Un Plan para el siglo XXI
Delia Cabrera
Hace días publicaba Fernando Marcet un interesantísimo artículo en este blog titulado “El Parque de las Energías Limpias” que, mucho me temo, pasará desapercibido, pese a que apunta a uno de los grandes problemas que afectarán en un horizonte temporal no muy lejano al conjunto del planeta y a Lanzarote particularmente: el uso de energías fósiles.
El clima de la Tierra es un sistema dinámico producto de la interacción de múltiples factores que interactúan entre sí en períodos de dimensión geológica, es decir, tan lentamente que permiten la adaptación de la vida a las nuevas condiciones ambientales resultantes. De tal forma que lo que hoy resulta alarmante no es el cambio en sí, sino su velocidad.
Ambos, cambio climático y velocidad del mismo, son hechos objetivos demostrables por una ya ingente cantidad de datos empíricos, algunos de carácter catastrófico e inmensas pérdidas humanas y económicas, como el aumento del número de huracanes; otros, aparentemente más bucólicos, como la anticipación en la floración de los almendros. Pero en todo caso innegables, como es irrebatible que, puesto que podemos percibirlos, no se producen ya en largos períodos de tiempo sino a gran velocidad.
También los datos empíricos señalan de manera irrefutable que la emisión a la atmósfera de los llamados gases de efecto invernadero, y entre ellos especialmente el dióxido de carbono, es la causa principal de la aceleración que está experimentando el cambio del clima. Y cada vez es mayor el consenso respecto a la necesidad de realizar una transición hacia el uso de energías no contaminantes que aprovechen los recursos locales. Lo que está en discusión es si estamos en un punto irreversible de esta carrera suicida o aún disponemos de tiempo para echar el freno.
Nada de esto es novedoso, ni tampoco sus nefastas consecuencias, que son desde hace tiempo de dominio público. Pero tiene sentido sacarlo a colación porque Lanzarote es un paradigma inmejorable de lo que se describe. Por un lado, la nuestra es una sociedad altamente dependiente del uso de energías fósiles, pues no sólo son imprescindibles para la obtención de un recuso tan básico como el agua, sino también necesarias para el desarrollo del turismo, nuestra casi exclusiva fuente de ingresos. Por el otro, las consecuencias más previsibles del cambio climático, el incremento de las temperaturas y del nivel de los océanos, nos afectarán de manera contundente por razones obvias. Y, paradójicamente, disponemos de unas condiciones óptimas para el desarrollo de al menos tres tipos de energías alternativas: solar térmica, fotovoltaica y eólica.
Sólo hay que sumar dos y dos para darse cuenta de hasta qué punto es pertinente la propuesta de un “Parque de las Energías Limpias”. Claro que, a estas alturas, a todos se nos han ocurrido múltiples objeciones, sean éstas económicas, estéticas o técnicas y, por qué no –y quizás sean las más determinantes–, políticas. Pero me interesa señalar particularmente una: su insuficiencia.
Siempre es mejor algo que nada, por supuesto. Sin embargo, sólo hay que observar el incremento exponencial que ha experimentado el consumo de energía en Lanzarote para saber que a poco que la temperatura suba mínimamente, la demanda se disparará todavía más. Por poner un ejemplo trivial, la incipiente incorporación de sistemas de aire acondicionado en las nuevas construcciones, se convertirá en breve en un estándar habitual que habrá de hacerse extensivo a las plazas hoteleras para mantener el confort de nuestros turistas.
A este respecto, es inadmisible que todavía Lanzarote no disponga de una normativa que obligue a equipar a las nuevas construcciones, públicas y privadas, con instalaciones y dispositivos, como las placas solares para la obtención de agua caliente o luminarias de bajo consumo eléctrico en espacios comunes, que junto a la incorporación de medidas para incrementar la inercia térmica de los edificios mediante un adecuado aislamiento, han probado ya su eficacia para disminuir significativamente el consumo de energía.
Por todo ello, el Parque de las Energías Limpias debiera ser el colofón de un Plan Integral para la Transición hacia el Uso Responsable de Energías Renovables que, al tiempo que reduzca a lo imprescindible el uso del petróleo, incorpore medidas de racionalidad y eficiencia en el consumo energético. Este proyecto, que debería comprometer al conjunto de la sociedad, requiere ser impulsado desde la Administración, especialmente por el Cabildo y los Ayuntamientos, con la participación de organizaciones económicas y sociales, es decir, de todas las entidades que ya hoy están representadas en el Consejo de la Reserva de la Biosfera, organismo que podría encontrar en su realización la fórmula para cumplir el compromiso de ejecutar propuestas de desarrollo que sean compatibles con la conservación del entorno.
El cambio climático supone para Lanzarote una amenaza cierta, con daños ambientales ya tasados –que un reciente informe del Ministerio de Medio Ambiente evalúa en una pérdida de quince metros de costa– y también económicos. Aunque estos últimos sean de difícil cuantificación, no cabe duda de que serán elevados, y tampoco de que aumentarán proporcionalmente al tiempo que tardemos en reaccionar. Necesitamos un plan estratégico que impulse el desarrollo y uso responsable y eficaz de energías renovables para erradicar el consumo de energías fósiles, pues sólo así podremos hacer frente de manera sostenible a las necesidades energéticas presentes y futuras.
Rafael Cano
12:23 pm · 27 Septiembre 2006
“Necesitamos un plan estratégico que impulse el desarrollo y uso responsable y eficaz de energías renovables para erradicar el consumo de energías fósiles, pues sólo así podremos hacer frente de manera sostenible a las necesidades energéticas presentes y futuras”.
Seguro que necesitamos ese plan, pero el que tenemos es otro, se llama PECAN, Plan Energético de Canarias, y el principal cambio en el modelo energético del Archipiélago que contempla es la sustitución de un pequeño porcentaje de petróleo por otro combustible fósil, el gas. Respecto a las energías alternativas, los datos del PECAN nos muestran que continuará siendo un adorno en el sistema energético, que rondarán apenas el 5% de la energía total consumida en Canarias. Es lo que hay, es CC, y ni el PSOE ni el PP han realizado la más mínima propuesta para transformar esta situación de absoluta dependencia del petróleo, cuyo problema no es que se acabe, que se acaba, sino que todavía hay muchísimo para quemar y contribuir al calentamiento del clima.
Fernando Marcet
7:45 pm · 27 Septiembre 2006
Gracias a Delia por rememorar esta cuestión, que a mi entender es sumamente importante. Si particularmente no incido más en ella es porque se que caería rematadamente pesado y al final obtendría el resultado opuesto al buscado.
Y estoy de acuerdo con lo que dices respecto a que el parque no podría ser un proyecto único, pues por sí solo difícilmente cubriría una demanda creciente, demanda que precisamente, y como has señalado, irá en aumento a medida que el calentamiento global sea mayor, acelerando el proceso más si cabe.
Yo en realidad lo concebía, más que como una solución definitiva, como una especie de incentivo general. Una construcción de dicha envergadura ayudaría a que todos nos concienciáramos más sobre el tema. Es como cuando un estudiante no se ha mirado un libro en todo el año y cuanto menos estudia menos ganas tiene de hincar el codo, porque piensa que ya no vale la pena ¿No necesitaría este estudiante alguna clase de revulsivo que le hiciera crecerse, algo que le permitiera autoconvencerse de que todavía es posible corregir la situación? Creo que la humanidad entera es ese estudiante, sin apenas esperanzas ya, viendo que lo inevitable se acerca y sintiéndose impotente ante lo que se avecina. Por eso me parece que un esfuerzo como el del parque de las energías limpias en Lanzarote, serviría como empujón moral de cara a emprender acciones generalizadas ambientalmente respetuosas.
Otra cosa es que, como apunta Rafael Cano, sea posible que algo así se haga. Ningún partido político en canarias ha apostado decididamente por el medio ambiente. Lamentablemente en España eso del medio ambiente siempre ha estado vinculado a personas o entidades con una ideología claramente de izquierdas, cuando no radicalmente de izquierdas y ningún partido se arriesgaría a ser tachado como “un partido ecologista de esos”.
Los partidos políticos son packs. Cuando votas al partido, votas a todo el pack. Por eso es tan difícil que de una democracia exclusivamente representativa pueda salir algo que favorezca al medio ambiente. La mejora del medio ambiente requiere esfuerzos demasiado grandes que difícilmente se traducen en votos. Otra cosa sería si los ciudadanos pudieran votar cuestiones puntuales a lo largo de la legislatura, proponiendo iniciativas en cualquier momento. Entonces sí que se podría forzar a cualquier gobierno a emprender una política ecológicamente viable, independientemente de que este fuera de izquierdas o de derechas.