Josechu Pérez Niz
El semanario Lancelot resultó intimidado e insultado el día inaugural de la huelga de los trabajadores de los Centros Turísticos. En un antidemocrático ejercicio, algunos la emprendieron con la periodista y la cámara que cubrían el acto. A los antidemócratas les disgusta el enfoque que Jorge Coll, director del grupo Lancelot, ha ofrecido sobre las diferentes grescas que se han vivido en los CACTS en estos cuatro años.
Los variados argumentos que ha esgrimido Coll dirigidos a gestionar como se merecen los Centros Turísticos (los últimos los encontramos en su atinado Visto Bueno del viernes pasado) topan con las típicas insensateces (”el colilla es un peseta”, “Lancelot es de Coalición”) que muestran claramente los retrasos que todavía padece Lanzarote en el plano democrático. Esto de debatir o rebatir no está de moda y según tu modelo de expresión hasta puedes ser emprendido mientras trabajas (bemoles tiene la cosa, trabajadores increpando a trabajadores). La baja volada conejera, en cambio, es el arma preferida de quien discrepa. En este asunto, me siento totalmente cercano a las tesis del sr. Coll, pero si disintiera, por las presuntas falsedades que ha expresado en torno a los CACTS, estaría tardando en reaccionar respondiéndole punto por punto a las supuestas afrentas lancelotianas. Y a buen seguro que Coll abriría las puertas del grupo Lancelot, e incluso invitaría a café en la televisión, para contrastar opiniones.
A fin de cuentas hablamos de gestión y resultaría enriquecedor escuchar a los representantes de los trabajadores qué tienen que decir, por ejemplo, del deficitario resultado de la cadena de restauración de los Centros Turísticos. Qué dicen y, lo más importante, qué proponen, porque ellos son la pieza vital de los CACTS, con el fin de darle la vuelta a una paradójica situación: ¿cómo se pueden perder anualmente 350 millones de las antiguas pesetas tan graciosamente? No es lo mismo tener a una empresa, motor del Cabildo, con 6 millones de euros de superávit que contar con la misma empresa con 9 millones de euros. La transferencia a inversiones municipales e insulares, en pos del interés general, ganaría, como cantan los números, en una buena tajada de millones. Ganaríamos todos y también los empleados de los Centros.
Las bajas voladas conejeras, al decir de Agustín de la Hoz, los balones fuera y el insulto y la intimidación, deben desaparecer de la escena pública insular. Y en ésas tienen que coincidir los demócratas de la Isla: a favor de la libertad de expresión, de la crítica argumentada y del debate contrastado. Hizo bien, por lo tanto, Andrés Barreto en bajarle los humos a quienes estaban un tanto alterados con Lancelot. Muchos de estos trabajadores se percataron de su error y presentaron disculpas a los anteriormente insultados. El trasmallo de esta semana así lo reconoce también:
Ataque al grupo Lancelot
Y en lo que a nosotros nos toca, no nos vamos a molestar en desmentir las estupideces, calumnias o insultos que nos han caído encima. Sólo nos quejamos de que hayan querido limitar nuestro derecho al trabajo y a la libertad de expresión y de opinión. Es la postura de esta casa y es tan válida como cualquier otra, por muy distinta que sea. Por encima de todo está el derecho a la información y ése es nuestro trabajo: informar. Eso sí, también es cierto que tenemos que agradecer las llamadas de disculpa recibidas por parte de algunos trabajadores que aunque no comparten nuestra postura tampoco justifican el comportamiento de algunos compañeros suyos. Es más, el propio Andrés Barreto se ha visto obligado a recordar a algunos trabajadores que la huelga no es contra el Lancelot sino contra Pedro San Ginés y la Epel.
Una cuestión tan clara como un ataque antidemocrático a la libertad de expresión ha traído asimismo unas raras equidistancias en algunas tibias reacciones. En estos días he escuchado disparates en boca de personas a las que doy por demócratas. “Es que Jorge se ha pasado con sus formas”; “Lancelot es muy descarado a favor de San Ginés (como si fuera un pecado coincidir con un político); “Escribe al dictado de quien le paga”. Pamplinas, oigan, que insultan a la inteligencia. Se está, o no, con la libertad de expresión y contra los ataques a ésta. En mi caso no tengo duda, ni justifico parcial o totalmente, porque es Lancelot (el medio de comunicación malvado se dice el membrillo intelectual para justificar su estupidez), y escribo aquí mi solidaridad para con los medios que dirige Jorge Coll.
Solidaridad expresada, me permitirá el sr. Coll abrir un pequeño paréntesis para cerrar este artículo. No son casos semejantes, la verdad. Una cosa es increpar e insultar, como desgraciadamente ha pasado, y otra muy distinta resulta de aprovechar los mecanismos de un Estado de derecho para solicitar el secuestro de una publicación. No está en mi ánimo, pues, equiparar. Sí, en cambio, remarcar algunas frases que imagino suyas en el trasmallo del 7 de marzo de 2003 a raíz del secuestro del número 11 de Cuadernos del Sureste. Decía usted:
Secuestros y tonterías
Muchas tonterías se están diciendo en torno al serio asunto de la retirada de la revista “Cuadernos del Sureste” por orden judicial. Por lo visto y oído les gustarían que nos diéramos una ración de latigazos diaria porque no estamos los periodistas lanzaroteños todo el día hablando del secuestro. La mayoría de los medios de comunicación de la Isla han cubierto con profusión de datos y opiniones el secuestro cautelar de la revista por incluir un artículo dentro de la carpeta dedicada a la corrupción sobre el abogado y secretario del Ayuntamiento de Arrecife, Felipe Fernández Camero, que presuntamente daña gravemente la imagen de éste. La gran mayoría de esas informaciones y opiniones que hemos leído y oído en los medios escritos han estado claramente sesgadas a favor de la revista. La mayoría han insinuado que la medida de la retirada de la circulación de los “Cuadernos” decretada por el juez ha sido excesiva e innecesaria, (nosotros creemos que, sobre todo, ha sido una torpeza, pero respetamos la decisión judicial por mucho que creamos que ésta no sea infalible).
Libertad y derechos
Pero si lo que pretenden, al menos uno de ellos, es que defendamos sus intereses y cuotas de poder para seguir manteniendo posiciones de privilegio en la estructura social lanzaroteña, revistiendo esos objetivos con un canto a la libertad de expresión, que todos defendemos, se equivocan, y pincha en hueso al menos con nosotros. Nosotros defenderemos la libertad de expresión, eso sí, de unos y de otros. Si por algo se ha caracterizado LANCELOT en su 21 años de existencia es por procurar dar siempre las dos o más versiones sobre los asuntos polémicos, para que luego nuestros lectores opinen. Porque lo que llama la atención no es que los demandados crean que tienen la razón –que es lógico– ni que la defiendan como mejor crean, sino que pretendan “stalinizar” la opinión de periodistas buenos o malos, según ellos valoren que les hayan apoyado más o menos en sus intereses.
Confundir al personal
No ha sido un “secuestro gubernativo” que ocurría en épocas pretéritas ya olvidadas, ha sido una retirada de la circulación de una publicación que ordena un Juez en un Estado de Derecho, que sopesó esos dos delicados derechos constitucionales normalmente confrontados, como son el derecho que tienen los ciudadanos a recibir y dar información y los derechos al honor que tienen las personas. Como llama la atención ese fariseísmo de rasgarse las vestiduras por el secuestro, como si Lanzarote se hubiera quedado sin medios de expresión, cuando saben que la retirada no ha tenido efectividad (la revista ya estaba vendida) y, por el contrario, ha servido para darle una mayor publicidad a una publicación prácticamente desconocida y que salía cuando podía, con uno o dos ejemplares, más o menos al año. Vamos, que la libertad de expresión, para el bien de la sociedad lanzaroteña, goza de buena salud en esta isla donde abundan los medios informativos, con una pluralidad de opiniones envidiable, buenos profesionales y donde la mayoría de los medios abren sus páginas o sus micrófonos al ciudadano de a pie para que exprese lo que quiera, por muchas insensateces que creamos que algunos sueltan por esas bocas.
Le remarco lo que en su día me llamó la atención, hace algo más de cuatro años: “Como llama la atención ese fariseísmo de rasgarse las vestiduras por el secuestro, como si Lanzarote se hubiera quedado sin medios de expresión, cuando saben que la retirada no ha tenido efectividad (la revista ya estaba vendida) y, por el contrario, ha servido para darle una mayor publicidad a una publicación prácticamente desconocida y que salía cuando podía [vamos, según Lancelot, el ex secretario del Ayuntamiento de Arrecife le hizo un favor a Cuadernos del Sureste solicitando el secuestro], con uno o dos ejemplares, más o menos al año. Vamos, que la libertad de expresión, para el bien de la sociedad lanzaroteña, goza de buena salud en esta isla donde abundan los medios informativos, con una pluralidad de opiniones envidiable, buenos profesionales y donde la mayoría de los medios abren sus páginas o sus micrófonos al ciudadano de a pie para que exprese lo que quiera, por muchas insensateces que creamos que algunos sueltan por esas bocas”. No había atentado contra la libertad de expresión por un secuestro porque las ondas y las páginas de otros medios seguían con su maquinaria sin secuestrar. Que es casi como manifestar que los insultos de algunos a su medio no atentó contra la libertad de expresión porque no insultaron a La Provincia, a Canarias7 o a Localia. Cuestión que desecho, claro, porque antes denunciaba al membrillo, intelectualmente hablando, por supuesto, que justificaba o entendía los ataques a Lancelot. Y a favor de libertad de expresión se está o no se está. Yo estoy.
chino cudeiro
9:26 | 7 Mayo 2007 | Permalink
Lancelot es una revista que siempre se ha caracterizado por lamer la oreja a los poderosos. De un tiempo a esta parte los poderosos son los de coalición canaria, y se cuida mucho de meterse con ninguno de ellos. Pero tampoco creo que lo haga de forma demasiado consciente, lo veo más como un mecanismo de autodefensa de un medio de comunicación pequeño que depende de la publicidad y de que la gente compre su revista, gente que en buena parte es votante de coalición canaria. Si en estas próximas eleccione coalición da un bajón importante ya veremos como Jorge Coll de pronto empieza a cambiar el rumbo.
De todos modos, estoy de acuerdo con Josechu en que lo los trabajadores de los CACT no tiene ninguna justificación. Leyendo el trasmallo de los tiempos aquellos del secuestro, uno no puede evitar pensar que si esto le hubiera pasado a cualquier otra revista a lo mejor Coll le habría intentado quitar hierro al asunto, como hizo con el secuestro. Puede que hubiera visto normal (o como una torpeza de los trabajadores) que se dedicaran a increpar y a impedir a los empleados del medio de comunicación de turno que hicieran su labor.
Pero allá cada cual con su bajeza moral. Ahora toca solidarizarse con Lancelot, por mucho que Jorge Coll no hubiera hecho lo mismo si hubiera sido otro el medio increpado, como demostró durante el secuestro.
chapapote
10:39 | 7 Mayo 2007 | Permalink
El artículo da donde duele. Pero sí, solidaridad con Jorge Coll… y con su culo, que el articulista deja completamente al aire. Mercancía de primera.
Uno
12:25 | 7 Mayo 2007 | Permalink
¿Atinado el visto bueno de Coll?. Dice literalmente: O los trabajadores cambian el chip y se adaptan al mercado, o habrá que cambiar a los trabajadores. ¿Se debe tomar como amenaza, como advertencia…?, ¿como respeto a la libertad sindical?. ¿De ahí a decir: o trabajas cuando y como yo quiera, sin cobrar horas extras o al precio que quiera o te vas a la calle, cuánto hay?. ¿Es atinada esa conclusión de este empresario de la comunicación para reflotar los Centros?. ¿Por qué no cambiar el chip de los que los dirigen o echarlos a la calle?. En ese cambio de chip, ¿por qué no aceptar que los Centros no deben publicitarse en un medio local, presionando de este modo para intentar conseguir una información favorable? ¿Qué efecto hace una publicidad del Mirador del Río en una página de Lancelot?, ¿que vayan los conejeros a ver La Graciosa?. Dicho esto, totalmnte de acuerdo con defender activamente la libertad de expresión ye información de Lancelot, de su director y de que elija la línea editorial que crea oprtuna. ¿Pero es atinada esa conclusión que suena a la típica amenaza empresarial? La precariedad laboral, hay que recordar, es una de las máximas amenazas a la libertad de expresión. La amenaza de despido fácil cercena el espíritu crítico del periodista
YOVOTOENBLANCO
12:34 | 7 Mayo 2007 | Permalink
Josechu, ¿ y quién tiene solidaridad con Lanzarote ? ni los unos ( trabajadores de los centros) ni los otros ( politiquillos de turno ), y la prensa por medio opinando bien o mal pero por lo menos con libertad de expresión que a más de uno le gustaria que no existiera pero que se jodan los intolerantes, pero me remito a mi pregunta , ¿ QUIEN COÑO SE SOLIDARIZA CON NUESTRA POBRE ISLA? .
Jaime
13:07 | 7 Mayo 2007 | Permalink
El Sr. Coll escribe muy facil porque mueve poco el trasero. Se limita a seguir las directrices de CC, para cobrar a final de mes su empeño editorial en favor de esta fuerza politica. Desde un despacho y con una rotativa a disposicion se escribe cualquier cosa. Otra cosa bien distinta es que pueda tener razòn . Yo no voto en blanco. Yo voto a candidaturas.
Javier Díaz Reixa
0:05 | 8 Mayo 2007 | Permalink
Chapeau, Josechu. Y mi solidaridad con los periodistas increpados y con el medio que dirige Jorge Coll, con quien estoy casi siempre en desacuerdo; ante cualquier intento de intimidación por la expresión de cualquier idea, todos a una. Solo ante el rechazo mayoritario de estos comportamientos lograremos erradicarlos de la escena pública.
ANTONIO FRANCISCO
12:58 | 11 Mayo 2007 | Permalink
Yo entiendo que muchos políticos y trabajadores no acepten eso de la libertad de comunicación pública y el pluralismo que debe imperar en los mass media. Yo considero al semnario Lancelot como un medio libre, indepedientemente de su linea editorial. Todos los medios la tienen. El Pais, el ABC, Localia, La Provincia, etc. Josechu hace un buen análisis y se denota su buen talante democrático. Lo que no se puede permitir es que algunos trabajadore que incluso trabajan en empresas públicas intenten coartar el trabajo de los periodistas y el derecho de la información. Pero en fin, en Lanzarote los que no juegan al victimismo, tienen carencia de memoria histórica, como el seudo socialista Carlos Espino, que se ve que añora a Stalin, auqnue con su palabrerio sabe encubrirlo. Pobre Lanzarote si los que casi arrinan a las instituciones públicas vuelven al poder, me refiero Psoe-Pil.
Inalsa y los Centros Turísticos tiemblan…
El voto es libre.