos a los 80.
Estoy de acuerdo contigo, pero como ya lo exprese en el número 2 de Cuadernos del Sureste, copio aquí la última pagina de mí articulo.
“En el tiempo de ocio se debe agudizar el ingenio más que desenchufar la cabeza, enriquecer la mente más que vaciar el bolsillo, buscar la belleza del espíritu más que la del cuerpo. Si seguimos las pautas establecidas careceremos de misterio. Seremos como esas caras de sota de parejas o amigos delante de una copa o un televisor, agradeciendo que la música o la imagen sea atronadora, para disimular que no tienen nada que decirse.
¿A quién le interesa que seamos personajes bobalicones, sin opiniones sobre nuestra sociedad, nuestro ecosistema o nuestros gobiernos? ¿A quién le interesa ese ocio embrutecedor que no nos deja preguntarnos por nuestro papel en esta tierra? A los que hacen los grandes negocios a base de fabricar mundos artificiales, a esas multinacionales del “ocio” (pseudo ocio) que llevan a los jóvenes por caminos sin retorno, por caminos siempre inmaduros. […]
Es labor de todos exigir a las autoridades un compromiso que permita la gestación de iniciativas, el desarrollo de proyectos de ocio activo, de ocio solidario, de ocio enriquecedor. Pero también es necesario hacer y compartir cosas con los amigos o los vecinos, salir de la rutina y convertir las copas en fiestas o celebraciones. Las caras de sota viven en un letargo donde el disfrute es pequeño y la insatisfacción es permanente. Por tanto, hay que abrir bien los ojos, y mirar hacia el futuro, remangarse y ponerse manos a la obra para ser útiles a la comunidad. Debemos asumir las consecuencias de nuestros actos o de nuestra ausencia de ellos. Sabemos que el mundo no aguantará mucho con nuestro ritmo de vida. Los que tenemos resuelto el trabajo, en nuestro ocio debemos buscar las salidas.
Que el ocio no sea obligatorio no excluye que sea comprometido. Compartir proyectos con los demás es enriquecer nuestra propia vida. Hacer nuestro ocio más solidario es luchar por un mundo mejor. Ahora que parece que las máquinas hacen parte del trabajo de los esclavos, deberíamos repartir el que hay y dedicarnos como en la antigua Grecia a filosofar o discutir sobre la vida de la comunidad. Una vida sin los demás es morir en vida. Yevgueni Yevtushenko decía “No mueras antes de morir” Procuremos todos tomar nota.”
Casi han pasado 10 años desde que escribí este artículo y si algo ha cambiado es la urgencia que tenemos en buscar la sostenibilidad o el equilibrio con la naturaleza, que desde luego tiene que ir parejo con la solidaridad de toda la especie humana. Como dice la premio Novel de la Paz Wangari Maathai “la degradación ambiental y la pobreza van juntas”. Así como las sociedades industriales y la contaminación han ido parejas. Pero será de nuestras sociedades ricas de donde parte la necesaria revolución por la sostenibilidad que resuelva la crisis Ecológica, o sea dedicamos los que puedan su trabajo y el resto nuestro ocio a resolver nuestras necesidades ilimitadas en un mundo finito, o se producirá el anunciado colapso.
fernando
5:28 pm · 19 Septiembre 2006
Gracias a todos por los comentarios. Antes que nada respondera raudo a C. Miguel; Efectivamente, estos artículos que escribo en la opinión son un ejemplo de ese ocio que yo defiendo. Vamos, que no cobro nada por ellos, lo mismo que ninguno de los que escribe en este medio, al menos que yo sepa. Personalmente me conformo con poder decir mis tonterías en un medio dispuesto a publicármelas y con una serie de gente dispuesta a leerlas. Obviamente, alguna gratificación obtengo de todo esto, como no podría ser de otro modo, pero no es ese tipo de gratificación que te ayuda a pagar la hipoteca del piso.
Y creo que el comentario de Natalia, complementado con el fragmento de su artículo escrito en Cuadernos, responde mucho mejor de lo que yo podría a hacerlo a quienes, como Ricardo, defienden que el tiempo pasa inexorablemente y que no importa demasiado usarlo para unas cosas o para otras. No es que piense que le falte razón a Ricardo, tal vez incluso puede considerarse algo rayano a lo místico decir lo contrario, como si estuviéramos manteniendo que estamos aquí por alguna suerte de designio divino. No sé, a mí lo que me parece es lo que ya dije en el artículo y mucho antes que yo explicó un señor llamado Aristóteles en términos parecidos. Igual que los pájaros, teniendo alas para volar, no es su naturaleza otra que volar, hemos de considerar qué es lo que los seres humanos tienen de diferentes respecto al resto de especies, qué es lo que los caracteriza sobre todas las cosas… y si resulta que esto que tienen de característico es precisamente el intelecto… ¿no sería lícito pensar que estamos hechos para utilizar ese intelecto lo más frecuente y fructíferamente posible?