Jorge Marsá
La necesidad de aprender de la tradición o de nuestros mayores se remarca en multitud de ocasiones cuando se habla de los edificios en Lanzarote, donde son bastantes quienes sostienen, como en otros lugares en las últimas décadas, que no podemos continuar construyendo nuestras viviendas como hasta ayer, que hay que remontarse a anteayer para encontrar un saber arquitectónico ligado a nuestro medio ambiente.
Parece que la vivienda bioclimática es la del pasado. No es cierto. Aunque sí lo es que la casa terrera de la tradición insular muestra algunas características que hoy consideramos bioclimáticas. Unas pocas, pero no demasiadas. El concepto de vivienda bioclimática va mucho más allá de la mera reivindicación de las casas tradicionales de los diferentes climas del planeta. La moderna investigación ha dado lugar a diversas tipologías constructivas que se sostienen sobre materiales y diseños que tienen elementos tanto tradicionales como actuales. La tecnología bioclimática en la arquitectura actual deja obsoleta la antigua casa terrera lanzaroteña. No puede ser el saber de la tradición la principal herramienta para un buen diseño bioclimático, sino los nuevos conocimientos y la recopilación de los de otros lugares, aunque obviamente haya que tener en cuenta algunos de los locales; pero insisto en que no son tantos como suele pensarse.
No obstante, la recreación típica de la antigua casa terrera que se acometió en la Isla, lo que algunos dieron en denominar la “lanzacasa”, muy poco tiene que ver con el modelo que reivindica ni con ningún criterio bioclimático. La “lanzacasa” no tiene del viejo modelo más que algunos detalles estéticos aislados. Aunque hay que reconocer que ha sido una apuesta exitosa y que se ha adaptado bien no a la tradición ni al medio ambiente pero sí al “parque temático”.
Además, las viviendas aisladas suponen una solución claramente insostenible. De hecho, la demanda de casas terreras, por parte de lugareños y foráneos, constituye hoy una de las grandes amenazas para el territorio y el paisaje insular y sólo pueden estar al alcance de una minoría. Como se ha puesto de manifiesto en un estudio tras otro, la única vía respetuosa con el medio ambiente insular es la de densificar los núcleos urbanos, la de vivir más juntos. Dicho de otro modo, hacer ciudad.
Desde esta perspectiva, Arrecife cobra una especial relevancia por ser la única ciudad de la Isla. Pero me resultan sorprendentes algunas propuestas para hacer ciudad, como las que hacía C. Miguel en los comentarios a la imagen “Fachada horrorosa” hace bien poco:
¿Tan difícil es para estos pseudo creadores la fusión de modernidad y tradición? Les bastaría con echar un vistazo al libro “Arquitectura Inédita” de Manrique, donde obtener una base para desarrollar posteriormente nuevas creaciones. […] Si ese libro no puede servir de referencia (que no para copiar o adornar con) para hacer una arquitectura moderna, apaga la luz y vamonos. […] Además y desde mi punto de vista, de la única manera que podemos competir con otras ciudades, europeas o americanas, es partiendo de nuestra arquitectura tradicional.
Y es que si por algo se caracteriza la tradición insular es por la ausencia de ciudad. Arrecife fue un pueblo hasta no hace mucho. Y lo que vino después, cuando comenzó a transformarse en ciudad, no conozco a nadie que lo reivindique –salvo cuatro excepciones–. Por lo tanto, difícilmente podrá construirse la ciudad a partir de una arquitectura tradicional que tan poco tiene de urbana. Y el libro de Manrique es buena prueba de ello.
Así debieron entenderlo quienes se dedican a salvaguardar el legado de Manrique: cuando la Fundación César Manrique planteó proyectos para Arrecife acudió a expertos en la construcción de ciudad que nada sabían de la tradición local, ni falta que les hacía, a los arquitectos Carlos Jiménez, Enric Miralles y Juan Navarro Baldeweg.
En fin, que tampoco para la construcción de la vivienda y la ciudad encontraremos las soluciones más adecuadas en el saber de la tradición, sino en los conocimientos y las tecnologías de la actualidad.
Miguel H.
10:05 | 19 Diciembre 2006 | Permalink
Estoy de acuerdo con que la sostenibilidad pasa por el crecimiento de las ciudades y la limitación en la construcción de casas terreras. De hecho, la parcelación en los planes generales ha tendido a reducirse en los últimos años, buscando precisamente esto último. Lanzarote ya no puede permitirse seguir haciendo parcelas de dos mil o cinco mil metros cuadrados. Inevitablemente, decir esto implica que hay que elevar la altura de las viviendas en las ciudades, algo que se opone frontalmente a la concepción de Manrique y a la tradición arquitectónica insular. Pero es que no queda otra. En Playa Honda, por ejemplo, otro de los grandes centros urbanos de la isla, ya no queda prácticamente sitio donde construir, excepción hecha de la zona industrial. Ya no hay solares, ya no hay terrenos sobre los que se pueda hacer nada, y sin embargo Playa Honda se ha encontrado sin prácticamente lugares para el esparcimiento público, quitando la playa. Es decir, si hoy día quisiéramos construir un parque en Playa Honda no podríamos hacerlo por falta física de espacio. Arrecife lleva el mismo camino, especialmente si miramos la aberración que se está haciendo en Maneje. Pero la situación en Arrecife es muchísimo más grave, porque en Arrecife la salida al mar no es tan amable como en Playa Honda, al tiempo que la masificación es mucho mayor. En lo que de todos modos habría que incidir, es en que subir la altura de las edificaciones sólo tiene sentido si la ciudad recibe con ello contraprestaciones en forma de más zonas verdes y lugares de esparcimiento.
harta
11:37 | 19 Diciembre 2006 | Permalink
Cuantos capítulos escribirá para decir que la tradición y la cultura de Lanzarote no valen para nada. Menos mal que la mayoría de los inmigrantes no son así y respetan nuestra cultura y no se molestan cuando la defendemos.
qwerty
11:56 | 19 Diciembre 2006 | Permalink
comprendo que estés harta porque os está dando un repaso importante.
Robaina I
16:06 | 19 Diciembre 2006 | Permalink
No se si es un repaso a nadie, pero los artículos me están pareciendo una muy buena aportación porque siempre se está hablando de la tradicion sin saber de que se habla exactamente.
Ricardo
20:05 | 19 Diciembre 2006 | Permalink
Observo que con frecuencia algunas personas se sienten ofendidas cuando no se demuestra una actitud reverencial ante la tradición. Al parecer, y no me pregunten por qué, la tradición, en general, o alguno de sus rasgos, deberían ser casi un dogma de fe, algo con lo que, también, deberíamos identificarnos íntima y emocionalmente al margen de su valor o vigencia.
Y sucede que desde este apego tan incondicional, se considera anatema no ya su cuestionamiento, sino el intento de este artículo de criticar, no la tradición en sí misma, sino el uso que hoy se quiere hacer de ella. En el terreno arquitectónico, en concreto, los rasgos de la arquitectura tradicional que se intentan reproducir en las nuevas construcciones son los, como señala el artículo, más han contribuido a dar a la isla ese cariz de parque temático. De alguna manera, la arquitectura de esos conjuntos de apartamentos tan iguales, tan blancos, tan pobres…, desprende el mismo tufillo a simulacro que los romeros de Los Dolores.