Elogio de la identidad

12 de Octubre de 2006 · (Sociedad)

Francisco Pomares

[La Opinión de Tenerife, 11 de octubre de 2006]

Fue Adolf Hitler quien dijo que todo el que viera el cielo verde y los pastos azules debería ser inmediatamente esterilizado. El comentario vino a cuento de su percepción de lo que él consideraba como decadencia y corrupción en la pintura moderna. Pero el comentario no se quedó -por desgracia- en una boutade maliciosa de un paisajista mediocre que se sentía fracasado como pintor. El nazismo esterilizó primero, y luego asesinó metódica y masivamente a millares de seres humanos a los que consideraba anormales. ¿Anormales? Ni siquiera eran diferentes.

Me pregunto si el joven inmigrante Anush Ngomo se siente diferente. ¿Se considera ajeno a la normalidad que definimos para dejarle fuera? Probablemente no sabe que todo dentro de él es igual a cualquier ser humano. Probablemente cree que su negritud le hace distinto. Distinto a los blancos. En verdad, esa diferencia superficial, esa anormalidad de un negro entre blancos o de un blanco entre chinos es la que nos trae de cabeza desde que el mundo comenzó a ser cada vez más pequeño y nuestra aldea se hizo cada vez más grande. Quizá por eso, defendemos con pasión y vehemencia la supervivencia de nuestras señas de identidad, que curiosamente son -siempre- lo más destacable de lo que nos diferencia, de lo que hace distintos y anormales para los otros.
Ahora, cuando cambia el clima y comienza a ceder la presión en el ritmo de las llegadas, se pone de moda un nuevo discurso que habla de la defensa de nuestra cultura. Deberíamos, parece ser, defender la canariedad -lo que nos diferencia- de la llegada de 30.000 clandestinos pobres que -mira por dónde- no tienen ninguna intención de quedarse aquí.

Al parecer, su influencia sobre nuestra forma de entender el mundo es perniciosa y destructora. Puede confundir a los europeos (esos trece millones que nos visitan todos los años sin afectar según parece un ápice a nuestra idiosincrasia y nuestras sagradas diferencias) y hacerles creer que Canarias es una merienda de negros…

Periodistas serios escriben y hablan sobre el impacto de la emigración en nuestra cultura y en nuestra imagen exterior, sobre la importación de costumbres dañinas que acabarán por enterrar el baile de magos. Y la gente escucha ese nuevo discurso en defensa de la identidad mientras acaba una hamburguesa en el McDonald´s, hace cola para ver la última de Brad Pitt o se gasta los cuartos en una tienda Nike franquiciada.

La única identidad que admito es la que me hace idéntico a todos los demás. En realidad, lo asombroso es lo mucho que nos parecemos unos a otros, lo poquísimo que nos diferencia. Resulta sin duda turbador, pero tus genes y los míos son los mismos genes de Hitler, y tú y yo compartimos con él los de Pablo Picasso, los de Larry Álvarez y los de Anush Ngomo, ése joven senegalés que espera plaza para subirse a un cayuco en una de las bidonvilles del conchero de Nuackchot.

3 Comentarios

  1. LZ-III

    12:39 pm · 12 Octubre 2006

    “La única identidad que admito es la que me hace idéntico a todos los demás”. Lo contrario que cualquier nacionalista que la única identidad que admite es la que le haga diferente a todos los demás, aunque tenga que inventársela.

  2. Miguel H.

    6:02 pm · 13 Octubre 2006

    Extraordinario artículo. Hay una confusión bestial entre lo cultural y lo identitario. Es esa confusión lo que hace que las concejalías de cultura de los pueblos a veces parezca que deberían llamarse “concejalía de la identidad nacional”, ya que invierten todos sus dineros en exacerbar esa identidad, poniendo siempre el énfasis en eso que nos hace diferentes, en lugar de lo que nos iguala. La cultura, lo que debería servir para conocer y entender a los seres humanos de todos los lugares y épocas, la utilizamos precisamente para todo lo contrario, encerrarnos en nosotros mismos y pasarnos todo el rato como frente a un espejo, maravillados con nuestra propia imagen.

  3. Yurena

    1:42 pm · 16 Octubre 2006

    Aunque comulgo en general con lo aquí expuesto sigo pensando que la identidad de un pueblo no debe ser algo que nos diferencie sino más bien que nos identifique, porque no debemos olvidar que si bien somos canarios también somos españoles, europeos y por esa regla de tres habitantes de la tierra, es decir que no tenemos una sola y única identidad ya que estamos ante un mundo global donde, si se quiere, se puede hablar de varios niveles de identidad.

Tu comentario

El blog se reserva el derecho a eliminar los comentarios que considere inapropiados