Obviedades
Jorge Marsá
No creo que nadie se sorprenda en exceso, aunque algunos simulen indignarse, por la constatación de que la corrupción está bastante generalizada en el ámbito municipal. Lo que está ocurriendo es, simplemente, que nos aproximamos a unas elecciones y los medios de comunicación hacen su trabajo… con el partidismo al que nos tienen acostumbrados: El Mundo y la Cadena COPE se dedican primordialmente a aventar los escándalos que provocan los socialistas, mientras que El País y la Cadena Ser hacen lo propio con los populares.
Y constatamos una vez más que el cainismo resulta comportamiento habitual entre los políticos de este país; que lo importante no es resolver el problema sino utilizarlo para descalificar al adversario. Basta con dos ejemplos de la prensa de ayer –había más– para comprobarlo:
La Provincia: La dirección socialista insiste en la tesis defendida por Blanco, esto es, que la situación de corrupción que se está dando “es consecuencia de un urbanismo salvaje alimentado durante los años de gobierno del Partido Popular”.
El País: Mariano Rajoy quiso ayer dejar claro que no tiene ningún interés en alcanzar pacto alguno con el PSOE para luchar contra la corrupción urbanística. “Llevan dos años y medio en el Gobierno y ya han conseguido que se vuelva a hablar de corrupción, esta gente no tiene arreglo”. “No todos somos iguales, nosotros no tenemos alcaldes que piden 40 millones de euros en comisiones”.
Puro cinismo. La corrupción urbanística es en España un mal estructural, por lo tanto, ni puede ser achacada principalmente a las prácticas de los populares ni ha vuelto con los socialistas. De lo que sí son culpables ambos partidos es de no haber puesto las bases que permitieran combatir de verdad la corrupción en los ayuntamientos. Obviedades que Blanco y Rajoy conocen perfectamente. Lo mismo les da. Cada uno a lo suyo… que nada tiene que ver con lo nuestro.
Rafael Cano
10:54 am · 24 Octubre 2006
Han salido casos a la luz de los dos partidos, y unos cuantos, a qué esperan para hacer algo en serio, y no decálogos que no son más que brindis al sol o declaraciones para denigrar al otro partido.
A lo mejor habría que comenzar a investigar cuántos de los casos conocidos pueden estar relacionados, aunque sea en parte, con la financiación de los partidos. Porque en Lanzarote sabemos perfectamente cómo se financian las campañas electorales de los partidos, y por eso no nos extraña que un pequeño partido insular como el PIL dispusiera siempre de mucho más dinero incluso que el partido que gobernaba en España, PSOE o PP. ¿De dónde pensarán Blanco y Rajoy que salía ese dinero?
Anabel Medina
10:57 am · 24 Octubre 2006
Además de estructural, se sospecha que los frutos de la corrupción urbanística se emplean para la financiación de los partidos. ¿Para cuándo una reforma de esta ley?
Jorge Marsá
11:32 am · 24 Octubre 2006
Artículo publicado hoy en El Mundo:
Darle la razón
ARCADI ESPADA
Pasan estos días en los cines españoles una memorable película sobre Jacques Chirac, el primer actor de Francia. Cine político, profundo, y nuevo, nuevo, nuevo periodismo. En la película alguien pronuncia esta frase: «Tout comprendre, c’est tout pardonner». Es decir: explicarlo todo excusa todo. La frase se atribuye a Madame de Staël, una inteligente y cultivada letrista francesa del XVIII. La oigo y pienso de inmediato (¡quién se lo iba a decir!) en Patxi López. Esto fue lo que publicó El Correo Vasco hace unos días, cuando lo entrevistó: «El secretario general del Partido Socialista de Euskadi reconoce que para encontrar una solución habrá que admitir ‘parte de las razones del adversario’». Yo no creo que haya una frase como ésta en toda la reciente historia del socialismo vasco. Y es difícil, incluso, que puede encontrarse algo parecido en el nacionalismo pacífico. Es decir, una frase que reconozca la legitimidad de la lucha del adversario en el momento en que se está negociando con él. Desplegada, la frase de López sólo quiere decir esto: «Hay que admitir parte de las razones que tenía ETA para matar». Por desgracia para él y para todos nosotros ése es el único sentido posible de su frase. Hay varios partidos independentistas en el País Vasco. Explícitos y tácitos. Lo único que les diferencia de ETA no son los objetivos, sino que esos objetivos puedan justificar el chantaje y el terror. La razón propia del terrorismo es la violencia.
Para la conciencia democrática española ETA nunca ha tenido razones. Decir que ETA ha tenido razones supone un menosprecio tan profundo de la palabra razón, de su lugar de encuentro semántico, como el que resultaría de comparar el relato bíblico de la Creación con la teoría del Big Bang. La autoridad democrática no puede negociar razones con los terroristas. La autoridad democrática puede reconocer que está sometida a un chantaje, y que cede a él en nombre de la teoría del mal menor, tan utilizada en la política, y tan visible por cierto en el fascinante corta y pega sobre Chirac. La omnipresencia del Mal nos obliga a reconocer su estatus; pero en modo alguno nos obliga a reconocernos hijos de su misma estirpe. Las razones son (y serán siempre) nuestras. De ellos se espera (y se teme) solamente su interrupción criminal.
«Comprender es perdonar» dice Madame de Stäel con suprema agudeza. Desde luego. El poder democrático sólo podría comprender la conducta de los terroristas vascos en dos hipótesis. Porque la ciencia llegara a determinar de algún modo su irresponsabilidad (serían víctimas de un gen o de una educación, en ambos casos criminal) o porque la política sancionara que su conducta estaba guiada por el derecho. Sobre la primera hipótesis se ha avanzado poco, y el común sigue considerando que los terroristas mataron en el recto uso de su libre albedrío. Pero respecto a la segunda el movimiento de López parece atrozmente decisivo.
(Coda: «El terrorismo tiene que ser combatido célula por célula». Michel Walzer, Dissent, Otoño 2001).
Jorge Marsá
12:11 pm · 24 Octubre 2006
Artículo publicado hoy en El Correo:
Internacionalizar el conflicto
SANTIAGO GONZÁLEZ
Con su permiso, mi señor Zapatero, voy a tratar de explicarle un par de cuestiones ante el espaldarazo que espera usted mañana del Parlamento europeo: debe saber que su decisión de llevar este asunto hasta Estrasburgo satisface una viejísima aspiración de los etarras y su entorno: la internacionalización del conflicto. Verá, los nacionalistas, cruentos o no, siembre han tenido los sueños poblados de cascos azules. La ONU ocupándose del conflicto vasco, Otegi o Ternera repitiendo palabra por palabra en Nueva York el mítico discurso de Yaser Arafat en noviembre de 1974. Y si no puede ser la Asamblea General, tampoco está mal el Europarlamento.
Seguramente ustedes sólo piensan en los beneficios partidarios de un voto favorable a su propuesta en Estrasburgo, tal como lo expresó con cegadora claridad su secretario de Organización, al anunciar: «doble derrota del PP en la Eurocámara».
No han calibrado, sin embargo, hasta qué punto van a legitimar a ETA y Batasuna, incluidas ambas en la lista de organizaciones terroristas hasta la sesión de mañana, que pasarán a ser a los ojos de Europa «interlocutoras del Gobierno español en el proceso de paz».
Ellos lo saben muy bien: «La comunidad internacional ha introducido el conflicto en su agenda», decía Permach el 30 de septiembre. «El conflicto vasco deja el miércoles de ser ‘cuestión interna’ para Europa», contaba ayer su prensa amiga. Da la impresión, además, de que la fecha ha sido elegida por ellos, 25 de octubre, el aniversario del Estatuto. El 13 de septiembre, antes, incluso, de que el debate fuese aceptado en la Eurocámara, Barrena anunció que se celebraría a finales de octubre. Y va el portavoz de su grupo parlamentario y dice que «el PP se ha convertido en el altavoz de ETA».
Esto tiene una gran importancia simbólica, presidente. Ellos nunca han aceptado el Estatuto ni las instituciones que de él dimanan. Por eso quieren definir el futuro de Euskadi en mesas constituidas extramuros del ámbito parlamentario. Llama mucho la atención, presidente, que usted haya aceptado esas mesas, en contra de sus previsiones de hace unos meses, haya dado por buena la marginación del Parlamento vasco, haya incumplido su palabra de pedir al Congreso autorización para negociar con ETA, sustituyendo el debate parlamentario por una rueda de prensa sin preguntas. Pero sobre todo, lo que más mueve a perplejidad es que proporcione al Parlamento Europeo la posibilidad que le ha negado al nuestro: la de pronunciarse sobre ese anacoluto sintáctico y moral que es ‘el proceso de paz’.
Si considera, finalmente, que no va a conseguir del todo evidenciar la soledad del PP y que la anterior unanimidad del Parlamento europeo va a quedar sustituida por una mayoría exigua, como la obtenida en el Congreso el 17 de mayo de 2005, cuando cambió los 148 escaños que aportaba el PP al Pacto Antiterrorista por los 38 de sus socios comisionistas, el desastre estará servido.
digo yo
5:50 pm · 24 Octubre 2006
Es texto sobre el Parlamento Europeo y Eta es buenísimo, no sé como no le da verguenza al psoe con lo que está haciendo en su proceso de paz.
Bertola
7:29 pm · 24 Octubre 2006
Veamos si termino de enterarme de algo ya que entre tanta correción y pulcritud no consigo “centrarme” y, aunque sea con una mínima nitidez, visualizar el aspecto básico de las situaciones planteadas.
Por un lado me pregunto: ¿es plausible desde una perspectiva democrática que todas las ideas (por muy ausentes que estas estén en un gran número de los argumentos que pueblan los discursos políticos), incluidas, cómo no, las nacionalistas como fuerzas centrípetas, puedan enarbolarse ( cual bandera… metros… ) en el ámbito público como una “razón” que oriente la “acción”?.
En este inacabado e indefinido proyecto, llamado democracia, que habitamos ¿no son los medios empleados en la “acción” política (léase praxis) los que “no todos son válidos”?; es decir, ¿serán legítimos todos aquellos medios que, además de eficaces, respeten los derechos básicos de los demás?; ¿no?.
Bien, si derechos in-negociables como el derecho a la vida y la obligación de todos (instituciones, por supuesto, incluidas) a respetarla se ven violentados, ¿no está la tópica e imperfecta separación de poderes como garante de que la judicatura (que no la Justicia) juzgue y en su caso condene a los violentadores?.
Sinceramente, y, pidiendo excusas por mi ignorancia, no entiendo que cuando un gobierno anuncia que va a llevar a cabo una negociación ( desgraciadamente, el poder de negociar en contextos límites es directamente proporcional al número de muertos que se pongan encima de la mesa), después de que ETA haya anunciado un “alto el fuego permanente”, nos la “cojamos con papel de fumar” y cuando lo hace en secreto apelando a “la razón de Estado” y sin que se den declaraciones previas, por parte de los terroristas, nos hayamos mostrado con total ausencia de crítica y con un sospechoso grado de resignación y silencios además de con algunas concesiones realizadas.
¿Está fuera de “tiesto” procurar el máximo apoyo para acabar con ETA siempre y cuando éste apoyo sea legítimo por democrático?, ( ahora pongamos el acento democrático en la “Ley igual para todos y emanada desde todos”. Otro tópico que puede estar al alcance de la mano.)
Hace algunos años cuando oía algunas emisoras nacionales me preguntaba qué sería de algunas si ETA no existiese… y, sobre todo,qué sería de algunos.
No apoyo incondicionalmente este proceso, pienso que algunas cosas se podrían haber hecho de otra manera, pero tras la manifestación que tuvo lugar en Sevilla convocada por la Asociación de Vïctimas del Terrorismo y oir al señor Alcaraz, pensé en que me asistía toda la legitimidad asistible para crear una asociación de “posibles víctimas del terrorismo de ETA” en la que estaríamos casi todos los españoles si esta vuelve a iniciar su macabra e indeseable “acción”.
Vaya por delante, por otro lado, el ninguneo de las “otras” víctimas, la del “otro” terrorismo que , a pesar de que “todos los terrorismos son iguales”, parece ser que no todas las víctimas tienen el mismo estatus.
No obstante alabada sea la divina Providencia que ha puesto a la Iglesia como mediadora. La misma Iglesia que ha “amparado” las “travesuras” de sus “hijos” “descarriados”.
En todo esto, y si me preguntan, entre Arzalluz y Otegui prefiero, para que quede claro, a Ághata Lys.
La Opinión de Lanzarote » La indudable predisposición para la corrupción de ZP
10:39 am · 25 Octubre 2006
[…] Como sostenía ayer Marsá en su artículo “Obviedades”, cada uno –sea del PP, PSOE o CC– a lo suyo. « Brote xenófobo en Tenerife […]
EL GRILLO
11:53 am · 25 Octubre 2006
CHACHO ,SI ESO ES ASI, CONOZCO A VARIOS DEL PSOE QUE NO VAN A PODER PRESENTARSE A LAS ELECCIONES, Y DEL PP NO DIGAMOS Y DE COALICION PUES NO TE DIGO, ES DECIR, LAS ELELCCIONES EN LANZAROTE QUEDARIAN DESIERTA POR FALTA DE CANDIDATOS.
Jorge Marsá
12:09 pm · 25 Octubre 2006
Artículo publicado hoy en ABC, mientras se discute en el Parlamento Europeo lo que no se puede discutir en el vasco o en el Español:
Los usos del proceso
JON JUARISTI
SUPONGAMOS que a un iluminado primer ministro francés se le ocurriera iniciar por su cuenta un proceso de paz para terminar con el problema del residual terrorismo nacionalista en Córcega, fenómeno coalescente con el crimen organizado que levanta la cabeza cada cuatro o cinco años para dejar un muerto en la mesa, a veces un terrorista retirado, a veces un funcionario de la administración republicana. Supongamos que la oposición impugna más o menos ruidosamente el proyecto del primer ministro. Lo que no cabría imaginar en absoluto es que a éste, por muy navideña que fuera su iluminación, se le pasara por la cabeza solventar su problema con la oposición buscando apoyos de partidos y grupos afines al suyo en el Parlamento Europeo. Hay cosas que los gobiernos de países con un mínimo sentido de la dignidad nacional nunca se atreverían a hacer (y menos si implican sacarse una foto con Daniel Cohn-Bendit). En lo que concierne al terrorismo, es lógico recurrir al Parlamento Europeo para cuestiones tales como recabar su solidaridad en la persecución de los terroristas o para desenmascarar a los aliados políticos de los mismos en el seno de la propia institución, algo que hicieron conjuntamente los representantes del PP y del PSOE en Estrasburgo en fechas no tan lejanas como para que se nos olvide. Pero requerir el pronunciamiento del Parlamento Europeo a favor de unas medidas políticas que, pese a contar con el apoyo de la mayoría del Parlamento español, han sido y son motivo de graves disensiones entre el Gobierno y la oposición podría parecer, simplemente, del género idiota.
En primer lugar, porque el Gobierno no necesita tal refrendo europeo, como no necesitaba el de Blair. En segundo lugar, porque en lo tocante a las exigencias políticas de ETA-Batasuna y a las contrapartidas que el Gobierno Rodríguez Zapatero esté dispuesto a ofrecer a cambio de la paz, el desarme, el apaciguamiento o el jubileo, ni Blair ni Cohn-Bendit ni ningún otro ciudadano europeo tiene derecho a otra cosa que no sea emitir su opinión personal. Si el Parlamento Europeo se pronuncia hoy a favor de la política apaciguadora del Gobierno de Rodríguez Zapatero, nada añadirá a los apoyos reales con los que éste cuenta y perderá legitimidad ante la oposición, que se acostará bastante menos europeísta de lo que se ha levantado esta mañana. No es que sea el acabóse y el hundimiento de la UE, pero el presidente habrá demostrado que sus efectos deletéreos sobre el prestigio de las instituciones pueden cubrir las mismas distancias que la gripe aviar.
La oposición tiene razones de sobra para estar más que escamada. Que la iniciativa del Gobierno servirá para «internacionalizar el conflicto» es algo que no ofrece el mínimo margen de duda a los medios de la izquierda abertzale -basta leer el Gara estos días para comprobar lo contentos que están-, pero no será, ni con mucho, la más grave de sus consecuencias. Después de todo, el contenido concreto del debate no interesa a nadie fuera de España, descontando a Cohn-Bendit. El viernes, se habrá olvidado. Batasuna seguirá contando con las mismas simpatías que ahora disfruta en Europa, ni más ni menos. Como su legalización no depende de lo que apruebe o deje de aprobar la cámara de Estrasburgo, el Gobierno no la tendrá mañana más fácil que ayer (ni más difícil). Cosa muy distinta es la baza que se proporcionará al PNV, sin duda el máximo beneficiario de la operación, como siempre ha sucedido con todas las iniciativas de la izquierda concernientes al País Vasco. El entusiasmo de Josu Jon Imaz es comprensible, porque lo que saldrá realzado del debate de hoy es el soberanismo «pacífico» de su partido. Siempre que la izquierda se presta a cohonestar al nacionalismo radical, gana la partida el nacionalismo que se vende como moderado (véase Cataluña).
Probablemente, los eurodiputados, que recelan en su mayoría de Batasuna, a la que consideran, cuando menos, el aliado principal de ETA (en esto no parece haber dudas), se harán un lío tratando de entender los argumentos del Gobierno a favor del proceso de paz y mucho me temo que tampoco se les alcance la contraargumentación de los populares.
En rigor, los problemas políticos planteados por los nacionalismos en España son tan exóticos para los holandeses, por ejemplo, como para nosotros las reivindicaciones particularistas de los frisios. Votarán guiándose por sus afinidades políticas con el PSOE o con el PP, pero la mayoría de ellos encontrará «razonable» el planteamiento del PNV, porque lo percibirá como prudentemente distante de los otros tres polos (Batasuna, PSOE, PP), aun sin entender ninguno de sus alegatos. No quiere ello decir que los nacionalistas vascos vayan a dejar honda memoria de su intervención ni falta que les hace. Lo importante para el PNV es que este debate sienta el precedente, que invocarán machaconamente en el futuro, de que los problemas políticos fundamentales del País Vasco rebasan el marco de las instituciones parlamentarias españolas y deben ser discutidos en las europeas. Lo empezaremos a sufrir en breve.
¿Por qué entonces, a la vista de los magros beneficios políticos que puede aparentemente reportarle, el Gobierno ha insistido en llevar el debate al Parlamento Europeo? Primero, porque no era conveniente saltarse instancias intermedias y llevarlo directamente a la ONU, que es lo que de verdad le habría apetecido al presidente. Pero, dejando al margen las gratificaciones narcisistas perseguidas por Rodríguez Zapatero, parece evidente que lo que se ha pretendido es presentar al PP en Estrasburgo como un partido de extrema derecha, intolerante y enemigo de la paz.
La demonización de la derecha no es algo que pueda mantenerse ya en los límites de la política nacional. No cuando Rodríguez Zapatero se jacta abiertamente de pasear tranquilo por Cataluña mientras los actos públicos del PP son reventados y sus dirigentes agredidos en dicha comunidad autónoma. Europa no está aún lo suficientemente madura como para aceptar la exclusión del principal partido de la oposición en buena parte del territorio español e incluso podría interpretarla como un síntoma de deriva totalitaria del régimen, a menos que se demostrara que, efectivamente, el PP es una fuerza política fascista.
Y esto es, precisamente, lo que intentará escenificar hoy el PSOE en el Parlamento Europeo. La escalofriante referencia de Enrique Barón a la soledad de los miembros del Foro Ermua y otras organizaciones opuestas a la negociación con ETA en sus visitas a Estrasburgo (utilizando las mismas palabras con que su compañera de partido, Bárbara Durkhop, aludió años atrás a los eurodiputados de Batasuna) refleja claramente la estrategia socialista de sustitución de ETA por el PP en el lugar del enemigo. No es nada nuevo. Ni ésta ni ninguna otra de las iniciativas del Gobierno actual tendría sentido si no se inscribiera en el único proyecto general (y obsesivo) de su presidente: la aniquilación política de la derecha democrática.
El «proceso de paz» no servirá para regenerar las libertades cívicas en el País Vasco, pero, qué duda cabe, podrá justificar el acoso violento al PP en Cataluña, País Vasco y donde mañana se tercie, con el aval de decencia parlamentaria otorgado por Cohn-Bendit y sus mariachis. Como dijo una vez Dani el Rojo, el oportunismo es la más arraigada costumbre de la izquierda.