Inmigración: La Unión Europea mueve ficha

7 de Octubre de 2006 · (Política)

Manuel Medina Ortega

[La Provincia, 6 de octubre de 2006]

El aumento del número de miembros de la Unión Europea, de seis en un principio a veinticinco en la actualidad y, muy pronto a veintisiete, no ha ido acompañado de las reformas necesarias en las instituciones para facilitar la toma de decisiones. El Acta Única, de 1986, y los Tratados de Maastricht, de 1992, de Ámsterdam, de 1997, y de Niza, de 2002, introdujeron algunos cambios institucionales, pero la mayor parte de las decisiones importantes requieren todavía el voto unánime en el Consejo, es decir, la unanimidad de los Estados miembros. El Tratado por el que se establece una Constitución para Europa, que fue aprobado en referéndum por abrumadora mayoría de los electores españoles y que ha sido ya ratificado por veinte de los veinticinco Estados miembros, prevé el pase de competencias muy importantes de la unanimidad a la mayoría cualificada. Pero al faltar algunas ratificaciones, aún no ha entrado en vigor.

La Unión Europea es consciente desde hace tiempo de que la inmigración plantea hoy problemas en el conjunto de los Estados miembros pero hoy en día no existe una política común de inmigración. El proyecto de Constitución prevé esa nueva política común. Sin embargo, al no haber entrado en vigor el nuevo Tratado, los temas de inmigración siguen estando, salvo en algunos aspectos menores, como el sistema de visados y el control de las fronteras exteriores, en manos de cada uno de los Estados miembros.

El Consejo Europeo de Tampere, bajo presidencia finlandesa, en 1999, incluyó los temas de inmigración en el amplio marco de temas del “espacio europeo de libertad, seguridad y justicia”. Siete años después, de nuevo bajo presidencia finlandesa, se ha celebrado un nuevo Consejo, ahora informal, en Tampere, para avanzar en este ámbito. El presidente de la Comisión, José Manuel Durâo Barroso, había propuesto que los temas relativos al espacio europeo de libertad, seguridad y justicia se adoptaran por mayoría cualificada y no por unanimidad, sin esperar a la entrada en vigor de la Constitución. Algunos Estados manifestaron objeciones a esta propuesta, aunque todavía no se ha adoptado ninguna decisión al respecto.

En todo caso, las cuestiones de inmigración han salido del armario para empezar a discutirse en las diferentes instituciones de la Unión. Así, el Parlamento Europeo adoptó el pasado 28 de septiembre una resolución pidiendo la formulación de una política común de inmigración. La Comisión, por boca de su presidente y de los comisarios Frattini y Ferrero-Wadner, también ha tomado medidas y movilizado recursos para controlar la inmigración ilegal, sobre todo a través de negociaciones con los países de origen y tránsito y con la puesta en marcha del dispositivo Frontex en aguas próximas a Canarias. Consejo y Parlamento han previsto la cifra de 5.800 millones de euros para el periodo 2007-2013 en el ámbito de las políticas de inmigración y de integración de inmigrantes. El grupo de los ocho países mediterráneos más afectados por la inmigración por vía marítima se ha reunido en Madrid recientemente para adoptar medidas comunes y de coordinación en esta materia, con el apoyo de la Comisión.

Aunque lentamente, como corresponde al complejo sistema de instituciones de la Unión, los mecanismos europeos se han puesto en marcha. Queda mucho camino por recorrer, pero los cimientos de la nueva política europea de integración están ya asentados y empezamos a ver los primeros frutos de una política común de inmigración en su etapa de gestación.

(*) Diputado al Parlamento Europeo, PSOE

1 Comentario

  1. Natalia Jiménez

    8:11 pm · 7 Octubre 2006

    Esperemos que el dinero no se utilice sólamente para vigilancia policial de nuestras fronteras.
    Europa necesita a los emigrantes por su escaso crecimiento vegetativo, nuestras inversiones deberían estar dedicadas a integrales en una cultura democrática y no en traspasar el problema a los países de transito de la corriente migratoria hacia Europa. Ni Marruecos, ni Senegal, ni el que les sustituya en nuestro intento de poner puertas en el mar, tendrían que soportar el control de esa corriente humana.

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