Fernando Marcet Manrique
He seguido con sumo interés los distintos alegatos y discusiones generados en el blog durante la última semana en torno al concepto de cultura. Hasta el punto que me voy a ver obligado a quebrantar mi propósito de seguir escribiendo sobre Maslow.
Me limitaré a añadir algún comentario bajo el artículo, como para no dejarlo así tan inacabado y me dedicaré, como niño con zapatos nuevos, a analizar la cultura sucintamente. Asunto que, todo sea dicho, me motiva bastante más que el bueno de Maslow, con todos mis respetos.
Los rumbos y vericuetos tomados por este concepto desde su nacimiento, según lo he estudiado, me recuerda asombrosamente al crecimiento de un inmenso árbol. ¿Quién diría, cuando alzas la vista sin llegar a vislumbrar la copa, que en el origen de todo hubo una semillita que podía cogerse con dos dedos?
¿Y si supiéramos a ciencia cierta que en esa semillita se encuentra el árbol que será, no sería mucho más sencillo analizar ésta, aunque sólo sea por su tamaño asequible, antes que ponernos a discutir sobre si tal rama o cual hoja del árbol ya maduro es más o menos relevante?
Los orígenes de este vocablo son puramente latinos. Y digo latinos, no sudamericanos, ni hispanoamericanos, ni iberomediterraneosudamericanos. En dichos orígenes el significado que tenía la palabra era el de campo cultivado o ganado. Y miren por donde, aquí a lo mejor podemos relacionar esto con lo de Maslow. Porque precisamente hablamos de una época en la que nada había más importante que la agricultura o la ganadería. Un concepto básico para una época de necesidades básicas (y en la que, no obstante, muchas personas buscaron la autorrealización, a veces con considerable éxito).
Y es que eso era la cultura, no había más, imposible habría sido hace apenas cuatro o cinco siglos discutir sobre el tema, pues no habría habido en absoluto tema sobre el que discutir. La cultura estaba claramente definida como todos aquellos alimentos que podíamos generar o producir gracias al uso de nuestro intelecto. Vemos, pues, cómo el concepto de cultura estuvo desde el principio íntimamente ligado al de ciencia y su derivado más práctico, denominado tecnología. Tenemos por un lado la comida, subsistencia pura, y por el otro lado tenemos el intelecto puesto al servicio del óptimo proceso de producción de esta comida.
Fue más tarde cuando a esto se le empezó a dar un sentido metafórico. Jamás hemos desperdiciado los seres humanos una buena ocasión para metaforizar. Y ésta en concreto venía que ni pintada. ¿Por qué en vez de usar la palabra cultura para referirnos únicamente al alimento del cuerpo no la usamos también para hablar del alimento intelectual o del raciocinio? Aquí fue cuando la cosa se lió del todo.
Es decir, cultura seguía siendo algo generado por el hombre mediante la utilización de técnicas o ciencias genuinamente humanas. Técnicas o ciencias ajenas al estado salvaje de la naturaleza, por tanto. Pero ya no hablábamos de un algo tangible, como podía ser una lechuga o un cerdo, sino de otra cosa. La comida del intelecto.
¿Y de qué se alimenta el intelecto? ¿Qué clase de cultura era esa que en vez de con dientes se masticaba con pensamientos? Esa es la cultura de la que hemos estado discutiendo estos días. La cultura sobre la que no hemos dejado de discutir desde entonces. Es perfectamente normal que nos haya sido imposible definir lo que por definición es indefinido.
Unas veces se asoció al término civilización, otras veces se desligó y hasta se antepuso a él, unas veces se usó para hablar de los rasgos propios de unas poblaciones, otras veces se dijo lo contrario. Se usó para tantas situaciones y en tantas circunstancias que cultura llegó a serlo todo. Y sabido es que cuando una cosa es todo, en la práctica viene a no ser nada, pues nada se puede separar y por tanto oponer ante un todo absoluto.
Hoy por hoy seguimos liados con la cuestión, y supongo que la cosa va para largo. Yo, en cualquier caso, ante la duda recurro al viejo significado latino, más que nada para tener algo sólido sobre lo que sostenerme, que con lechugas y con cerdos jamás hubo equívocos dignos de consideración.
chapapote
10:22 | 9 Febrero 2007 | Permalink
Más equívocos: la cultura del vino, la cultura del fútbol, la cultura de la moda, la cultura del físico, la cultura de la violencia, la cultura de internet, la cultura del odio, la cultura del ocio…
Jorge Marsá
11:54 | 9 Febrero 2007 | Permalink
Me parece interesante el rastreo que hace Fernando del sentido originario del término latino cultura. Pero, en efecto, ha dado muchas vueltas la palabra, hasta acabar, por ejemplo, en lo que ayer escribía Asimétrico en un comentario: “Desde el punto de vista de la antropología, cultura es todo aquello que no es heredado genéticamente”.
Ese tipo de definición podría afinarse un poco más al modo y manera en que la entiende el nacionalismo cultural del que bebe Asimétrico: la cultura como el conjunto de valores, costumbres, creencias y prácticas que constituyen la forma de vida específica de un grupo humano.
Vista así, que es como muchos la ven hoy, lo menos que puede decirse es que lo cultural y lo social terminan por ser lo mismo. Y lo más que puede decirse es que, ante semejante elasticidad, el término acaba no sirviendo para nada. Porque lo incluye, o debería incluirlo, prácticamente todo: la agricultura, pero también la industria; el libro, pero también los juguetes; la música, pero también el ruido en las ciudades; la escultura, pero también el ordenador; la filosofía, pero también la peluquería.
¿Qué ha pasado últimamente con el término que nos ocupa? Pues lo que dice el crítico cultural marxista Terry Eagleton en su libro La idea de cultura:
También podría hablarse del éxito alcanzado por la visión de la cultura que propusieron los reaccionarios románticos del siglo XIX. De esa reacción romántica del idealismo alemán frente al universalismo de la Ilustración se han alimentado todos los nacionalismos que en el mundo han sido y, por supuesto, su idea de lo que es la cultura.
No obstante, esta versión localista de la cultura ha sido puesta al día y, en cierto modo, estandarizada en las universidades estadounidenses por los departamentos de cultural studies. Y así, lista para el consumo, hacen uso de ella con entusiasmo todos los nacionalistas que se consideran tan diferentes los unos de los otros. Y esa es otra notable paradoja, la de todos los amantes de su diferencia repitiendo al unísono la misma canción.
Asimétrico
16:32 | 9 Febrero 2007 | Permalink
La fuente de la que bebo: Marvin Harris, materialista cultural. Marxista también. Quizás fuera nacionalista vermontiano, algo que desconozco y que me las trae al fresco:
“Humans cannot eat, breathe, defecate, mate, reproduce, sit move about, sleep or lie down without following or expressing some aspect of their society’s culture. Our cultures grow, expand, evolve. Its their nature.”
Marvin Harris
No estoy en casa ni tengo tiempo para ofrecer para ofrecer una traducción decente. Lamentable es tener que discutir de perogrulladas. El asedio nacionalista debe estar ocasionando actitudes bizantinas. Salud.
Asimétrico
20:18 | 9 Febrero 2007 | Permalink
Traducción:
La gente no puede comer, respirar, defecar, aparearse, reproducirse, trasladarse, dormir o acostarse sin expresar algún aspecto de la cultura de su sociedad. Nuestras culturas crecen, se expanden, evolucionan. Esa es su naturaleza.
Algo más del mismo autor:
La cultura es “un estilo de vida total, socialmente adquirido, de un grupo de personas, que incluye los modos pautados y recurrentes de pensar, sentir y actuar”.
Ahora puedes manipular mis fuentes para relacionarlas con lo que te plazca. En ningún momento he negado la existencia de valores universales que para mí están por encima de cualquier discusión. Una cosa es la universalidad y otra bien distinta tu absolutismo intelectual procaz e intolerante. No sé si me gustaría ser súbdito de tu reino, siempre he pensado que mejor ser ciudadano de una república. La tuya se parece a la de Platón. Salud.
Jorge Marsá
20:29 | 9 Febrero 2007 | Permalink
Normal, Asimétrico, que la fuente sea Marvin Harris, también la mía para muchas cosas, pues he disfrutado no poco con muchos de sus libros. Y te quedó chula la cita en inglés.
Lo que te decía, que me parece lógico y natural, y ya lo expresabas en tu primer comentario de esta polémica, que tu concepto de la cultura sea el propio de la antropología. Buen nacionalista estarías hecho si no fuera así. Vamos, que entre poca y ninguna sorpresa.
Para mí, esa es una de las acepciones del término cultura, esa tan extensa que todo lo abarca y que, en consecuencia y como decía, de escasa utilidad resulta. Pero hay otra manera de entender la cultura, el cultivo de las personas al que se referían los ilustrados, y la verdad, me parece bastante más culta que la primera.
RAQUEL
22:43 | 9 Febrero 2007 | Permalink
pero al final lo que prima es la ignorancia sobre la inteligencia ¿ por qué ?
Asimétrico
12:35 | 10 Febrero 2007 | Permalink
Entonces habría que definir lo que es la ignorancia y la inteligencia. Popper decía con respecto a la ciencia que es imposible conocer la verdad, que nos tenemos que conformar con detectar nuestros errores. Ésta última forma de ignorancia es, para mí, la más inteligente.
Como ha habido algunos comentarios referidos a insultos de Jorge hacia mí, nervios, etc. aclaro que nos conocemos y que no me siento ofendido. Otra cosa es que no estemos de acuerdo en ciertas -más bien muchas- cuestiones o que nos embronquemos a través del teclado. Seguro que delante de unas cañas o unos vermús lo llevaríamos con más gracia.