Jorge Marsá
No me parece que destaque como actriz; tampoco como cantante. Pero el caso es que me leí la entrevista de El País Semanal. Quizá por lo que se decía al comenzar la entradilla: “Guapa y sensual, la volcánica Jennifer López…”. Sin embargo, lo llamativo era cómo terminaba esa introducción: “ha vuelto a sus raíces en su último disco cantando en español”. ¡Sorprendente!
Acostumbrados estamos a considerar la lengua como parte fundamental de eso que denominan raíces. No obstante, no deja de resultar chocante que tenga por una de las raíces de alguien una lengua que apenas habla. Así lo reconoce la entrevistada: “Hace diez años, cuando grabé mis primeras maquetas, eran en español. ¡Aunque lo hablaba muy mal!”. Pero va mejorando: “Me cuesta todavía expresarme, confundo los verbos y cada día aprendo palabras nuevas”. Pese a todo, el periodista cree que la chica vuelve a sus “raíces”, y ella parece darle la razón en la última frase de la entrevista: “si quieren conocer a la verdadera Jennifer, que me escuchen en español”. Milagroso, pero cierto: la verdadera Jennifer no aparece en su lengua habitual, sino en una que a duras penas logar chapurrear. ¿Primera conclusión? Lo étnico vende.
Dejando atrás a la “volcánica” Juanita López, diré que, pese al uso y al abuso, me sigue llamando la atención la metáfora de las raíces. A lo que parece, los humanos somos como los árboles, que necesitamos de las raíces, esto es, de la tradición, para alimentar nuestro espíritu. Y en consecuencia, si se secan las raíces que nos ligan al territorio o a su cultura, se nos agosta el espíritu.
Lo que no suelen poner de manifiesto quienes utilizan la metáfora es su característica más destacada: la completa inmovilidad de quien vive sujeto a las raíces que le atan al suelo. Y es curioso, porque la realidad de los humanos, por lo menos en sus partes bajas, se caracteriza más por lo contrario: por la movilidad, por tener pies en lugar de raíces. Es más, si nuestro tan apreciado cerebro alcanzó el tamaño que tiene es también porque así de grande lo necesitábamos para correr considerables distancias en pos de animales más rápidos pero menos resistentes en la carrera que nosotros.
Y lo de los pies no es metáfora: la especie homo sapiens siempre se ha señalado por utilizarlos para huir de sus “raíces”. De África procedemos todos, allí están nuestras “raíces” últimas. No ha evolucionado mucho la fisiología de nuestros pies en las últimas decenas de miles de años, tampoco la de nuestro cerebro, pero sí lo que con él hemos sido capaces de hacer en el intento permanente, y progresivamente acelerado, según transcurría el tiempo, de huir de las “raíces” de la tradición, que nos anclaban en un modo de vida conocido, en busca de otro mejor. El intento permanente de superar las limitaciones de los conocimientos tradicionales para descubrir nuevos mundos para nuestro espíritu.
Cierto que “raíces” siempre hay y que alimento proporcionan, a qué negarlo. Pero bien podría decirse que si la historia de los humanos destaca por algo es precisamente por utilizar los pies y el cerebro para liberarse de las “raíces”, de las ataduras que los sujetaban a limitados territorios físicos e intelectuales. Casi siempre fue así, y de poco sirvieron en los últimos siglos los tan desesperados como inútiles intentos de los más conservadores por mantener las tradiciones, porque más tarde o más temprano los más progresistas lograron romper las cadenas y volvieron a emprender el viaje.
La paradoja de hoy es que algunos que se complacen en considerarse progresistas pongan tanto empeño en mantenerse encadenados. Y así hay quien cree ver una vuelta a las “raíces” de Juanita López en lo que no es más que un esfuerzo por remontar el vuelo, por encontrar un nuevo público tras el fracaso de sus últimos discos en la que es su lengua, el inglés. Románticos que son algunos; Juanita, aunque no sea ilustrada, conoce perfectamente la mercancía que vende, y sabe que en su negocio no ha lugar quedarse quieta, es decir, enraizada, que el movimiento resulta imperativo.
chapapote
9:51 | 13 Marzo 2007 | Permalink
Para raíces las de Marsá, y aéreas, que se le colgao del culo de la López. Lo de las raíces… una excusa para escribir de ella.
Antonio Suárez
11:29 | 13 Marzo 2007 | Permalink
Marsá podría explicarnos como podríamos aprender las personas si no tuviéramos las raíces de nuestra cultura, si no hubiera padres y una tradición de la que aprender, ¿aprenderíamos de la nada?
WAR
11:43 | 13 Marzo 2007 | Permalink
El mundo el universo está en continuo cambio, nada permanece, creo que la “entropía” y los monjes budistas hablan en este sentido. La cultura, las raices de nuestros padres están ahí como plataforma para dar el siguiente paso hacia la evolución, lo desconocido o lo intuido, a la continua búsqueda del hombre, las cosas cambian y no pasa nada, si no, todos seguiriamos siendo seres unicelulares o nada, quién sabe.
conejero digital
11:55 | 13 Marzo 2007 | Permalink
Pero a la Juanita que no me la cambien que está muy bien como está.
Averroes
12:43 | 13 Marzo 2007 | Permalink
estoy de acuerdo con lo que Marsá denuncia, quién no? si se trata de denunciar el oportunismo linguístico de una vendediscosmamarios, bien, de acuerdo, pero es injusto mezclar los tomates con las bujías. Las obsesiones marcan destinos…..y hay que respetarlos…… . ………. …opino que tradición-progreso son polos de un continium…..y el continium es nuestra historia como seres humanos
digo yo
17:53 | 13 Marzo 2007 | Permalink
digo yo Averroes que no te olvides del periodista además de la vendediscosmamarios, porque fue él que escribió lo de las raíces.
Agustin T.
18:00 | 13 Marzo 2007 | Permalink
Para raices, la serie de Kunta Kinte. ¿Por qué lo llaman raices cuando quieren decir dinero?
Fernando Marcet
18:47 | 13 Marzo 2007 | Permalink
Las raíces se tienen lo quiera uno o no. Otra cosa es que los haya que decidan ignorarlas más o menos, o quienes permanezcan constantemente anclados en el pasado.
Si entendemos por raíces las que uno ha echado a lo largo de su corta existencia, está claro que el periodista se equivocó usando esa expresión con la López. Porque en ese caso sería ridículo hablar de raíces hispanas (o latinas, como les gusta decir a los americanos), para alguien que apenas domina ese idioma.
Pero si consideramos las raices algo distinto, algo que abarca generaciones enteras, entonces me parece a mí que el periodista no andaría tan desencaminado. Por mucho que las intenciones de la, llamémosla cantante, no fueran las de regresar a ningún sitio, sino simplemente vender más discos.
Las raíces de la mayoría de nosotros, sin ir más lejos, son puramente cristianas. Tanto los ateos como los creyentes, tanto los rojos como los menos rojos, todos provenimos de ahí. Y bien que se nos nota. La actitud que tenemos ante el sexo, nuestra forma de percibir lo bueno y lo malo, como afrontamos la muerte… todo eso se lo debemos a nuestras raices cristianas.
Ahora bien, todavía tenemos raíces más profundas, como bien dice Jorge. Ahí está el miedo a la oscuridad, heredado de épocas que ahora nos parecen remotas.
¿Está volviendo Jennifer López a sus raíces? Hombre, así de entrada yo diría que a las raíces no se vuelve, se tienen y punto. Pero no siendo tan estrictos y considerando que el periodista quiso decir “volver a los orígenes familiares”, pues en ese caso…
Por ejemplo. Uno de mis abuelos era manchego. ¿Si a mí me da por hacer una visita a ese lugar se podría decir que estoy volviendo a mis raíces? Pues sí, en cuanto a que uno de mis antepasados directos nació allí. O no, porque yo en mi vida he tenido nada que ver con La Mancha. ¿Son mis raíces, sí o no?
Al final yo creo que estamos ante un problema lingüístico, de conceptos más que nada. La disparidad en la percepción de los conceptos es como el mar en el que acaban desembocando todos los problemas. Dependiendo de lo que concibamos como raíces, podremos dirigir nuestro discurso hacia un sitio o hacia otro.
Jorge Marsá
20:26 | 13 Marzo 2007 | Permalink
Artículo publicado ayer en el Periodico de Catalunya:
Mi crítica al presidente Zapatero
Juan-José López Burniol
No critico la concesión de prisión atenuada a De Juana. Es una decisión legal –conforme a derecho– y legítima –tomada con observancia de todas las formalidades–, cuya prudencia –es decir, su oportunidad política– será objeto de valoración en su día. Hoy no es posible. He leído que el etarra ya come jamón. Por mí, como si come alubias con berza, cordero al chilindrón y leche frita.
Mis diferencias con el presidente Zapatero son más profundas. A saber: 1ª Ha acometido el proceso de renovación de los estatutos sin perfilar siquiera un proyecto previo de reforma del Estado, lo que está provocando un galimatías del que va a costar Dios y ayuda salir. 2ª Ha iniciado un proceso de paz en el País Vasco, sin establecer con claridad y precisión el plan a seguir, y, sobre todo, sin asegurarse el control del tempo de la negociación, que hoy está en manos de una ETA y de una izquierda aberzale engalladas. 3ª Ha practicado –en algún episodio de la vida económica– un intervencionismo rastrero en los objetivos, insolvente en los instrumentos y paleto en las formas, que solo beneficia –en el fondo– a una casta de sedicentes empresarios –versión posmoderna del pícaro y del arrebatacapas–, que medran al amparo de la concesión, la subvención y la información privilegiada. 4ª. Una política internacional que maquilla su falta de entidad y su pérdida de presencia efectiva en Europa, con brindis al sol –como la Alianza de Civilizaciones– y amistades sorprendentes de todos conocidas. Estas cuatro causas se resumen en una: hoy el Estado es más débil –como sistema jurídico– que cuando Zapatero accedió al poder.
Un apunte final. La apelación a que hay que estar con Zapatero hasta el final pues la alternativa es peor, con el evidente intento de neutralizar la crítica, no puede ser aceptada. La fuerza moral de la izquierda se manifiesta cuando asume superiores cotas de racionalidad en su discurso, lo que es inseparable de la crítica. Aún está a tiempo de recuperar esta ventaja. Pero, para ello, no ha de escarbar en el pasado –más hiciste tú–, sino hablar con claridad sobre el futuro. Zapatero ha de convencernos.
S.G.
9:47 | 14 Marzo 2007 | Permalink
En las últimas semanas, muchos tienen la impresión de que, también España, esté volviendo la vista al pasado, no tan atrás como a “nuestras raíces”, sino a la “ESPAÑA” de los “soldaditos de plomo” y los saludos “fascistas”. A la ESPAÑA en “blanco y negro”, y no precisamente por el color, sino por el discurso retrógrado de los actores políticos, reducido a lo más elemental, las palabras; el “más hiciste tú” o el “y tú más”.
Este retroceso no es de derechas o de izquierdas. Es de los que teorizan sobre las “necesidades” (de las víctimas de ETA, del País Vasco, del 11M… ) y dejan atrás el civismo, la praxis y la reflexión. Ni oyen ni escuchan. Volvemos a la ESPAÑA desabrida, dicen, por que yo nunca estuve.
habla español
10:21 | 22 Marzo 2007 | Permalink
Decía que Marsá que el español no podía ser una de sus raíces porque Juanita “apenas” lo habla. Pues aquí traigo la prueba de que habla castellano:
A mí me pareció que todo lo hacía estupendamente.