Un proyecto llamado Maretas
Fernando Marcet Manrique
Quisiera dar mi visión particular sobre este proyecto. No es que piense que mi visión sea mejor o peor que la de cualquiera, pero tiene tal vez una ventaja. Y es que se trata de la mirada de un bisoño, de alguien que pasaba por aquí. Es la mirada de un tipo, yo, que no sabe demasiado de los tejemanejes de la isla, ni de los quién es quién en el panorama socio político insular, aunque a veces lo pretenda, más por aparentar que por otra cosa.
Digamos que aunque soy de la isla, nunca me he sentido demasiado atraído por acontecimientos de índole social. Algunos dirían que soy introvertido, otros que soy un pringado. Y yo, según fuera mi estado de ánimo, daría la razón a los primeros y también a los segundos. Hago estas confidencias, tal vez incómodas, no por capricho retórico, sino porque creo que es información importante para mejor ubicar la argumentación que a continuación expondré.
Porque en el tiempo que llevo saliendo y entrando a esta palestra que me presta La Opinión me he dado cuenta de una cosa. Por mucho que no queramos, para cualquiera de nosotros no es tan importante lo que se dice como quién lo dice. Hacemos denodados esfuerzos por catalogar a los distintos personajes parlanchines, colocando a cada uno en la casilla correspondiente, y luego se escucha o lee su mensaje. Pero ya no se le escucha simplemente como a un cualquiera que desea emitir un mensaje, sino que se matiza dicho mensaje coloreándolo con las tonalidades propias de la casilla en la que previamente hemos colocado a quién lo dice.
Así pues, cuando hablo de la ventaja que tiene mi visión, me refiero precisamente a esto. A mí todavía no me ha dado tiempo de encasillar a los distintos personajes. Y probablemente yo todavía no he sido convenientemente ubicado por la mayoría de los que están leyendo estás líneas. Es una ventaja pasajera de la que no podré gozar durante mucho tiempo, así que debo aprovechar lo que dure.
Es únicamente gracias a esta inusitada ventaja que he podido dedicarme a analizar el proyecto Maretas sin tener que preocuparme por quién será-será el individuo o grupo de individuos que lo idearon y lo defienden. Y es también gracias a esta ventaja que me puedo permitir el lujo de decir lo que opino sin andar inquieto por si lo que voy a decir va a molestar a los unos o va a agradar a los otros, más que nada porque no sé quiénes son esos unos o esos otros, y ya se sabe que cabezita que no sabe, corazón que no siente. He mirado el proyecto Maretas con los ojos de un bebé que sujeta un sonajero y le da mil vueltas tratando de averiguar para qué demonios servirá esa cosa, pero sin que le importe demasiado si el sonajero se lo dio mamá, papá o la vecina del quinto. Ahí hay una cosa de colores que hace ruido, y hay que saber para qué sirve, si es que sirve para algo.
Pues bien, debo confesar que la cosa me gusta. Comparto, no obstante, la opinión de quienes dicen que falta información detallada al respecto. Yo por lo menos no la he conseguido, aunque la haya buscado. Pero a partir de este punto las críticas que se le hacen me parecen de lo más sesgadas, o yo al menos no acabo de entenderlas.
Se dice que es muy grande, que concentrar tanta infraestructura de tipo cultural en un solo punto irá en menoscabo del resto de la ciudad. Sin embargo a mí eso no me parece una desventaja. Quienes opinan así dicen que lo que habría que hacer es incentivar los centros socio culturales de los barrios, etc, etc… ¿Pero no es pecar un poco de ingenuos? Precisamente, si sale algo como el proyecto Maretas adelante será porque detrás hay un grupo de gente trabajando y luchando para que vea la luz. Y no lo hacen desinteresadamente, ni mucho menos, por eso tiene alguna posibilidad de hacerse. Debemos ser conscientes de una vez que en el mundo en que vivimos sólo se consiguen las cosas si alguien saca beneficio a cambio. No sé si es bueno o malo, pero así están las cosas. En mi opinión, quién piensa que el dinero que no se invierta en Maretas se podría invertir en otras cuestiones está muy equivocado. Porque el dinero que no se invierta en Maretas no se invertirá en ningún sitio. El dinero no sale de la nada, cualquier economista sabe que para que el dinero crezca hace falta movimiento, es necesario que se hagan cosas, que se construya, se fabrique, se compre, se venda… No es que haya ahí una cantidad de dinero y la podamos usar en esto o aquello, sino que el dinero es la consecuencia directa de los trabajos y manufacturas realizadas por las personas.
Pondré un ejemplo. Muchas de las grandes ciudades del mundo tienen su origen en los grandes proyectos que tuvieron lugar cuando se fundaron. Santiago de Compostela creció en torno a la construcción de su Catedral, La antigua Pi-Ramses, hoy El Cairo, se hizo grande mientras se edificaban sus pirámides. No es que esté comparando el proyecto Maretas con nada de esto, solo trato de mostrar que los grandes proyectos incentivan la economía, aúnan a las gentes y resultan más motivantes que las pequeñas y puntuales actuaciones, por mucho que éstas sean necesarias también.
Si pensara que con el dinero y la mano de obra que nos vamos a ahorrar en el proyecto Maretas se van a hacer otras cosas no tendría ningún reparo en decirlo, e incluso propondría alternativas para usar ese dinero. Pero me temo que no va a ser así, y creo que estarán de acuerdo conmigo. Detrás de cada actuación, llámese hotel, edificio de aparcamientos o proyecto Maretas, siempre hay un grupo de gente con intereses personales. La diferencia entre el proyecto Maretas y los otros ejemplos es que Maretas no va a beneficiar sólo a quienes lo promueven, sino que de paso significará un lavado de cara importantísimo para la ciudad de Arrecife, no me negarán que hace falta. Si nos ponemos en plan orgullosos, lo único que conseguiremos es que nadie piense nunca más en proyectos de este tipo, y se sigan dedicando a sus hoteles de toda la vida y a la especulación inmobiliaria, que causa menos quebraderos de cabeza y da muchísimos más beneficios.
En Estados Unidos, cuyo modelo socio cultural no hemos dejado de copiar desde que salimos de la dictadura, aunque casi siempre sólo en lo malo, esta lección la tienen bien aprendida. Allí detrás de cada esquina, en cada ciudad y pueblo, te sale un Rockefeller dispuesto a hacerte un parque, un museo o una fundación. ¿Lo hacen movidos por algún tipo de gandhitis pasajera? Por supuesto que no, siempre se busca algún beneficio, aunque sea en forma de percepción que de su imagen tenga el público. ¿Por qué nuestros Rockefeller particulares no hacen jamás obras de este tipo? ¿No tienen bastante dinero?, ¿no son lo bastante “bondadosos”? No creo que se trate de eso. Simplemente no creen que invertir en esta clase de cosas les pueda servir para algo. Y no creen que nadie se lo vaya a agradecer, como el proyecto Maretas está demostrando. Yo creo que está en las manos de todos hacerles ver que aquí vamos todos en el mismo barco, que si ellos tienen el dinero y se deciden a invertirlo en museos, parques, polideportivos y similares, en lugar de en golf resorts, nosotros no vamos a tener la mala leche de echarles abajo estos intentos, sólo por resentimiento o porque van buscando beneficios personales. Por mí, como si quieren poner su nombre a esos recintos, que yo me conformo con poder disfrutarlos. Señores (y señoras), que en Argana, donde vivo, los niños sólo pueden jugar en la carretera y su punto de reunión es un videoclub. Si me viene una persona y me pone un par de canchas de baloncesto en su llano, en lugar de los adosados que ya tienen proyectados, yo le hago una estatua si hace falta, le pongo una fiesta en el calendario incluso, y no se me caerían los anillos por ello. Porque soy consciente de que si espero a que sea el Ayuntamiento o el Cabildo los que hagan algo, voy a morirme del asquito. Cuando era chinijo tenía que saltar los muros de un colegio para ir a jugar al “basket” y hoy, veinte años después, otros chinijos tienen que saltar los mismos muros.
En conclusión, y desde mi punto de vista, el camino por el que vamos sólo conduce a la hipocresía generalizada y a la palabra políticamente correcta, al eufemismo por bandera, a la actividad clandestina y al chanchullo de toda la vida, al silencio público de los empresarios y al distanciamiento entre las distintas clases sociales. A un Arrecife cada vez más muerto y a un montón de “Asomadas” cada vez más abarrotadas de chaleses. Alguien está llamando a nuestra puerta, nos está pidiendo ayuda y permiso para mejorar Arrecife y nos estamos negando más por orgullo que por otra cosa, más porque no nos gusta la gente que está detrás que porque no nos guste el proyecto en sí. Decimos que habría que hacer otras cosas antes que eso, pero yo pregunto ¿Qué otras cosas? ¿Quién va a hacerlas? ¿Cuándo? Vale que los promotores del proyecto Maretas no son precisamente hermanitas de la caridad, vale que buscan beneficiarse de algún modo, pero es que, de verdad, a mí me mosquearía más que no fuera así.
NOTA: Este artículo lo escribí hace unos días, siendo anterior en el tiempo al titulado “El Parque de las Energías Limpias” (en su última versión). En dicho artículo mantengo que, puestos a elegir entre el parque y las Maretas, no habría ninguna clase de color. Desde luego, para mí una isla limpia y emancipada energéticamente siempre será preferible al mejor museo del mundo. Pero creo que me equivoco al insinuar que o bien se hace lo uno o bien lo otro. Ambos proyectos podrían ser perfectamente compatibles y asumibles si todos los empresarios y ciudadanos tiráramos del mismo carro y en la misma dirección. Sinceramente creo que Arrecife se merece algo como el proyecto Maretas, del mismo modo que la isla de Lanzarote también se merece algo como el Parque de las Energías Limpias. Todos saldríamos beneficiados ¿Unos más que otros? Sin duda, pero yo ya me daría con una piedra en los dientes.
Paidós
10:22 am · 12 Septiembre 2006
Tienes razón, y lo expresas magnificamente, pero parte de la hipoteca del proyecto, el por qué tiene detractores también tiene que ver en cómo lo vendieron quienes lo hicieron, intentando la búsqueda de adhesiones aunque fuera a base de algunos embiustes. Ahí nos quedamos algunos en el camino.
Fernando Marcet Manrique
10:45 am · 12 Septiembre 2006
Quisiera curarme en salud haciendo una matización que creo necesaria.
Y es que leyendo el artículo puede dar la impresión de que yo estoy diciendo que el Proyecto Maretas es una propuesta particular de una serie de empresarios, que están dispuestos a poner todo el dinero y demás. Y no es eso.
Obviamente, si así fuera probablemente la discusión ni siquiera existiría. El problema es precisamente que el proyecto Maretas se quiere abordar con dinero público, es decir, es una iniciativa del Cabildo.
Yo sé que es un proyecto del Cabildo. Pero los proyectos no surgen por generación espontánea, como todo el mundo sabe. Los proyectos son en primer lugar una idea de un individuo o grupo de individuos particulares, personas con nombres y apellidos que tienen sus intereses particulares o no (casi siempre es que sí).
Así pues, cuando yo en mi artículo hablo de las personas que están detrás del proyecto, no estoy refiriéndome al Cabildo, sino a estas personas que propusieron la idea al Cabildo y han estado trabajando por intentar que salga adelante. Vale que quieren hacerlo con el dinero de todos, pero tampoco se puede negar que ellos se lo han trabajado. Idear y organizar un proyecto de esta envergadura exige una inversión en tiempo considerable, inversión que probablemente va a ser vacua, pues según parece el proyecto jamás se hará.
Lo malo que tiene esto es que tal precedente puede desmotivar a mucha gente que ya ni siquiera se plantee dedicar su tiempo a pensar en proyectos de este tipo, y en cambio se dedique a lo seguro, es decir, la especulación inmobiliaria y demás.
Javier Díaz Reixa
12:06 pm · 12 Septiembre 2006
Mi intervención tiene que ver con un aspecto colateral y aparentemente secundario del texto de Fernando Marcet (no conozco en profundidad los detalles del proyecto Maretas y, por tanto, de momento, me abstengo de entrar en el fondo). Se trata de su afirmación de que es bueno que la gente muestre sus intereses cuando debate en la escena pública, añadiendo que “a mí me mosquearía más que no fuera así”. Tiene razón. Siempre me ha parecido absurda la pretensión de que la gente esconda sus intereses o de que se les excluya del debate en razón de que tienen intereses. ¿Quien no los tiene, por qué unos son confesables y otros no? . Sin ánimo de ofender, me parece un residuo del fanatismo religioso y del “buenismo militante”, esa pretensión de que la escena pública es para los puros, para los que no se contaminan con el dinero, etc. De hecho, todos los grandes proyectos culturales y sociales no solo no esconden los intereses privados concurrentes, sino que intentan aliarse con ellos.
Me he encontrado con estas pretensiones en muchas ocasiones, por ejemplo recientemente en algunos debates públicos del Plan Rector de Uso y Gestión del Archipiélago Chinijo, y he observado que este tipo de recelos es un obstáculo absurdo para el debate público: no hay nada mejor que enterarse de las pretensiones de los agentes económicos y sociales a través de sus propias palabras, sin esperar a saberlo en las barras de los bares o en cualquier otro mentidero. Todos los intereses sobre la mesa y a la luz, que del debate público saldrá la mejor manera de compaginar los intereses públicos y los privados, que no siempre son contradictorios.Y cuando tenga información suficiente sobre el proyecto Maretas, daré mi opìnión sobre el fondo
Animal
12:40 pm · 12 Septiembre 2006
Aquí nos da para Rosackefeller y aspirantes como Goparckefeller. ¡Viva Lanzarote!
Hilda
12:56 pm · 12 Septiembre 2006
A mi me gusta más pensar en Gomezaguilerafeller o Perdomo’sBrothers&CO
Mendoza
6:41 pm · 12 Septiembre 2006
Querido Fernando Marcet:
Creo que debería informarse más, como usted mismo dice, sobre el proyecto Maretas en sí. Para ello, si no ha podido encontrar la documentación existente en las pocas y malas hemerotecas insulares que tenemos, le aconsejo que lo pida usted directamente en el Cabildo. Creo recordar que era el área de Presidencia quien lo presentó y debe tenerlo la Oficina Técnica (en el Cabildo nuevo). Se trata de un sencilla publicación (con portada verde limón) donde se especifica en qué consiste el proyecto.
Ahora bien, independientemente del proyecto Maretas, de la concentración de las actividades culturales en un solo punto de Arrecife o de la dinamización de los centros socioculturales que en este momento están cerrados, mal dotados y convertidos (los que están abiertos) en el bar del barrio donde puntualmente se dan dos talleres y se celebran las fiestas del lugar, creo, insisto, en que el debate debe centrarse en los actuales espacios para la cultura que existen en Arrecife.
Hablemos de eso también y descubramos que no tenemos absolutamente nada en Arrecife donde, a día de hoy, puedan dinamizarse actividades culturales. Tenemos una sala de exposiciones en El Charco, la Casa de la Cultura con amenaza de derribo, El Almacén a punto de ser rehabilitado, un Salón Polivalente que será inaugurado antes de las elecciones y poco más. No tenemos, ni de lejos y tal como se reclama para una ciudad como Arrecife, una red decente de espacios donde podamos ver cultura “con masyúsculas”, cultura hecha con seriedad, cultura que nos haga pensar o cultura que nos ponga a la misma hora que el resto del pais.
Hay, aunque muchos lo nieguen, una idea generalizada de que la cultura con “máyusculas” es sólo patrimonio de una institución. Una institución autorizada a dinamizar la actividad cultural contemporánea de verdad y “con masyúsculas”, insisto. Y, en su defensa, existe toda una pléyade de “desinteresados intelectuales” que han cargado sus fusiles contra uno de los proyectos más interesantes que se hayan podido dinamizar desde el Cabildo, como ha sido “Maretas”. Al final, Maretas no saldrá. Y yo pregunto ¿Cuáles son las alternativas? ¿Qué se propone desde las “desinteresadas” voces que lo han defenestrado para que la cultura siga latiendo en la isla?. Sólo hay una respuesta. NADA. Nadie ha dado una solución alternativa, salvo que hay que dinamizar los centros socioculturales. Decir esto y no decir nada, es, le duela a quien le duela, lo mismo.
Si el promotor hubiese sido otro, la cosa no hubiese sido diferente. El problema es que la cultura es patrimonio, repito, de esa institución y todo lo que la eclipse recibirá, por descontado, la colleja que se merece por osar o atreverse a usurpar un territorio que no le corresponde. Ni el Cabildo, ni ningún ayuntamiento, ni entidad privada insular o regional alguna le llega a la altura de la constelación a dicha institución, camuflada como parte del entramado del circo o parque temático de Lanzarote.
Hace poco dicha institución escenificó en la isla una campaña publicitaria para frenar las pretensiones cabildicias y autonómicas de construir una carretera en La Geria. El chapucero Cabildo que tenemos contestó con un vídeo infame que, lejos de hundir a esa institución, la hizo fortalecer de cara a la galería. Uno de los “intereses” (nunca descubiertos de esa acción “tan noble y ecológica” de protestar por dicha carretera) se escondía tras su oposición a la obra. Al parecer, si la remozaban y ampliaban, ellos verían mermado el flujo de turistas que, en guagua, vienen desde Fuerteventura o Playa Blanca. Los visitantes pasarían por La Geria y, desde allí, partirían hacia los centros turísticos del Norte de la isla, obviando pasar por Tahíche. Y, por lo tanto, dejarían de pasar por su sede empresarial, tal y como ahora hacen. Con lo cual el flujograma de ganancias y ventas de su merchandising bajaría considerablemente. Dicen que son supermegaecologistas, pero yo no he visto declaraciones de dicha institución para denunciar el asunto de la uva y su comercialización o las aberraciones del marisqueo de un consejero cabildicio. Eso no parece ir con ellos.
Y, si hablamos de intereses, decir también que nadie es más interesado que ese grupo de intelectuales (afanados ahora en el juego del control mediático). Su interés ya no sólo radica en el control y defensa de una forma muy determinada y determinante de pensar y de repensar Lanzarote, sino también en ningunear o hacer desaparecer las voces disidentes contrarias a la dictadura de su pensamiento único.
Aclarado esto, y cuando usted quiera, Sr. Marcet, podremos hablar de cultura contemporánea y, si lo desea, no necesariamente de Maretas. Hablemos, en general, de la cultura en Lanzarote y de su futuro.
Animal
10:24 am · 13 Septiembre 2006
Faltan por incluir en el listado la Biblioteca Insular, el Castillo de San José y en algún momento el nuevo espacio que abrirá la Fundación César Manrique en La Plazuela.
Fernando Marcet
5:30 pm · 13 Septiembre 2006
Gracias a Mendoza por su amplia explicación.
Estoy de acuerdo con algunas de las cosas que dice. Justo las que yo creo que son más importantes. Y es que no cabe ninguna duda de que a la ciudad de Arrecife le faltan lugares en los que la cultura, en su sentido más amplio, tenga acomodo de forma contundente. Faltan bibliotecas, faltan teatros, faltan museos… pero sobretodo, faltan parques. Puede parecer que los parques no tienen nada que ver con la cultura, pero yo creo que no es así. Los parques son lugares de encuentro, de reunión, de interactuaciones varias, ¿y qué es la cultura sino el fruto de las relaciones entre personas? El arte sí, el arte es otra cosa, una expresión cultural que a su vez puede tomar tantas formas como cada artista desee.
Y es que, aunque no lo mencioné en el artículo, debo decir que a mí lo que más me gustó del proyecto maretas es que está concebido como un gran parque en el que habría amplias zonas verdes, además del museo situado en el interior de las maretas. Justamente esto es lo que yo creo que más necesita Arrecife. No solo como lugar en el que se fomente el arte y la cultura, sino también como sitio a través del cual la ciudad entera pueda respirar. Respirar literalmente.
Ahora bien, con lo que ya no estoy tan de acuerdo es con esas oscuras intenciones por parte de esa institución de la que Mendoza habla. Por las pistas que ha dado no cuesta mucho adivinar que se refiere a la fundación césar manrique. Personalmente no conozco a nadie que trabaje en ese lugar, o al menos a nadie que me haya dicho que trabaja allí, pero independientemente de esto, yo tengo el convencimiento de que quienes han criticado al Proyecto Maretas no lo han hecho por ningún tipo de interés oculto, sino porque ellos piensan sinceramente que no es lo mejor para Arrecife.
Desde mi punto de vista aquí de lo único que se trata es de que cada uno tiene una percepción particular de la ciudad. Unos tienen la suya y otros tienen otra. La mía probablemente coincida más con la de Mendoza, en esta particular cuestión, que con la de otros, pero eso no quiere decir que Mendoza y yo formemos parte de un grupúsculo o que los que piensen diferente formen parte de alguna soterrada organización.
Creo que hablando podríamos entendernos y sacar algunas ideas en claro para saber lo que todos queremos. Oye, si a unos no les gusta el proyecto maretas que digan por qué (que lo han dicho), y pensemos en algo que sí podamos hacer de forma que todos, o por lo menos una gran parte de nosotros, estemos de acuerdo. Porque si no, vamos a estar toda la vida como hasta ahora. Tú criticas mis proyectos porque antes yo critiqué los tuyos y yo critico los tuyos porque tú siempre criticas los míos. No es que quiera ir de listo, pero de verdad que esa es la sensación que a mí me da muchas veces.
Y por cierto, muy de acuerdo con lo que ha dicho Javier.
Mendoza
6:20 pm · 13 Septiembre 2006
Estimado Fernando:
Hoy, precisamente, no he hecho otra cosa que pensar en los parques. Qué casualidad. Pensaba en la necesidad de más parques (que no parques temáticos) que tiene un entorno urbano como Arrecife. Parques sencillos, con sus zonas infantiles, con sus zonas arboladas, con sus caminos, con sus bancos y, por qué no, con su zona de césped, donde uno sentarse, pasear, leer, hablar o, sencillamente, tumbarse bajo el suave susurro de las hojas de un laurel de indias, de una palmera o de una acacia. Los parques son, como bien dices, una parte importantísima de los espacios culturales de cualquier ciudad; y Arrecife, en ese sentido, es una ciudad coja o huérfana de parques y de espacios culturales.
En la relación de espacios culturales que he enunciado antes he comprado muchas ausencias. Pido disculpas por no citar a la Bibloteca Insular que, aunque mal dotada, peor hecha y sobresaturada, es uno de los pocos espacios cultural-educativos que tenemos en Arrecife donde localizar información, leer la prensa o buscar un libro. También he olvidado al MIAC y, casi a propósito, he olvidado la nueva sede de la FCM en La Plazuela, dado que, al fin y al cabo, todavía no ha abierto sus puertas (salvo para acoger las improvisadas oficinas del Departamento de Cultura del Ayuntamiento de Arrecife). Tampoco he citado las instalaciones públicas de la Escuela de Arte “Pancho Lasso”, del Instituto de Bachillerato Blas Cabrera, de la Escuela de Pesca o, ya en el ámbito de lo privado, de las salas y salones del Casino Club Náutico, de la Democracia o del Teatro Atlántida.
No obstante, sea como sea (y salvando las posibles omisiones espaciales), nunca me cansaré de insistir en que Arrecife demanda más espacios culturales que, de manera actualizada, mejore la raquítica y pobre oferta de estos equipamientos. Necesita más Salas de Exposiciones que acojan las muestras itinerantes que programan entidades bancarias como el grupo Santander Central Hispano, la Caixa, el BBV o fundaciones como Joan March, así como organismos autonómicos y ministeriales. A ello, únesele la falta de infraestructuras para organizar congresos o simposium, salvo que uno decida ir a los salones de los hoteles. Por lo que un Palacio de Congreso es ya una necesidad urgente. Aunque no menos urgente se hace ya la construcción de un Auditorium como una demanda que, lejos de parecer una excentricidad, es necesidad espacial que la cultura, la educación y la sociedad reclaman como una dotación urbana indispensable.
Yo (perdona que insista en lo mismo) he creído ver en muchas ocasiones que (detrás de las encendidas críticas y de los reveladores silencios por parte de algunas de las voces “oficiales” a los proyectos culturales de diferente color que se han puesto sobre la escena insular) se esconden intereses oscuros. Como ya he dicho en más de una ocasión, para cierta institución, el hecho de que se construya Maretas o que se rehabilite el CIC El Almacén desde una concepción de la defensa de los valores de la cultura contemporánea, es el inicio de la creación de una especie de competencia “desleal” hacia el trabajo cultural que dicha Institución ha desarrollado sin apoyo institucional alguno y en solitario. Y no veas como se vanaglorian de eso. Vamos, poco menos que se autoproclaman como los nuevos “Mártires de la Cultura Contemporánea en Canarias”. Les incomoda sobremanera que otros organismos puedan también hablar también de cultura con masyúsculas. Deben pensar que a más salas y a más espacios para la cultura, el público y, sobre todo, los visitantes (piedra angular del negocio empresarial que los hace independientes) dejarán de acudir a su pequeña parcela del parque temático insular. Por ello, la cultura contemporáneo es sólo patrimonio de esa institución. Que nadie ose poner las manos sobre ese pedacitio de su negocio. Ninguna institución pública (o privada, que las hay también) en la isla está autorizada a ello.
Bueno, Fernando, dejo esto, porque me extiendo mucho. Otro día hablamos de por qué esa institución jamás (o sólo en contadísimas ocasiones) colabora con el resto de los organismos oficiales de la isla en actividades culturales, educativas o medioambientales. Haz un breve repaso y cuenta qué cursos, qué exposiciones, qué proyectos o qué iniciativas hechas por ellos en los últimosaños tiene, como colaboradores, a cualquiera de las instituciones locales conejeras. Y eso, estimado Fernando, es harto sospechoso. ¿O no?
Saludos y gracias por contestar
MENDOZA
Anabel Medina
12:58 pm · 14 Septiembre 2006
Acabo de leer el artículo de José Vicente Mendoza de León publicado ayer en Diario de Lanzarote. No sé si tras una reflexión más pausada podríamos llegar a la conclusión de que aún faltan actuaciones que pudieran contribuir en mayor medida a dignificar la ciudad de Arrecife y mejorar la calidad de vida de sus vecinos. En todo caso, si no están todas las que faltan, falta hacen todas las que están y estoy convencida de que la mayoría de los habitantes de Arrecife las aplaudirían.
Yo aplaudiría todavía más si en lugar de concentrarse su realización en los meses previos a las elecciones, el gobierno municipal, tras el tiempo lógico para pactar contenidos y prioridades, presentara sin dilación su catálogo de actuaciones urbanísticas, haciendo posible el debate y la participación. Se evitaría así la improvisación, el apresuramiento, la descoordinación, el oportunismo populista, los proyectos estrella de última hora y el despilfarro que de todo ello se deriva. Creo que los políticos ganarían un poco del prestigio del que están tan escasos al cambiar el sistema de parcheo de última hora por la planificación y quizás los ciudadanos percibiríamos que existe, si no un modelo de ciudad, la intención de paliar sus necesidades.
Lo que no sé es si el Sr. Mendoza se da cuenta de que precisamente una relación tan extensa de carencias tan básicas de la ciudad, algunas de una necesidad acuciante, puede convertirse en el principal argumento a esgrimir en contra de la realización del proyecto maretas, salvo que coincida con el Sr. Marcet en que “el dinero que no se invierta en Maretas no se invertirá en ningún sitio”.
Fernando Marcet Manrique
4:42 pm · 14 Septiembre 2006
En efecto, Anabel, no se invertirá en ningún sitio. Y me ratifico. Uno conoce un poco como funciona este mundo de los presupuestos gubernamentales. Hay una falta de transparencia absoluta y no es nada infrecuente que de una partida de cultura se pague el sueldo de unos guardias municipales, por poner un ejemplo. Es decir, si no se hacen proyectos culturales el dinero de los presupuestos cambia de consejería si se trata del cabildo o de concejalía si se trata de un ayuntamiento como por arte de magia, se gasta un poco para hacer un concierto de algún grupillo famoso de cara a la galería y ya está.
Hacen falta proyectos para que se invierta dinero en cultura. Podemos discutir qué proyectos nos gustan más y cuales menos. Podemos ponernos a pensar si Arrecife necesita un proyecto Maretas o cuatro bibliotecas. Pero lo que es indudable es que si no hay gente que presenta proyectos y se aprueban, el dinero que debería dedicarse a la cultura normalmente se dedica a cosas completamente distintas.
Es decir, se trataría de poner sobre la mesa qué proyectos alternativos hay al de Maretas. Y que los ciudadanos pudiéramos elegir o al menos expresar nuestra opinión una vez conocidas las distintas opciones.
Y Mendoza, lo siento, pero yo sigo sin creerme lo de la fundación. Y mira que no tengo especial aprecio a esa institución desde que les mandé un guión para hacer una película sobre César Manrique y ni siquiera se dignaron contestarme. Pero de ahí a sospechar que forman una especie de hermandad secreta que maneja oscuros hilos en Lanzarote va un trecho muy grande (sería un buen argumento para el del código da vinci). Con todo lo demás sigo estando de acuerdo contigo.
Mendoza
5:32 pm · 14 Septiembre 2006
Estimada Anabel: tienes mucha razón al decir que hay necesidades básicas que Arrecife reclama. Es más, no vería mal que las instituciones públicas destinaran lo que quiera que cueste el Proyecto Maretas a realizar obras sociales del tipo “un Centro de Salud en Argana Alta”, “Rampas de acceso que crucen la vía medular entre Argana Baja y San Francisco Javier o entre Titerroy y el Hospital General”, “Centros deportivos para Maneje” o “Fletar un nuevo servico de transporte público perpendicular y que complemente al circular actual”. Pero, lo que me mata es que de diga que el dinero de Maretas sea empleado en eso y luego, como dice Fernando Marcet, desaparezca por arte de magia en el pago de otros servicios.
Gracias por leer el artículo sobre las “Noticias esperadas”
Estimado Fernando:
La “entidad” se niega a colaborar con casi nadie (institucionalmente hablando) de la isla. Sus razones obedecen a que, según ellos, los políticos insulares son indignos de las instituciones que ocupan. Y, aunque sea verdad (la prueba está en casos como el de Marcos Páez), esa actitud es un castañazo absoluto hacia los ciudadanos administrados por esas instituciones. Los propios ciudadanos democráticamente (nos guste o no) los han elegidos. Y, aunque la “entidad” es dueña de hacer lo que le dé la gana (cosa que hace) no debe olvidar ni perder el norte de que se trata de una institución radicada en esta isla. Pide que se reflexione y que se abran caminos para la participación ciudadana y luego no dan ejemplo, salvo que la participación sea con el mismo grupo de “ciudadanos” que todos conocemos por el grado de su “intelectualidad”. ¿Y el resto? A poco que se analice su absoluto pasotismo por las relaciones institucionales, descubre uno que es en este mezquino estado de confusión, de improvisaciones y de carencias que la telenovela de la política insular escenifica periódicamente, está, insisto, en el deseo de dejar claro que ellos son los únicos autorizados en la isla a hablar de cultura con másyusculas. Las instituciones locales e insulares no están legitimadas, desde su rmezquina y mercantilista visión del asunto, a programar culturalemente nada. Una cosa impresentable es que los directivos de esa institución JAMAS aparece en los actos culturales que el resto de las instituciones locales. Hay un desprecio evidente hacia el (peor o mejor) trabajo que una concejalía de cultura hace. La última vez que lo vimos fue en una exposición de ASC Mararía en el Almacén y porque una señora de uno de ellos era una de las pintoras. Pero, de resto, nadie de nuestros intelectuales acude a este tipo de actos.
Bueno, vamos a dejarlo aquí.
Saludos.
Anabel Medina
1:25 pm · 18 Septiembre 2006
El comentario último me ha sumido en dudas y cavilaciones de distinto signo.
- Me pregunto, por ejemplo, si no estaríamos incurriendo en una reprobable irresponsabilidad al apoyar un proyecto como Maretas que, cueste lo que cueste y sin que sepamos cuánto sería, comprometería decisivamente las posibilidades de atender esas carencias básicas relacionadas por el Sr. Mendoza en su artículo, que reconocemos tiene Arrecife.
- Me parece que la falta de garantías acerca de que la inversión que requiera Maretas se destine a realizar esas obras sociales no es argumento que justifique el apoyo a Maretas, en tanto que apoyar este proyecto sí puede convertirse en la excusa para no realizar esas otras intervenciones más necesarias.
- Creo que las personas que convienen en la importancia de realizar las obras relacionadas en su artículo quedaríamos en una posición argumental muy débil si el proyecto llegara a realizarse con nuestro apoyo, porque ¿cómo podríamos después defender la necesidad si no la urgencia de las mismas?
- ¿Por qué nos parece tan imposible conseguir la realización de al menos una parte significativa de estas intervenciones en la ciudad cuando suponemos que incidirían significativamente en la mejora de la calidad de vida de sus habitantes y contribuirían a dignificar los barrios, como se viene exigiendo desde distintas asociaciones de vecinos?
- ¿Nos ha de llevar este desánimo a inclinarnos por Maretas sólo por la suposición de que las personas que se han mostrado disconformes con este proyecto, pudieran manifestar reparos a algunas de las obras mencionadas?
- ¿En el fondo, no hay más proximidad de intenciones, si no de argumentos o intereses, entre las personas que se muestran contrarias a Maretas y la afirmación de que “no vería mal que las instituciones públicas destinaran lo que quiera que cueste el Proyecto Maretas a realizar obras sociales”, aun cuando pueda haber discrepancia en qué obras sociales sean?
Como se ve, mi confusión es grande. Ni la supuesta arrogancia y soberbia de cualquier entidad, ni la supuesta intelectualidad de este o aquel grupo o personas debieran ser obstáculo para que quienes tienen la capacidad y oportunidad de expresar públicamente sus ideas lo hagan con libertad, responsabilidad y rigor. No encuentro otra fórmula para que se desvelen todos los intereses en juego y los ciudadanos podamos formarnos juicios informados sobre las intervenciones públicas.