El lince canario
Jorge Marsá
Entramos en uno de los momentos más importantes de la acción política: la discusión de los presupuestos. Y como no podía ser de otra forma, en la España plural se escuchan, como cada año, diecisiete lamentos. Cada gobierno autonómico se queja de la escasez de las partidas que se le adjudican en los Presupuestos Generales del Estado.
Ni la más mínima duda tiene Paulino Rivero a la hora de calificar la dotación presupuestaria de las partidas canarias para 2007: “Totalmente insuficiente”. No parece tan lejana la posición de Juan Carlos Alemán: “La visión que tenemos es positiva, pero no renunciamos a mejorar”. Ninguno de los diecisiete renuncia mejorar. Ninguno muestra el más mínimo interés por el conjunto; no es su problema.
Aquí nos limitamos a quejarnos de lo poco que nos toca, de la escasa financiación que el Estado central proporciona, por ejemplo, al sistema de salud o a la educación. Sin embargo, el titular de ayer de La Provincia desvelaba una realidad bien distinta: “El Gobierno de Canarias anuncia la rebaja del IRPF y otros impuestos en 2007”.
Sobra dinero. Mauricio lo deja claro: “un cuadro de bajada fiscal, con retoques en el IRPF y el Impuesto de Sucesiones, entre otros. Este recorte se hará garantizando un ingreso tributario para mantener los servicios en Sanidad y Educación”. La coherencia antes que nada: primero, se llora por lo mucho que nos falta y por lo poco que nos dan; después, bajamos los impuestos porque… estamos sobrados.
Está ocurriendo lo mismo prácticamente en todas las comunidades autónomas. Claro que no en todas disfrutan de un consejero de Economía y Hacienda como el nuestro: “Mauricio quiso desmarcar esta bajada de impuestos de las próximas elecciones autonómicas y locales, previstas para mayo de 2007. ‘Las políticas oportunistas y populistas de tipo electoralista dan pésimo resultado’, explicó el nacionalista”.
Completamente de acuerdo con Mauricio: es casi seguro que la medida de bajar los impuestos acabe dando un pésimo resultado, especialmente en una comunidad en la que la presión fiscal es muy inferior a la del resto del país. Y como para un año electoral se plantea, bien adjetivada queda la propuesta: oportunista, populista y electoralista. Este hombre es un lince.
C. Miguel
10:00 am · 2 Octubre 2006
Mis conocimientos de economía se reducen a la domestica, y la mayoría de las veces por muchas triquiñuelas que haga, a final de mes el saldo es negativo.
Bien a lo que iba. Es evidente que en España existen grandes déficit en el desarrollo de varios sectores sociales, como pueden ser las pensiones, investigación, sanidad, servicios sociales, transporte público etc. Entonces, ¿es lógico que existiendo estos déficit, el estado presente un superávit en sus cuentas? Y ya que existe ¿No sería lo lógico que con ese superávit se incrementase la partida de alguno de estos sectores en los presupuestos generales, en lugar de bajar los impuestos? Que por otra parte me da la impresión que beneficia a los de siempre, es decir a los que más tienen. ¿Es normal que la mayoría de la población reaccione positivamente a esta medida, prefiriendo pagar, no sé, unos cuantos euros menos al año, que tener una mejor sanidad, o servicios sociales etc.?
chapapote
10:25 am · 2 Octubre 2006
Tiene usted toda la razón al decir que en España existen grandes déficits en mucho sectores sociales, pero por muy raro que le parezca la solución no es pagar más impuestos como hacen los suecos para no tener esos déficits. Esa es una solución obsoleta, y en España estamos a la vanguardia, así que aquí nos dedicamos a bajar los impuestos que ya nos dijo Zapatero que bajar los impuestos es de izquierdas. Es lo que faltó decir a Alemán que la bajada de impuestos del Gobierno de Canarias muestra claramente que es de izquierdas y por eso le apoyan.
En peligro de extinción?
11:19 am · 2 Octubre 2006
No tengo duda de que a Mauricio se le puede atribuir cualquiera de los siguientes adjetivos: astuto, sagaz, perspicaz, agudo, avispado. No se si Marsá ha escogido lo de “lince” por reunir a todos ellos en una palabra, o pretende hacer un guiño entre las situaciones de supervivencia entre el político y el amenazado felino.
Tanto el felino como el consejero-lince, parece que no disfrutan del mejor hábitat posible.
Jorge Marsá
12:48 pm · 2 Octubre 2006
Sí que tenía interés la entrevista que ayer publicó El País con Juan Carlos Rodríguez Ibarra. Por si a alguien le apetece leerlas, entresaco unas pocas preguntas y respuestas:
P. Pero, no sé si esto que me cuenta explica del todo que su relación con Zapatero haya pasado del amor al hielo.
R. Mire… Yo lo del “flechazo” lo dije porque cuando yo fui a ver a Zapatero la primera vez, para decirle que ya no me iba a presentar más, me convenció de que me quedara y, a cambio, él me dio cosas que si yo se las hubiera pedido a Felipe me hubiera mandado a freír monas…Y, claro, entonces no solo me quedé enamorado, sino que me quedé alucinao porque no me lo esperaba; y lo que es peor: es que está cumpliendo todo lo que me prometió. Y, claro, con Felipe esto no hubiera sido posible porque él no hubiera permitido que quien trabajara con él lo hiciera en términos de negociación: “si me das esto me quedo, si no me voy”… Felipe me hubiera dicho: “si quieres te quedas, y si no te vas, porque este es un proyecto político del que tú formas parte, pero si tú no quieres no voy a hacerte ninguna concesión extraordinaria para que te quedes”… Y Zapatero sí me hizo una concesión, en términos de una negociación conmigo: “a cambio de que te quedes, Extremadura tendrá esto, esto”…
P. ¿Realmente tienen una visión tan distinta de lo que es España ustedes, los jacobinos, y Zapatero? Porque eso sería inquietante ¿no?
R. Bueno, la diferencia es grande o no tan grande…No sé, porque Zapatero no ha explicitado la visión que pueda tener respecto del modelo de Estado…Es que ése es el problema. Pero me temo que Zapatero se haya planteado el debate territorial a partir de una regla de tres muy sencilla pero demasiado simple y equívoca: …oiga, la descentralización ¿ha ido bien para España?: sí; ¿ha ido bien para los territorios?, sí. El traspaso de competencias ¿ha ido bien para los territorios y para España?, sí. Ergo, cuanto más descentralización y más traspaso de competencias, mejor para España. Esa es una conclusión fácil pero equivocada, muy equivocada.
P. Pero…¿Por qué ha calado la idea de que, incluso sin definir, Felipe González sí tenía claro un proyecto de país y Zapatero no?
R. ¡Esa es una buena pregunta! Yo sólo le diré una cosa: las competencias en Educación y Sanidad yo sólo las conseguí con Aznar. Porque Felipe González y Alfonso Guerra no querían darlas ni a tiros…Pero tampoco podemos eludir una realidad: que habrá que optar por una descentralización administrativa o que tenga una dimensión realmente política. Lo cual nos mete de lleno en dos situaciones igualmente peligrosas: que los responsables autonómicos logremos nuestros máximos de competencias en detrimento del Estado y que él las ceda porque llegue a la conclusión de que cuantas más competencias ceda menos responsabilidades tendrá ante los ciudadanos. Esta es la opción que parece dominar el pensamiento de Zapatero y que a mí me parece muy peligrosa.
P. A lo mejor sería bueno que Zapatero definiera claramente su proyecto de país…
R. Sí que sería bueno, y muy necesario, que el presidente definiera su proyecto de país; sin duda. ¡Pero Zapatero y todos los demás! Todos los partidos renunciamos un día a nuestros programas máximos. Todos, menos los nacionalistas, que nunca han renunciado a nada… Él dice que la diversidad hay que reconocerla y que está muy bien que seamos un país plural…Pero yo creo que él no utiliza bien la palabra plural, plurales somos en este país desde que se hizo la Constitución… Lo que nos distancia es que él ha nacido en una España descentralizada y cree que teniendo menos competencias el Estado sigue igual de fuerte.
P. Entonces ¿en qué se está equivocando?
R. Pues en que todavía no hemos sido capaces de definir, con claridad y sin complejos, cuáles son las competencias, las responsabilidades, que un Gobierno central jamás, jamás, puede ceder.
P. ¡Olé! No me negará que eso puede confundir a más uno. ¿No le produce una cierta repugnancia que la derecha lo utilice como al socialista bueno?
R. ¡Hombre, eso de repugnancia suena un poco fuerte! Pero le puedo asegurar que no habrá más de dos españoles despistados que puedan pensar que yo le hago el juego al PP. Mire, el problema está en nuestro Partido, porque antes había grupos, tendencias, y ahora no hay nada, todo se ha difuminado… Antes la posición de un grupo crítico de cien personas no era sospechosa de hacerle el juego a la derecha, pero ahora, si hay uno que dice algo en contra de lo que hay que decir pues… Sí, es verdad que ha habido algún cretino que me ha reprochado que perjudicaba al Partido. Pero yo creo que lo que perjudica al Partido es no tener las ideas claras. Y le diré una cosa: si el PSOE está equivocándose, o da la sensación de que se diluye, la culpa será siempre de los de abajo que se resignan. También influye que hemos estado ocho años fuera del Gobierno y nadie ha querido ser el Pepito Grillo que estropee la fiesta.