Miércoles, 6 de Septiembre de 2006

Las tetas que se pusieron en las manos del príncipe Harry

Heraclio Sánchez

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Tiene tela, oye, lo de ser príncipe. No te puedes disfrazar de hitleriano, ni tampoco posar tus manos sobre unos exuberantes senos juveniles, con permiso de la dueña de los pechos, en plena noche discotequera. Resulta que tras la publicación de las calenturientas fotografías por el periódico The Sun (el sol suele ser amarillo…, veo que me entienden), en las que las manos de Harry estaban ocupadas por un par de tetas, o las tetas fueron a las manos, que también puede ser, el joven principito –el menor de los hijos del también príncipe Carlos de Inglaterra– se vio obligado, o lo obligaron, a saltar a la palestra pública para solicitar perdón. Con anterioridad a la petición de esta especie de indulto social, los cercanos a la británica corona aclararon que la foto era de hace mucho tiempo y que la actual novia de Harry en aquellos tiempos de agarrada de tetas no era su novia. ¡Vaya cruz de familia real!, exclamarán en High Park.

Aprovecho el toqueteo de tetas de Harry para mostrar mi solidaridad con él y con todos los que están presos de la llamada prensa del corazón. Porque, vamos a ver, ¿acaso el jueguito sexual del principito con esa piba fue un intento de violación? Sólo así resultaría justificada la denuncia pública, pero es que las fotos muestran algo muy habitual, por ejemplo, de las noches de Ibiza, Hamburgo o un bailoteo íntimo en casa con el pariente o parienta. Clama al cielo que, meses después del toque de tetas, te veas en primera plana informativa, pues eso, agarrando un par de tetas.

Similar episodio, aunque con mayor malicia, aconteció con la hija de María Teresa Campos, Terelu, quien con su pareja, el tal José Manuel Estrada, también en una discoteca, se echaron unos dancings muy a gustito, agarrándose donde deseaban agarrarse. Durante meses, el programa Tomate de Telecinco un día y otro emitía esas imágenes con cámara oculta. Un día y otro. Telecinco se está ganando el sobrenombre adjudicado por Pedro Vera en la revista El Jueves, “Telahinco”, dice Vera. Cierto es; si pueden te la hincan… y por donde más duele. En tu intimidad, supuestamente garantizada por las leyes, y en la apertura de posibilidades de que el personal, tan rabioso como admirador del mundo rosa, toda vez que haya presenciado el jugueteo erótico de la hija de la Campos, te grite por la calle, “vaya pin, pan, pun, Terelu”.

Más repugnante todavía es el serial sobre las supuestas orientaciones sexuales de las denominadas folclóricas españolas. Señoras, ellas, entradas en años a las que se las sitúa en el centro del huracán por presuntas prácticas sexuales de carácter lésbico. En un país –lo escenifican las encuestas– en el que aplaudimos la opción de los matrimonios homosexuales, acompañamos el almuerzo con debates televisivos entre folclóricas sobre si intimaban o no con la líder radiofónica Encarna.

Como acaban de comprobar el despellejo de la intimidad alcanza hasta los muertos. En Telahinco también, el dichoso Tomate, también durante meses, vendía las confesiones de El Junco, un personaje, prototipo de macho ibérico, que aseguró que fue el amante de Lola Flores. Fuerte mierda de amante este que canta sus andanzas por pasta diez años después de que La Faraona esté bajo tierra.

A nadie debería extrañarle que esto pase porque el nivel del supuesto amante resulta directamente proporcional a la mierda de sociedad española. Esa que mira con envidia a quienes tienen pasta, coches, mujeres escandalosamente guapas, ágapes y cenas variadas, noches vertiginosas, veranos en Marbella y cuentas bancarias, por supuesto, con seis ceros mínimo. Y como tienes todo eso, al parecer, el príncipe Harry no puede tocar, con permiso, dos tetas en una discoteca ni Terelu, en otra discoteca, debe tocarle el paquete a su compi.

Con este caldo poco potaje se puede hacer. Así, tampoco debería extrañarnos que este Gobierno ZP, tan cercano a defender las libertades de las minorías, no le meta mano a esta vergüenza de periodismo o entretenimiento televisivo. El país en su conjunto saldría a la calle a solicitar lo que estima su propiedad, el derecho que creen tener a conocer y presenciar la mano de Terelu en el meadero de José Manuel Estrada. Y eso sería un problema para Zapatero: hay que escuchar las demandas ciudadanas. España, país cutre, cutre, cutre.

Posdata: Cuento estos detalles porque me los han contado. Yo no veo esos programas. En mi casa sólo se sintoniza La 2.