El biodiésel que viene

1 de Octubre de 2006 · (Medio ambiente)

Ángel Tristán Pimienta

[La Provincia, 30 de septiembre de 2006]

El mundo verde, ecológico y progresista está dividido con respecto a la fabricación de biodiésel en Tenerife. La iniciativa de Cepsa, respaldada por el Gobierno regional, cuyo presidente la ha ofertado a gobiernos africanos como el senegalés, ha sido bien acogida por Los Verdes, pero recibida con reticencias por otros sectores ecologistas. Los críticos dicen que así se fomenta la destrucción de las posibilidades de desarrollo de los países del Tercer Mundo, porque sus granos no irían al mercado internacional sino a las nuevas plantas de fabricación de combustibles, que a su vez, impondrían precios monopolísticos.

El argumento es muy alambicado, pero después de que ´El Mundo´ y el PP consideren probada la relación entre ETA y los terroristas islamistas porque personas de ambos bandos usan polvos bóricos, cualquier cosa es posible. No obstante, lo lógico parece precisamente lo contrario: mientras más demanda haya de granos, materia prima para el nuevo producto con que hacer frente a la escasez y carestía de los crudos fósiles, mejor para los países productores, que cobrarán más por tonelada y podrán aumentar su agricultura, con todos los efectos que eso conlleva: mayor riqueza y empleo.

Desde un punto de vista racional, peor les iría a los países subdesarrollados con las energías eólica, solar o mareomotriz, porque la materia prima es gratuita y se consigue ´in situ´. El sol y el viento no se compra. Tampoco al lado del mar hay que comprar el oleaje. Sin embargo, si aumenta la tendencia de los biodiésel, tanto por el componente medioambientalista que impregna a la sociedad actual como por la necesidad de buscar alternativas, habrá que plantar las semillas, en el Archipiélago, pero también habría que recurrir a importaciones masivas. Aquí las vecinas naciones africanas tendrían una seria oportunidad… algo que a su vez podría tener un efecto positivo en la lucha contra la emigración irregular. Expertos en la socioeconomía de estos pueblos señalan que Senegal, por citar un caso concreto, necesita con urgencia mejorar sus expectativas pesqueras y agrícolas.

Todo lo que se hace en Occidente –y sobre todo si las ideas surgen en Estados Unidos– no tiene necesariamente por qué ser malo para la humanidad. Es cierto que EEUU lanzó la guerra ilegal contra Irak, y que el presidente Bush está adoptando una panoplia de medidas perjudiciales para las libertades democráticas y para el medio ambiente… pero es una realidad que Clinton lanzó el Plan África, que el año que viene comenzará a funcionar con unos 85.000 millones de dólares para promover el desarrollo en 16 países –de ellos doce en la cuenca atlántica, donde Canarias puede tener una situación privilegiada como centro logístico– y es asimismo innegable que grandes descubrimientos y movimientos de avance para la raza humana han tenido su impulso en Norteamérica.

Es como el debate sobre la globalización. Algunos sectores de la izquierda occidental critican este proceso, inevitable en la historia del mundo que ya comenzó con Alejandro Magno y Gengis Kan ( quien dicen que dejó una herencia inevitable para Europa en forma de los descendientes de sus miles de hijos) y el Imperio Romano, y que intentó Carlos V y el Imperio Español, y luego el Británico… Es un movimiento inevitable, de lo pequeño hacia lo grande, excepto en el caso digno de curiosidad psicológica de los nacionalismos identitarios, donde se tiene miedo de lo grande y se huye hacia lo pequeño. Desde la mirada universal hacia la contemplación infinita del ombligo.

La globalización, como el agua mineral con gas, puede ser buena, mala o no sabe/no contesta. (Muchos de los líderes e intelectuales del llamado Tercer Mundo, o sea, protagonistas principales, la defienden, si bien aconsejan un control para evitar desviaciones del rumbo). Lo mismo sucede con el biodiésel o con la energías eólica o fotovoltaica. En principio el combustible logrado a través de semillas no tiene contraindicaciones tan complejas como los antiinflamatorios, cuyo prospecto pone los pelos de punta, aunque no sea la panacea universal. Tampoco los nuevos molinos lo son, por su serio impacto visual, mucho más que un hotel o una industria de mediana dimensión, y su peligrosidad para las aves. Seguramente el futuro será una combinación de todo, con el añadido del hidrógeno y, desde luego, parece claro de momento que con el perfeccionamiento del átomo. Luego están las nubes y la poesía.

2 Comentarios

  1. Pedro G

    11:48 am · 1 Octubre 2006

    Lo que está claro es que son imprescindibles todas las alternativas energéticas que puedan sustituir al petróleo. La discusión más fuerte es si en ese cóctel se incluye o no a la energía nuclear, de la que yo no soy partidario. No hay una energía que suponga la alternativa por ella misma, es imprescindible desarrollar todas energías renovables, y el biodiésel es una de ellas. La discusión a la que se refiere el autor no obedece a la realidad de la cuestión energética, sino a los prejuicios antioccidentales de muchos colgaos de Occidente que le atribuyen cualquier mal que ocurra en el mundo.

  2. Natalia Jiménez

    12:37 pm · 1 Octubre 2006

    Lo que está claro es que cualquier iniciativa que sirva para ir dependiendo en menor medida de los combustibles fósiles y que se empiece a aplicar cuanto antes debe ser bien venida y aplaudida. Lo demás son cuelgues del personal.

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