Viernes, 11 de Mayo de 2007

El Golfo: Las chapuzas de Olivia y Popeye

Javier Díaz Reixa

Hay una delgada línea que separa lo divertido de lo grotesco. En épocas preelectorales, es típico ver el cuerpo a cuerpo en el que se enzarzan los candidatos, a cuento de las más variopintas cuestiones, a veces incluso totalmente ajenas al escenario en el que se disputan los votos. Por eso, resultaría divertido, si no fuera grotesco, el intercambio de tonterías y sandeces en el que se han enfrascado unos y otros, a propósito de la decisión de la Dirección General de Costas de impugnar el acuerdo de la COTMAC, “por el que se pretende consolidar el suelo urbano de El Golfo con anterioridad a la entrada en vigor de la Ley de Costas”.

De un lado, algunos tontos creen que, de tanto pastorear al rebaño, nos hemos convertido, sus votantes, y todos nosotros, en borregos, y achacan el desaguisado al malvado Zapatero, al que pronto acusarán de ser el destinatario real de las lapas de Marcos Páez y de haber agredido a Jeremías con un socorrido disfraz preparado para la ocasión. La pretensión de fondo de estos pánfilos, claro está, es la de presentarse ante los vecinos y simpatizantes de la causa como los adalides del pueblo, los “defensores de lo nuestro”, frente a los malvados socialistas, responsables de que se aireen sucesos de corrupción que, al parecer, solo existen en sus calenturientas mentes.

Dentro de este pelotón, sobresalen los chicos del sur que, después de no haber hecho los deberes (buena parte del problema radica en que la mayoría de gobierno actual, y las anteriores, no han adaptado su planeamiento general a la legislación urbanística), pretenden ahora sacar tajada del conflicto, siendo, como son, los mayores responsables del desaguisado.

En esto vienen en su auxilio las huestes de pier-no-doy-una, al parecer empeñados en perder la carrera, entrando sistemáticamente al menor trapo que se les tira; les están haciendo la campaña, oye. En esta ocasión, sale a escena Olivia con la inapreciable asistencia técnica de Popeye, harto de poder (el spending power), y se supone que también de espinacas.

Popeye es un buen chico, de carácter hosco y reservado, con un punto soberbio, prepotente y autoritario, pero cuyo principal defecto es su sectarismo de inspiración soviética y el encono personal con que actúa gobernado por esa musa, que pueden llevarle, y frecuentemente le han llevado, a extremos grotescos. Pepe Fernández, el Director General de Costas, vuelve a columpiarse en esta ocasión, haciendo gala de un oportunismo digno de mejor causa, guiado por el más primitivo canibalismo político.

Y conviene que la gente sepa que no es un suceso casual, sino que la misma táctica están siguiendo en otros lugares de las islas, donde también se nos presentan como los adalides de lo público y como los salvadores del pueblo, con la particularidad de que primero queman el monte, e inmediatamente después se presentan como bomberos voluntarios, porque los demás “son unos incompetentes” y “no saben gestionar adecuadamente”.

En el caso de El Golfo, en el término municipal de Yaiza, dice Olivia que el informe de la COTMAC “es una chapuza”, que “no tiene validez legal” para resolver el conflicto de los propietarios de las casas de El Golfo afectadas por la servidumbre de protección”, y que la vía correcta para hacerlo, es “anular la ordenación antigua e incorporar el núcleo pesquero con carácter urbano”, por lo que “si la COTMAC y el Ayuntamiento de Yaiza se aplican en hacer bien su trabajo y liberan las casas de la servidumbre a través del planeamiento, la actual situación es reconducible”, recordando a los residentes de El Golfo que en estas fechas electorales “es normal que se trate de manipular la realidad y de hacer demagogia barata”, mientras que los socialistas “no sólo no escondemos la cabeza sino que nos ponemos manos a la obra y ponemos soluciones sobre la mesa”, mientras “otros se limitan a pasear por los medios de comunicación haciendo declaraciones infundadas y tendenciosas, con el fin de arañar unos votos de última hora”.

Bueno, no es mi caso. Yo no me presento a las elecciones, y además advierto, frente a los atolondrados de turno, que he sido votante socialista en las últimas elecciones. Pero, coño, me siento aludido, conozco el proceso de elaboración de ese informe, he visto a los técnicos de la COTMAC, cuya alta cualificación me consta, dedicarle muchas horas de esfuerzo (no sólo en El Golfo, también en La Santa), he contemplado las manifestaciones de los vecinos afectados, y he observado las declaraciones cruzadas de los grupos políticos, y su obscena explotación del asunto.

En el caso de El Golfo, he acudido a la web del Partido Socialista, para enterarme de la cualificación profesional de doña Olivia Cedrés para cometer la osadía de decir que ese informe es una “chapuza”. Rápidamente comprendí que Olivia habla de oídas, y caí además en la cuenta de que el responsable del desaguisado es Popeye, y que él es el auténtico culpable de los desvaríos de Olivia.

En fin, de Popeye, ya casi nada puede extrañarme; es un tipo aparentemente inteligente, pero tiene algún tipo de dificultad motora, que le hace moverse siempre con gran torpeza y tosquedad. Lo único que espero es que aplique los mismos criterios para culminar el expediente del deslinde de Los Pocillos, y que, aunque sea para arañar unos cuantos votos para su amada Olivia, acabe resolviendo el problema de El Golfo.

A Olivia, no, a Olivia le deseo otra cosa, porque ella no sabe de qué va, y a diferencia de Popeye, no actúa de mala fe. Olivia es joven, buena profesional, pero su valía está por ver. Le recomendaría que sujetara su lengua, que aprenda a traducir las tosquedades de Popeye y otros asesores áulicos en mensajes más inspirados, que no haga utilización obscena de este asunto, y que le diga a Popeye que se deje de enredar, y que respete a los técnicos y profesionales de otras Administraciones, que al menos no incurren en el desafuero de obscena utilización de las instituciones que con tanto ahínco practica.

No sé las posibilidades que tiene Olivia de gobernar en Yaiza, sola o mediante pactos. Desde luego, no le arriendo la ganancia, porque se va a encontrar con un saco de problemas de enormes dimensiones, producto de muchos años de política de tierra quemada. Pero yo le deseo que gane, porque a Olivia le pasa como a sus compañeros socialistas en otros lugares del archipiélago: lo mejor que le puede pasar a Canarias y a la democracia, es que ganen, porque creo que va a ser la única manera de que crezcan y maduren, y que aprendan a combinar el entusiasmo juvenil con la responsabilidad de gobernar. Después de mucho esperar y reflexionar, me parece la única manera de que estos chicos crezcan, moderen el ímpetu juvenil que les lleva al atolondramiento y aprendan a medir sus palabras y a no hacer la “demagogia barata” que dicen combatir.

De modo que clamo a favor de Olivia y su legítimo deseo de gobernar en Yaiza en la próxima legislatura. Hagamos lo que le pedía a la población una malvada e implacable alma majorera, que, al presentarse a las elecciones un candidato que había tenido un hijo producto de una aventura extramatrimonial, y se negaba a asumir sus responsabilidades, escribió, en una enorme e inmaculada pared blanca a la entrada de Puerto Cabras: “Vota por X, ¡hazlo por el niño!”.