El euro y los supermercados
Fernando Marcet Manrique
Han pasado ya un par de años buenos desde que andamos con el euro. Podemos hacer balance, pues, con cierto rigor, de lo que ha significado la nueva moneda en nuestras vidas.
Desde luego, no ha sido lo mismo para unos que para otros, así que, aun generalizando, trataremos de establecer dos categorías bien diferenciadas. Por un lado tenemos a los trabajadores por cuenta ajena. Es decir, los empleados o asalariados contratados por alguna empresa para realizar una actividad renumerada. Éstos han visto cómo por arte de magia su sueldo se ha visto reducido un sesenta por ciento, ni más ni menos. Si cobraban ciento veinte mil pesetas, pasaron a cobrar setecientos veinte euros, o lo que es lo mismo, setenta y dos mil pesetas. No es correcto, me puede decir alguno, pero yo debo insistir. Si un trabajador antes ganaba cien mil pesetas ahora gana sesenta mil, si ganaba doscientas mil ahora gana ciento veinte mil.
Y es que lo que establece el sueldo real de las personas no es una serie de números en una cuenta bancaria. No es un montón de billetes en un banco, sino únicamente lo que te puedes permitir comprar con él. El dinero no es más que un invento moderno para facilitar lo que antaño se hacía mediante trueques o transacciones comerciales directas. Un gran invento, no voy a negarlo, pero un invento que con el tiempo ha ido creando, cual monstruos de pesadilla, una serie de entidades especializadas en su trato y manipulación.
No hablaré de estos peculiares entes aquí y continuaré con mi razonamiento. Los asalariados han visto menguar su paga un sesenta por ciento, pero no porque haya sido reducida esta, sino porque lo que ha aumentado de precio es lo que pueden comprar con ella. Si una cerveza te valía ciento cincuenta ahora cuesta un euro con cincuenta. Si el cine valía quinientas pesetas, ahora cinco euros. Si un paquete de galletas costaba cuarenta y cinco pesetas, ahora cuarenta y cinco céntimos. Son muy pocos los productos que no hayan sufrido este tipo de fenómeno. Así pues, no es ni mucho menos arbitrario decir que los sueldos de los asalariados ha sido reducidos un sesenta por ciento, ya que lo que costaba cien pesetas, ahora vale ciento sesenta y seis. Y esto equivale a decir, por una simple regla de tres, que si antes ganabas ciento sesenta y seis pesetas, ahora ganas cien pesetas.
No obstante, alguien ha salido ganando con todo esto. Es la segunda categoría de afectados por el euro. Aquellas personas que vendían sus productos a un precio y de pronto empezaron a venderlos a otro mucho más elevado. Un sesenta por ciento más elevado.
Y no pretendo aquí demonizar a los empresarios, como si hubieran hecho todo esto conscientemente. Sólo estoy tratando de analizar una realidad, cómo hemos llegado a ella y qué consecuencias directas tiene y tendrá. Obviamente, un economista podría contestar estas cuestiones con más tino que yo, pero eso no quita para que yo trate de hacer mis cábalas, aunque tal vez me equivoque.
Aquí ha habido un cambio de moneda cuya principal consecuencia ha sido el aumento generalizado de precios. Un aumento de precios que se puede establecer en el sesenta por ciento, apróximadamente. Estos son hechos. Al mismo tiempo no ha habido un aumento en el salario de los trabajadores proporcional, lo que ha significado una importante merma en la capacidad adquisitiva de mucha gente. Y estimo que dos han sido las principales causas de esta desincronización. Por un lado el natural rechazo de cualquier empresario a subir el sueldo de alguien que trabaja en su negocio. Y por otro lado, que al haber menor capacidad adquisitiva general también hay menos consumo. La gente gana menos, así que compra menos, y como compra menos, los empresarios no se ven tan beneficiados como en un principio se supondría.
Donde esto se ve con mayor claridad es en la marcha nocturna. Antes de la llegada del euro las copas tenían unos precios, la gente salía con una frecuencia y durante unas horas. Después de la llegada del euro tanto la frecuencia como la franja horaria de marcha se ha visto reducida considerablemente. ¿Consecuencia? Los dueños de los bares no han salido ganando, salvo excepciones, puesto que la gente ya no consume tanto, y los clientes tampoco, puesto que las copas están más caras. En realidad todos salieron perdiendo, tanto los bares como los clientes. Y ni siquiera vale que me digan, si nos ponemos en plan sanos, que todos nos hemos beneficiado porque salimos y bebemos menos. Porque nos seguimos emborrachando igual que antes, sólo que ahora no lo hacemos en los bares.
Sin embargo tampoco podemos extrapolar este ejemplo a todo lo demás. Así llegamos a donde yo quería ir. En ésta me bajo. Y es que no se puede negar que hoy en día necesitamos comer lo mismo que comíamos antes de la llegada del euro. Si antes íbamos a los supermercados, hoy tenemos que ir a los mismos supermercados. Tal vez acudamos más a las ofertas y nos permitamos menos delicatesen, pero la compra es la compra.
Los dueños de los supermercados y tiendas de alimentación en general han sido los enormes beneficiados con la llegada del euro. Aquí no tuvimos la opción equivalente a irnos de botellón a casa de un amigo o salir menos días. No. Las cajeras de supermercado y reponedores siguen cobrando prácticamente lo mismo que ganaban antes de que llegase el euro, pero los precios de todos los productos han aumentado como mínimo el sesenta por ciento, cuando no más. Además, una pequeña excursión por los distintos comercios nos descubrirá que muy escasas son las diferencias entre unos y otros, lo que hace a cualquiera sospechar si no habrá algún tipo de acuerdo entre ellos para establecer precios similares.
¿Es entonces lícito o no que uno se indigne cuando escucha que nuestra presidenta del Cabildo dice que va a velar para que los supermercado lidl no hagan descuentos duros? ¿Es razonable o no que uno se pregunte si es la presidenta de todos o sólo la de los dueños de supermercados locales? Lo que debería hacer el Cabildo, si es que tiene que hacer algo en este asunto, es asegurarse de que el trato y el sueldo que los multimillonarios empresarios locales pagan a sus empleados es mínimamente digno, (¿no es extraño que estén demandando personal constantemente porque nadie les dura más de un mes?), en vez de decirnos que va a seguir velando para que sigan teniendo los cuantiosos beneficios que vienen consiguiendo gracias, entre otras cosas, al cambio de moneda.
ANTONIA
1:41 pm · 9 Octubre 2006
Señor Marcet por favor no se preocupe, que con la llegada de la Cámara de Comercio Insular todos estos y muchos otros problemas se van a solucionar. Ahora conseguimos la autonomía del Puerto, y todo lo que se ahorren nuestros resignados empresarios (que son los que generan trabajo), va a repercutir en el precio final del producto. Vamos a comprar al mismo precio que en Las Palmas.
lo nuestro
6:56 pm · 9 Octubre 2006
Creo yo que la presidencia del cabildo, no especifico en la presidenta actual, continúa el trabajo de todas las corporaciones lanzaroteñas. Defender lo de aquí antes que lo de allí, independientemente de las posibles ventajas de abrirse a lo de allí. Eso es secundario, lo primero es lo nuestro.
nano
7:01 pm · 9 Octubre 2006
Pues en mi opinión “lo nuestro” debería ser garantizar que los comercios, sean locales o de fuera, no se pongan de acuerdo para poner los precios que les da la gana, sobretodo cuando hablamos de algo tan básico e imprescindible como es la comida diaria.
viva el euro
11:54 pm · 9 Octubre 2006
Me parece a mí que ya llevamos muchos años recibiendo mercancías directamente, sin que estas tengan que pasar por las Palmas, lo que por lo tanto no explica los precios tan altos. Pero si queremos la respuesta de por que en Lanzarote las habichuelas están más caras que en Las Palmas o en Tenerife, fijémonos en el “rostro” que se gastan, en general, los comerciantes de esta isla, que fijaron la igualdad de una moneda de cien pesetas con una moneda de un euro. Y encima se cabrean por la llegada de centros comerciales, que también tienen derecho a participar de nuestra economía, y les ponen todo tipo de trabas (incluso institucionales). Competencia, pero de verdad.
manuel zagreb
11:57 pm · 9 Octubre 2006
En primer lugar el texto de Fernando me parece un pelín demagógico, si bien es cierto que el euro no es exactamente lo que los políticos nos vendieron, el recurso tan hispano de la pataleta deberíamos de mantenerlo a cierta distancia y analizar la situación. España, en el marco internacional actual, es imposible que se hubiera mantenido competitiva sin haber entrado en el juego de la moneda única, además, hay que pensar en la entrada en “la zona euro” de los paises del este, mucho peor avenidos económicamente (con sueldos mínimos de escándalo) que nuestra patria común y por tanto en una posición muy golosa para las grandes multinacionales. Así pues nos encontramos con una pequeña dicotomía, un cruce de caminos que hemos de afrontar con el seso y no con el corazón: Podemos mantenernos herméticos, continuar con nuestra queridísima peseta y de paso ir poniendo los culos en pompa para lo que fuera a suceder, o por otro lado, aceptar el juego y elevar la apuesta, manteniendo el sueldo de nuestros empleados e intentando permanecer competitivos frente a la guerra de guerrillas que es el mercado internacional.
Por otro lado, una queja directa a la que apunta el texto principal es sobre el elevado precio de los alimentos y afines en el supermercado. Si bien los sueldos mínimos no han subido de manera significativa los productos se han encarecido debido a multiples factores que podemos señalar brevemente: Subida del crudo con lo que ello conlleva, disminución de la producción agrícola y pesquera, subidas de precio a causa de la ristra interminable de intermediarios, y por supuesto la llegada del euro, ya que antes al tener una moneda débil cuando vendíamos al extranjero sacábamos más tajada. En definitiva es posible que ahora paguemos más, pero también es cierto que los supermercados no están sacando más beneficios que antaño.
Finalmente, si la presidenta del cabildo ha dicho la subnormalidad que aparece en el último parrafo del primer texto, es para cojerla e inhabilitarla por chafalmejas. Si estamos en un libre mercado la labor del gobierno es regular que los productos de primera necesidad no adquieran valores desorbitados, no precisamente impedir la sana competencia entre establecimientos.
Fernando Marcet Manrique
9:07 am · 10 Octubre 2006
Agradeciendo a Manuel su comentario, que me parece muy pertinente, debo no obstante mostrar mi desacuerdo respecto a un par de sus apreciaciones.
Respecto a si es demagógico, en mi opinión podría serlo si yo fuera una persona económicamente desahogada que en realidad no tiene ningún problema para llegar a fin de mes y simplemente escribe estas cosas para hacer daño, por venganza o despecho, al empresariado local que se dedica al negocio de la alimentación. Pero lo cierto es que no es así. Personalmente la entrada del euro me ha afectado en gran medida, no permitiéndome tener una vida tan desahogada como antes, y si no me expreso con más contundencia es simplemente porque no me van esos estilos.
En cuanto al tema de si la entrada en el euro era necesaria, es algo que mis conocimientos económicos no me permiten contestar con propiedad. Es muy probable que sea como Manuel dice, y la entrada en el euro nos haya permitido coger el tren de Europa. En cualquier caso yo simplemente doy mi opinión a nivel de usuario. Mi análisis es el análisis de una persona que mira alrededor y ve quien ha salido ganando y quien ha salido perdiendo. Y con lo que estoy plenamente en desacuerdo es con que los supermercados no estén obteniendo más beneficios. Si la gente compra igual que antes, pues necesita comprar lo mismo y no tiene opciones alternativas, pero al mismo tiempo han subido los precios, aunque sea cierto que a ellos les hayan aumentado los costes, no hay que hacer demasiados cálculos para deducir que los beneficios han tenido que ser inevitables. Porque por mucho que les hayan aumentado los costes, dudo que este aumento ronde el cincuenta o sesenta por ciento, que es lo que ellos han aumentado el precio de sus productos.
Y otra cosa, fue algo que se me quedó en el tintero, apostaria que todos han subido los precios considerablemente en los últimos días, previendo las vacas flacas que puede suponer la implantación de un lidl.
manuel zagreb
12:31 pm · 10 Octubre 2006
Fernando, permítame la réplica para seguir con esta discusión en un tono jovial y ameno. Desde luego me he referido a su texto principal como “un pelín demagógico”, siendo esta cualidad independiente de las intenciones del sujeto. De hecho la demagogia es recurso de absolutamente todos los políticos, y me niego a creer la malintención de un colectivo tan grande y heterogéneo.
En mi opinión resulta extremadamente sencillo alinearse con el sentir popular y arremeter contra un colectivo que es minoría, y aunque cerca del ecuador de su texto señala que no es su intención “demonizar a los empresarios”, sólo a mi parecer, es lo que se deriva tras la lectura del mismo.
Por otro lado me gustaría asegurarle que no soy ni hijo ni padre de empresario, por lo que únicamente soy un damnificado más que tan sólo pretende, muy humildemente y con todas mis limitaciones, establecer la raíz del problema y no limitar mi opinión a sus consecuencias.
Finalmente podríamos salir de dudas haciendo un pequeño experimento: Analizar el precio de compra al distribuidor y de venta al consumidor, de una lata de sardinas de cualquier marca en cualquier supermercado de su elección en el año 2000 y actualmente. A mi entender el comercio está pagando ahora mucho más al distribuidor por el mismo producto que hace siete años, por lo que sus beneficios no serían tan amplios como quiere dar usted a entender.
alfil
4:36 pm · 11 Octubre 2006
No fue la presidenta del Cabildo, sino Marisa Tejedor, consejera de industria y comercio del gobierno de canarias, quien dijo eso. No le achaquemos a Inés cosas que no dijo, que bastante tiene con lo que tiene.
http://www.diariodelanzarote.com/2006/10/05/economia04.htm
chino cudeiro
6:42 pm · 17 Octubre 2006
Un apunte más a esto de los supermercados.
http://www.cronicasdelanzarote.es/article.php3?id_article=4553
Sin embargo, yo no estoy de acuerdo con la solución que se propone en este artículo. Reducir los costes en el transporte… lo que hay que reducir es la cara dura de los que monopolizan el sector