Parrilla, de moda
Jorge Coll
[Lancelot, 13 de octubre de 2006]
Para algunos ha sido el mal menor. Para otros, un acierto. Y para muchos, un paso atrás en el proceso de renovación emprendido por el Partido Socialista en Lanzarote hace cuatro años. Porque, paradojas de la vida, ese proceso se inicia precisamente cuando Enrique Pérez Parrilla, después de haber aspirado en seis ocasiones seguidas a la Presidencia del Cabildo de Lanzarote y de estar cuatro como presidente, es desbancado por Miguel A. Leal para colocar al “cisne blanco” de Manuel Fajardo Palarea como candidato a la Primera Institución de la isla.
Sin duda, el regreso de Parrilla a la vanguardia de la actividad pública no podía ser bien vista por la actual dirección del partido. De hecho, ha sido proclamado candidato por una serie de casualidades y no por el deseo de los actuales dirigentes en Lanzarote. La principal de estas casualidades ha sido la disputa pública entre la dirección del PSOE en Lanzarote y, sobre todo, de la Agrupación Local de Arrecife, que había apostado por postular a Nuria Cabrera como candidata a la Alcaldía mientras que la Regional pensaba en Manuela Armas. La diputada se había posicionado muy bien en Tenerife, donde llegaba al Parlamento de Canarias de la mano del PSOE tras militar en Coalición Canaria, partido por el que fue alcaldesa de Arrecife. No era una mala candidata, sin duda. Se trata de una persona cercana, conocida, con capacidad de trabajo y, además, buena gente. Precisamente, su cargo de parlamentaria le permitió relacionarse con dirigentes del Partido Socialista en Canarias y ganarse la confianza de algunos de ellos. Pero apostar por Manuela era muy arriesgado porque los socialistas nunca la consideraron una de ellos. Más bien al contrario, se le consideraba como una advenediza y como la candidata de un grupo empresarial relacionado con el núcleo duro de la Cámara de Comercio.
Así las cosas, Manuela Armas no podía ser la aspirante a la Alcaldía por mucho que la dirección regional se empeñara en ungirla suprimiendo las primarias en Arrecife. Tampoco la dirección autonómica podía aceptar a Nuria Cabrera porque esto significaba ampliar el poder de Miguel A. Leal y su equipo dentro del partido socialista. Pero, sin duda, Nuria hubiera sido una apuesta apoyada por la mayor parte del partido. Representa la renovación, es lista, tiene tablas, conoce la capital y posee gran capacidad de trabajo. Su principal handicap era que es la mujer de Leal. Por eso, Manuel Fajardo Palarea, que juega sus cartas hasta el final en este envite, trató de cambiar, al menos, el curso de los acontecimientos para evitar una crisis de consecuencias imprevisibles en el PSOE lanzaroteño. Defendió a Leal pero cuando viajó a la Ejecutiva regional del sábado 7 que se celebró en Tenerife ya sabía que Nuria Cabrera no podía ser la candidata a Arrecife. Sin embargo, tampoco ignoraba que si aceptaba la imposición de Manuela Armas como le exigían desde la dirección canaria aquí se lo comerían vivo y con papas. Y así se lo hizo ver Manuel Fajardo Palarea al ministro Juan Fernando López Aguilar. “Si nombra a Manuela de Armas, aquí se arma la de dios es cristo”, cuentan que advirtió Fajardo. Es entonces cuando la opción Enrique Pérez, que algunos ya habían barajado como la solución al problema, comenzó a cobrar fuerza y, finalmente, triunfó. Era el 2 de la quiniela. La sorpresa.
Ahora, los socialistas han cerrado filas en torno a Enrique Pérez. Incluso, a Leal no le ha quedado más remedio que aceptarlo públicamente porque, de lo contrario, hoy ya le habrían cortado el pescuezo. Lo que habría que saber es cuánto durará la obra teatral. Porque lo que me temo es que ahora cualquier chispa provocará un incendio. Espero equivocarme.
Pedro G
10:14 am · 14 Octubre 2006
Parece un análisis serio de los tres candidatos que se barajaban. Así que Jorge Coll lo ha intentado, pero se le ve el plumero a cien leguas.
Sobre Enrique Pérez Parrilla: “Para algunos ha sido el mal menor. Para otros, un acierto. Y para muchos, un paso atrás en el proceso de renovación emprendido por el Partido Socialista en Lanzarote hace cuatro años”. Se ve claro lo que le parece, mal: para algunos, para otros, y “para muchos un paso atrás”. Y es que Jorge Coll sólo habla del interior del partido, y Enrique le parece mal porque es el candidato que puede sacar más votos de los tres, es decir, que es el que peor le va a los intereses que defiende Lancelot, los de CC-Tránsfugas.
Sobre Manuela Armas: una buena candidata, pero “se le consideraba como una advenediza y como la candidata de un grupo empresarial relacionado con el núcleo duro de la Cámara de Comercio”. Dice Jorge Coll que se la consideraba así en el partido, pero olvida que su semanario y su televisión se encargaron de colocarle esa etiqueta para desprestigiarla en la carrera por la candidatura. Y es que Manuela no les interesaba por dos razones: porque podía incrementar la bolsa de votos del PSOE y porque era una candidata poco proclive a pactar con CC-Tránsfugas.
Y finalmente, no puede evitar Jorge Coll que se le note claramente quién era su candidata preferida: Nuria Cabrera: “Nuria hubiera sido una apuesta apoyada por la mayor parte del partido. Representa la renovación, es lista, tiene tablas, conoce la capital y posee gran capacidad de trabajo”. Y se entiende: Nuria es la candidata que menos votos hubiera restado a la auténtica candidata de Jorge Coll, María Isabel Déniz, y la que más aseguraba un PSOE proclive a pactar con CC-Tránsfugas.
A buen entendedor, pocas palabras bastan. Y Jorge Coll ha escrito muchas para dejar claro los intereses por los que apuesta. Lo lleva haciendo ya tiempo suficiente como para que su posición no provoque ni la más mínima sorpresa.
chino cudeiro
11:09 am · 14 Octubre 2006
Genial análisis el de Pedro. A eso se le llama leer entre líneas. Aunque tal ejercicio cuando de leer a Coll se trata tampoco tiene demasiado mérito. Y creo que lo mejor que le ha podido pasar al psoe de lanzarote es que les impusieran a Enrique… si es que no se les puede dejar solos.
Guillermo León
11:22 am · 14 Octubre 2006
Muy bien, Pedro G. Ha dado usted varias veces en el clavo.