Lunes, 7 de Mayo de 2007

Solidaridad con Lancelot

Josechu Pérez Niz

El semanario Lancelot resultó intimidado e insultado el día inaugural de la huelga de los trabajadores de los Centros Turísticos. En un antidemocrático ejercicio, algunos la emprendieron con la periodista y la cámara que cubrían el acto. A los antidemócratas les disgusta el enfoque que Jorge Coll, director del grupo Lancelot, ha ofrecido sobre las diferentes grescas que se han vivido en los CACTS en estos cuatro años.

Los variados argumentos que ha esgrimido Coll dirigidos a gestionar como se merecen los Centros Turísticos (los últimos los encontramos en su atinado Visto Bueno del viernes pasado) topan con las típicas insensateces (”el colilla es un peseta”, “Lancelot es de Coalición”) que muestran claramente los retrasos que todavía padece Lanzarote en el plano democrático. Esto de debatir o rebatir no está de moda y según tu modelo de expresión hasta puedes ser emprendido mientras trabajas (bemoles tiene la cosa, trabajadores increpando a trabajadores). La baja volada conejera, en cambio, es el arma preferida de quien discrepa. En este asunto, me siento totalmente cercano a las tesis del sr. Coll, pero si disintiera, por las presuntas falsedades que ha expresado en torno a los CACTS, estaría tardando en reaccionar respondiéndole punto por punto a las supuestas afrentas lancelotianas. Y a buen seguro que Coll abriría las puertas del grupo Lancelot, e incluso invitaría a café en la televisión, para contrastar opiniones.

A fin de cuentas hablamos de gestión y resultaría enriquecedor escuchar a los representantes de los trabajadores qué tienen que decir, por ejemplo, del deficitario resultado de la cadena de restauración de los Centros Turísticos. Qué dicen y, lo más importante, qué proponen, porque ellos son la pieza vital de los CACTS, con el fin de darle la vuelta a una paradójica situación: ¿cómo se pueden perder anualmente 350 millones de las antiguas pesetas tan graciosamente? No es lo mismo tener a una empresa, motor del Cabildo, con 6 millones de euros de superávit que contar con la misma empresa con 9 millones de euros. La transferencia a inversiones municipales e insulares, en pos del interés general, ganaría, como cantan los números, en una buena tajada de millones. Ganaríamos todos y también los empleados de los Centros.

Las bajas voladas conejeras, al decir de Agustín de la Hoz, los balones fuera y el insulto y la intimidación, deben desaparecer de la escena pública insular. Y en ésas tienen que coincidir los demócratas de la Isla: a favor de la libertad de expresión, de la crítica argumentada y del debate contrastado. Hizo bien, por lo tanto, Andrés Barreto en bajarle los humos a quienes estaban un tanto alterados con Lancelot. Muchos de estos trabajadores se percataron de su error y presentaron disculpas a los anteriormente insultados. El trasmallo de esta semana así lo reconoce también:

Ataque al grupo Lancelot

Y en lo que a nosotros nos toca, no nos vamos a molestar en desmentir las estupideces, calumnias o insultos que nos han caído encima. Sólo nos quejamos de que hayan querido limitar nuestro derecho al trabajo y a la libertad de expresión y de opinión. Es la postura de esta casa y es tan válida como cualquier otra, por muy distinta que sea. Por encima de todo está el derecho a la información y ése es nuestro trabajo: informar. Eso sí, también es cierto que tenemos que agradecer las llamadas de disculpa recibidas por parte de algunos trabajadores que aunque no comparten nuestra postura tampoco justifican el comportamiento de algunos compañeros suyos. Es más, el propio Andrés Barreto se ha visto obligado a recordar a algunos trabajadores que la huelga no es contra el Lancelot sino contra Pedro San Ginés y la Epel.

Una cuestión tan clara como un ataque antidemocrático a la libertad de expresión ha traído asimismo unas raras equidistancias en algunas tibias reacciones. En estos días he escuchado disparates en boca de personas a las que doy por demócratas. “Es que Jorge se ha pasado con sus formas”; “Lancelot es muy descarado a favor de San Ginés (como si fuera un pecado coincidir con un político); “Escribe al dictado de quien le paga”. Pamplinas, oigan, que insultan a la inteligencia. Se está, o no, con la libertad de expresión y contra los ataques a ésta. En mi caso no tengo duda, ni justifico parcial o totalmente, porque es Lancelot (el medio de comunicación malvado se dice el membrillo intelectual para justificar su estupidez), y escribo aquí mi solidaridad para con los medios que dirige Jorge Coll.

Solidaridad expresada, me permitirá el sr. Coll abrir un pequeño paréntesis para cerrar este artículo. No son casos semejantes, la verdad. Una cosa es increpar e insultar, como desgraciadamente ha pasado, y otra muy distinta resulta de aprovechar los mecanismos de un Estado de derecho para solicitar el secuestro de una publicación. No está en mi ánimo, pues, equiparar. Sí, en cambio, remarcar algunas frases que imagino suyas en el trasmallo del 7 de marzo de 2003 a raíz del secuestro del número 11 de Cuadernos del Sureste. Decía usted:

Secuestros y tonterías

Muchas tonterías se están diciendo en torno al serio asunto de la retirada de la revista “Cuadernos del Sureste” por orden judicial. Por lo visto y oído les gustarían que nos diéramos una ración de latigazos diaria porque no estamos los periodistas lanzaroteños todo el día hablando del secuestro. La mayoría de los medios de comunicación de la Isla han cubierto con profusión de datos y opiniones el secuestro cautelar de la revista por incluir un artículo dentro de la carpeta dedicada a la corrupción sobre el abogado y secretario del Ayuntamiento de Arrecife, Felipe Fernández Camero, que presuntamente daña gravemente la imagen de éste. La gran mayoría de esas informaciones y opiniones que hemos leído y oído en los medios escritos han estado claramente sesgadas a favor de la revista. La mayoría han insinuado que la medida de la retirada de la circulación de los “Cuadernos” decretada por el juez ha sido excesiva e innecesaria, (nosotros creemos que, sobre todo, ha sido una torpeza, pero respetamos la decisión judicial por mucho que creamos que ésta no sea infalible).

Libertad y derechos

Pero si lo que pretenden, al menos uno de ellos, es que defendamos sus intereses y cuotas de poder para seguir manteniendo posiciones de privilegio en la estructura social lanzaroteña, revistiendo esos objetivos con un canto a la libertad de expresión, que todos defendemos, se equivocan, y pincha en hueso al menos con nosotros. Nosotros defenderemos la libertad de expresión, eso sí, de unos y de otros. Si por algo se ha caracterizado LANCELOT en su 21 años de existencia es por procurar dar siempre las dos o más versiones sobre los asuntos polémicos, para que luego nuestros lectores opinen. Porque lo que llama la atención no es que los demandados crean que tienen la razón –que es lógico– ni que la defiendan como mejor crean, sino que pretendan “stalinizar” la opinión de periodistas buenos o malos, según ellos valoren que les hayan apoyado más o menos en sus intereses.

Confundir al personal

No ha sido un “secuestro gubernativo” que ocurría en épocas pretéritas ya olvidadas, ha sido una retirada de la circulación de una publicación que ordena un Juez en un Estado de Derecho, que sopesó esos dos delicados derechos constitucionales normalmente confrontados, como son el derecho que tienen los ciudadanos a recibir y dar información y los derechos al honor que tienen las personas. Como llama la atención ese fariseísmo de rasgarse las vestiduras por el secuestro, como si Lanzarote se hubiera quedado sin medios de expresión, cuando saben que la retirada no ha tenido efectividad (la revista ya estaba vendida) y, por el contrario, ha servido para darle una mayor publicidad a una publicación prácticamente desconocida y que salía cuando podía, con uno o dos ejemplares, más o menos al año. Vamos, que la libertad de expresión, para el bien de la sociedad lanzaroteña, goza de buena salud en esta isla donde abundan los medios informativos, con una pluralidad de opiniones envidiable, buenos profesionales y donde la mayoría de los medios abren sus páginas o sus micrófonos al ciudadano de a pie para que exprese lo que quiera, por muchas insensateces que creamos que algunos sueltan por esas bocas.

Le remarco lo que en su día me llamó la atención, hace algo más de cuatro años: “Como llama la atención ese fariseísmo de rasgarse las vestiduras por el secuestro, como si Lanzarote se hubiera quedado sin medios de expresión, cuando saben que la retirada no ha tenido efectividad (la revista ya estaba vendida) y, por el contrario, ha servido para darle una mayor publicidad a una publicación prácticamente desconocida y que salía cuando podía [vamos, según Lancelot, el ex secretario del Ayuntamiento de Arrecife le hizo un favor a Cuadernos del Sureste solicitando el secuestro], con uno o dos ejemplares, más o menos al año. Vamos, que la libertad de expresión, para el bien de la sociedad lanzaroteña, goza de buena salud en esta isla donde abundan los medios informativos, con una pluralidad de opiniones envidiable, buenos profesionales y donde la mayoría de los medios abren sus páginas o sus micrófonos al ciudadano de a pie para que exprese lo que quiera, por muchas insensateces que creamos que algunos sueltan por esas bocas”. No había atentado contra la libertad de expresión por un secuestro porque las ondas y las páginas de otros medios seguían con su maquinaria sin secuestrar. Que es casi como manifestar que los insultos de algunos a su medio no atentó contra la libertad de expresión porque no insultaron a La Provincia, a Canarias7 o a Localia. Cuestión que desecho, claro, porque antes denunciaba al membrillo, intelectualmente hablando, por supuesto, que justificaba o entendía los ataques a Lancelot. Y a favor de libertad de expresión se está o no se está. Yo estoy.