En pelota picada
Jorge Marsá
Se ha utilizado tantas veces la metáfora del cuento, que en muchas ocasiones ya es poco decir que el rey está desnudo cuando nos referimos al arte contemporáneo. En realidad, al mundo del arte, porque no se limita el asunto a determinados artistas, sino que obligado es incluir a tantas otras personas que de ese mundo viven. El viernes nos ofrecía el diario El País una crónica de una exposición en la que podía leerse lo siguiente:
La cartela dice: “Muro pintado por el artista con pincel del número 8, entre los días 10 y 19 de septiembre de 2006”. Resulta vano buscar algún dibujo o matiz de color en la pared blanca del Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (Macba) […] Valcárcel Medina pidió cobrar los mismos honorarios que un pintor de paredes, a tanto la hora, y durante seis días se instaló en el museo y con un pincel pequeño, como de acuarela, fue pintando el muro. […] “Quería hacer una crítica al museo, pero que no fuera escandalosa”, explica el artista […] “Es una ironía fina, pienso. Y perecedera, por supuesto”.
Ya ni extraña que un museo exhiba semejante estupidez, ni que la nadería se nos ofrezca como “una crítica al museo” o “una ironía fina”. Y que si de la nada hablamos, pues que la periodista nos obsequie con la suya a cuento de la del artista: “Es un trabajo invisible, mudo, pero hay que reconocerle la potencia de su evocación de la nada”. ¿Evocación? ¿Qué evoca una obra artística cuya contemplación se puede sustituir perfectamente por una breve descripción escrita? Nada.
PD: Por si a alguien le interesa, Isidoro Valcárcel Medina (Murcia, 1937) es considerado por los entendidos como “uno de los artistas más representativos del llamado arte conceptual” en España.
chapapote
12:43 pm · 25 Septiembre 2006
Ya se ve que el Marsa este no tiene ninguna sensibilidad artística.
C. Miguel
1:45 pm · 25 Septiembre 2006
Sin menos preciar la critica de Marsá, la cual posee cierta verdad sobre el arte conceptual, pues es cierto que en este movimiento artístico se han colado muchos pseudos conceptuales, también no es menos cierto que el tiempo los pone a cada uno en su sitio, como ya ocurrió con el arte abstracto y tantos otros movimientos artísticos.
De todas maneras no es el caso de Valcárcel Medina que en su primera etapa como pintor 1967/1973 yendo del informalismo hasta el constructivismo, donde demostró un talento excepcional como “pintor”. Tras este periodo dedicado a la pintura, se le hace indispensable la utilización del espacio como elemento condicionante de en la concepción de la obra. Hoy su arte se relaciona más con situaciones de la realidad que con la producción de objetos.
También en él articulo, el director del museo Manuel Borja-Villel dice: “Habíamos colaborado en anteriores exposiciones y le dije que quería tener una obra para el museo.” “Es un artista que literalmente trabaja al margen del mercado y de las instituciones, no quiere vender obras realizadas. Propuso realizar esta intervención, que es efímera. No quería documentación del proceso ni tampoco se puede comercializar el contrato, Queda sólo como recuerdo, es su reflexión sobre el museo y la colección” Resumiendo no creo que Valcárcel se merezca esa critica, seguramente hecha un poco precipitadamente por Marsá.
Fernando Marcet
4:31 pm · 25 Septiembre 2006
Dejando al margen este caso concreto, en mi opinión el mundo del arte contemporáneo siempre ha estado íntimamente ligado a los marchantes. Unos individuos que se encargan de especular con las distintas obras, comprándolas, sobrevalorándolas y luego vendiéndolas otra vez. Las cosas valen lo que cualquiera esté dispuesto a pagar por ellas, ese suele ser el eslogan de los marchantes de arte. Así pues, si yo digo que he pagado tres millones por un folio con una raya, automáticamente ese folio vale ese dinero. No es muy difícil, cuando se tiene dinero, conseguir que cualquier cosa adquiera alto valor comercial. En mi opinión lo que pasa en el mundo del arte contemporáneo es que el valor artístico de las obras es tan tremendamente subjetivo, que este tipo de prácticas especulativas resulta mucho más fácil.
C. Miguel
5:20 pm · 25 Septiembre 2006
Hay algo de verdad en lo que dices, pero no creas que es así de fácil. Es cierto que hay mucho camelo y especulación en el mundo del arte. Se puede apostar por un pintor basándose en dinero. Pero es muy difícil mantenerlo entre los “buenos” si su obra no lo resiste. Un caso concreto es Miguel Barceló, cuando aun era muy joven un marchante apostó por él y lo llevó a la cima, y ahí sigue, su obra lo soportó. Conozco por el contrario un pintor de Las Palmas multimillonario dueño de una cadena de supermercados, que trató con su dinero de llegar y se quedó en el camino. Hace tiempo que no sé de él, supongo que habrá abandonado.(no doy el nombre simplemente porque no lo recuerdo)
Te puedo asegurar que la gran mayoría de galerista son personas que realmente aman el arte y van primero a la obra que al nombre, porque saben que si la obra es buena tarde o temprano será reconocido y se siente algo muy especial cuando eso ocurre. Por supuesto que hay excepciones, pero creo que son los menos. Yo soy de los que piensan que existe un mercado del arte con reglas muy serias y claras, ahora tan bien no soy, o mejor dicho, no me creo un ingenuo a la hora de valorar una obra y saber si el precio es correcto o no. Quiero decir que como cualquier industria, hay que estar informado del mercado, en este caso si quieres, con un sentido más subjetivo, pero igual de decisivo que a la hora de comprarte un coche, depende de tu gusto y de tu dinero.
Jorge Marsá
7:01 pm · 25 Septiembre 2006
A raíz del primer comentario de C. Miguel: conozco el trabajo de Valcarcel Medina, pero mi crítica en este momento era a la obra que se presenta. Dejemos para otro momento el resto de su obra y el mundo del arte, en el que llevo trabajando desde hace más de 20 años. No metí las declaraciones del director del museo por no alargar la nota, y por limitar la crítica. De todas formas, era sólo un ejemplo; pero hay muchos, pueden servir para ilustrarlos unos párrafos de un artículo que publiqué en Canarias7 en el año 2004 con el título de “Historia del Arte”. Ahí van esos párrafos:
Marcel Duchamp presenta en el Armory Show su obra Fontaine en 1917. El mundo del arte nunca volverá a ser el mismo, aunque la enorme influencia de esta obra y de su autor alcanzará su plenitud en la mágica década de los sesenta y se confirmará en la siguiente. En 1999, una réplica del célebre urinario firmado por el artista se adjudicó en una subasta en Christie’s por 1.700.000 dólares.
En 1958, Ives Klein presenta en Iris Clert su famosa exposición Le vide (El vacío): el público fue invitado a visitar la galería completamente vacía; tres mil personas acudieron a la inauguración. Tres años después, Piero Manzoni muestra su emblemática Merda d’artista, latas de 30 gramos de mierda del artista que se vendían, y se compraban, al mismo precio que 30 gramos de oro. En 1962, Nam June Paik inaugura el videoarte con Zen para el cisne, la proyección de una cinta virgen. Ese mismo año, Andy Warhol presenta las reproducciones de las latas de sopa Campbell’s y, dos años después, las de las cajas de estropajos Brillo. A mediados de la década, comienzan a destacar las obras de Joseph Kosuth: ampliaciones fotográficas de las definiciones del diccionario sobre los términos del arte. On Kawara realiza desde 1966 sus cuadros Date paintings, siempre de un solo color sobre el que figura en blanco la fecha del día en que se realizaron. En 1967, Richard Long traza una línea sobre la hierba a base de pisarla, la fotografía se tituló A line made by walking. England.
En el primer año de la década de los setenta, Dennis Oppenheim se expone al sol durante cinco horas con un libro en el pecho, la hazaña es inmortalizada por la serie fotográfica titulada Posturas para leer para quemaduras de segundo grado. Poco después, Vito Acconci muestra la performance titulada Trademarks –en la que se dedica a morderse el cuerpo–, y Arnulf Rainer presenta una acción en la que ofrece una imitación de los gestos de un enfermo mental. Ellsworth Kelly alcanza la fama con sus pinturas de rombos planos y Robert Ryman con sus cuadros siempre blancos; Carl André enseña su Twelfth copper corner (doce chapas de cobre sobre el suelo de la galería), Dan Flavin sus primeros tubos fluorescentes y Donald Judd sus cajas metálicas: ha nacido el minimal art.
En esta década sale a la palestra, según Harald Szeemann, “el artista más significativo de la segunda mitad del siglo XX”. El 21 de mayo de 1974, Joseph Beuys aterriza en Nueva York. Es trasladado en camilla y ambulancia hasta la galería René Block, en la que permanecerá encerrado dentro de una jaula con un coyote durante una semana, al final de la cual regresa a Alemania de la misma forma que había llegado. La acción se titulaba I like America. America likes me. Beuys acabará vendiendo palas o botellas de aceite autografiadas y, más adelante, se expondrá en un museo la obra Pullover: una camiseta, también firmada, que el artista había utilizado durante la famosa acción Difesa della natura.
C. Miguel
8:54 pm · 25 Septiembre 2006
Marsá, habría alguna posibilidad de conseguir el artículo “Historia del Arte, así probablemente tendría más argumentos para valorar tu posición con respecto al arte moderno, y con lo que podría sopesar hasta donde estamos de acuerdo y lo que no, si te parece bien,
Apuntarte que, tambien yo llevo alrededor de 30 años en el mundo del arte, aunque ya hace algunos que no estoy implicado directamente en el.
Un saludo
Jorge Marsá
9:04 pm · 25 Septiembre 2006
Lo puede conseguir en este archivo PDF de La Pizarra, hacia la mitad de él y con fecha 1 de mayo de 2004.
C. Miguel
9:49 pm · 25 Septiembre 2006
Bien, después de leer el articulo, me parece que su posición y la mía están bastante cercanas, aunque su critica está más bien dirigida a las políticas y el comercio del arte más que al arte en sí mismo. Si me permite le daré mi opinión sobre el Arte. Si una palabra, un sonido, un objeto, una acción de un creador me emociona, es decir me hace sentir placer, relajación, incomodo, reflexión, en una palabra Vida, como mínimo, merece él dedicarle mi tiempo, luego puede que esa emoción se desvanezca o permanezca o incluso se agrande.
Le pido disculpas por el tuteo en el comentario anterior.
Juan
8:01 am · 27 Septiembre 2006
Yo discreparía con C. Miguel, sobre que de un artista que me provoque cualquier emoción, en la dirección que sea, merecería mi atención. Mil personas cada día, me provoan emociones diversas, me irritan, me hacen sentir placer, al verles o escucharles… Ahora bien, si considera que las emociones que me suscita un artista deben medirse de distinta manera que las de cualquier otro ser humano, estaríamos concluyendo en que el artista es un ser diferente, no sólo en su actividad plástica sino en todas las parcelas de su vida, y con franqueza, esa característica de muy especial en todas las manifestaciones de su vida, no me la creo. Que me emocione su obra, que en lo demás hay mucha sobreactuación, necesidad de ser diferentes, llamar la atención para llenar un poco tanta vacuidad. No me quedé en Rembrandt, pero del llamado Arte Moderno, pasaría un colador hasta con algunos consagrados.
C. Miguel
12:31 pm · 27 Septiembre 2006
Obviamente Juan me refería a la obra. Hay algunos artistas que como personas dejan mucho que desear, casi siempre su egocentrismo les puede, y lo digo con mucha experiencia sobre el tema. También yo pasaría por un colador a muchos consagrados.