Jorge Marsá
El dueño del Centro Canario Nacionalista (CCN), Ignacio González, logró ganarse su trozo de la tarta mediática la semana pasada con una propuesta resumida por medio de un sonoro eslogan: “Pobreza no, petróleo sí”. La sorna, cuando no el desprecio, fue la contestación de sus adversarios políticos. Parece natural una respuesta de esa guisa ante semejante simpleza.
Sin embargo, lo que subyace en la propuesta –obviando la tosquedad de la formulación– es una idea ampliamente aceptada: para eliminar o reducir la pobreza resulta imprescindible incrementar la riqueza. Son muy pocos los que no comparten el criterio de que sólo el crecimiento económico nos permitirá disminuir la pobreza. Razón por la cual, el crecimiento de la economía es el objetivo primordial que comparten todos los partidos políticos con expectativas de cortar bacalao. Dicho de otro modo, nadie se hubiera reído si González hubiera afirmado que para reducir la pobreza en Canarias tenemos que elevar la tasa de crecimiento de nuestra economía.
Lo curioso del asunto es la escasa relación que guarda con la realidad una creencia tan generalizadamente compartida. Resulta innegable que en los países más desarrollados el crecimiento de la riqueza durante las últimas seis décadas ha sido asombroso, y que la gran mayoría de la población se ha beneficiado de ese incremento. De hecho, las rentas reales medias se han duplicado en los países ricos en los últimos 30 años. Pues bien, pese al llamativo aumento de la riqueza, los niveles de pobreza en los países de la OCDE se han mantenido prácticamente constantes. Si prescindimos de las notables diferencias entre esos países, nos encontraremos con que alrededor de un 10 por ciento de la población continúa siendo pobre, y con que esa cifra apenas ha variado en las tres últimas décadas.
La otra forma en que suele formularse la idea que nos ocupa puede resumirse de este modo: la mejor manera de reducir la pobreza es creando puestos de trabajo. Tampoco contada así se compadece con lo que nos muestra la historia económica reciente: el número de empleos creados por las distintas economías de los países ricos ha sido ciertamente notable, pero la cantidad de ciudadanos que viven en condiciones de pobreza no ha disminuido. (En Canarias, son unos cuantos los que acuden al fenómeno de la inmigración para explicar la paradoja… y los que procuran olvidar que ocurre tres cuartos de los mismo allí donde los inmigrantes apenas llegan).
En resumen, puesto que el crecimiento económico –y del empleo– ha sido innegable y de consideración, cualquier persona sensata llegaría a la conclusión de que algo falla en la creencia de que ese crecimiento es la única solución para erradicar la pobreza. Y falla porque se acude a la economía para explicar lo que, en realidad, no es un problema económico: hemos llegado a acumular riqueza más que de sobra para eliminar la pobreza. La forma en que se reparte la riqueza en una sociedad es una cuestión claramente política, y las significativas diferencias que en el terreno de la igualdad muestran los países ricos no obedecen al mayor o menor éxito de sus economías, sino a las decisiones políticas que se tomaron sobre la redistribución de la riqueza.
Así que, resulta estúpido, por supuesto, sostener que el petróleo que pudiera existir en las costas canarias nos permitiría acabar con la pobreza. Pero, como la experiencia demuestra, tan estúpido como afirmar que un mayor crecimiento de la economía canaria reducirá la pobreza en nuestra sociedad. Y bien que insisten.
PD: Si alguien está interesado en acabar de verdad con la pobreza, no tiene más que acudir a soluciones más apropiadas. Pero mientras no quieran saber nada, ni a derecha ni a izquierda, de subir los impuestos y de la renta básica de ciudadanía, casi mejor que se ahorren las prédicas.
chino cudeiro
9:44 | 21 Mayo 2007 | Permalink
Estoy cien por cien de acuerdo. Si hubiera diez veces más riqueza en Canarias lo único que pasarìa es que los ricos serían diez veces más ricos… y los pobres seguiríamos siendo igual de pobres. Porque así está montado el tinglado, de tal forma que toda la riqueza que se genera siempre acaba en las mismas cuentas corrientes. Lo que hay que hacer es implantar mecanismos que favorezcan un mejor reparto de lo que ya tenemos. Mira todos esos paises en los que esos mecanismos son casi inexistentes pero tienen un montón de petróleo. ¿Dónde están los millones que Oriente Medio gana todos los días gracias a su petróleo? ¿Y los de Venezuela? ¿Y los millones por los diamantes que hay en el Congo?
Pedro G
10:07 | 21 Mayo 2007 | Permalink
La maldición de las materias primas le llaman a lo que ocurre en esos países que rebosan petróleo y pobreza. Es otra prueba de lo que dice el artículo, que la pobreza no es una cuestión económica sino política.
Anabel Medina
11:58 | 21 Mayo 2007 | Permalink
El consenso en torno a la bondad del crecimiento económico no sólo es compartido por izquierda y derecha, sino que se ha convertido en el auténtico talismán de nuestras sociedades. No hay candidato en estas elecciones que no abogue y se comprometa a impulsar un mayor desarrollo económico para su comunidad o municipio, escamoteando la explicación de quiénes serán los beneficiarios de tan ansiado maná. Pero nadie les puede tomar en serio, porque hasta el más tonto sabe que la lotería se basa en la ganancia de uno a costa de la pérdida de muchos.
Carmen
12:14 | 21 Mayo 2007 | Permalink
Marsá es raro y a veces que le leo me parece que dejó de ser de izquierda y otras veces como hoy escribe un artículo buenisimo y que es de izquierda.
Simón
12:58 | 21 Mayo 2007 | Permalink
Si, la verdad es que es raro… con lo simples que son las cosas…
german
16:18 | 21 Mayo 2007 | Permalink
ACLARACIÓN: La pobreza se mide en términos relativos: hace siempre referencia a la sociedad donde se mide y al tiempo en que se mide. Además, es falso que el porcentaje de pobres permanezca constante en las sociedades desarrolladas.
No es ningún consuelo, pero es lo que hay.
Otra cosa obvia, por mucho que el articulista intente por todos los medios ser original, si hay crecimiento económico y éste se distribuye bien también decrece la pobreza.
A mi juicio: se construye un artículo con dos falacias. Lo que pasa es que el buen manejo de las letras hace que parezca una verdad incontestable.
Saludos
Fernando Marcet
16:50 | 21 Mayo 2007 | Permalink
Adam Smith versus Karl Marx. Liberalismo económico contra proteccionismo estatal. Dos siglos después seguimos empantanados en la misma discusión, utilizando los mismos argumentos y conceptos que antaño, como si la realidad no hubiera cambiado como lo ha hecho. Como si el mundo fuera el mismo que fue.
¿Seguiría abogando Adam Smith por un crecimiento económico como un fin en sí mismo si conociera los actuales problemas a los que se enfrenta el planeta? Es decir, a finales del XVIII a nadie le entraba en la cabeza que los recursos pudieran escasear algún día. El ecologismo ni siquiera existía como concepto y era impensable imaginar que las actividades humanas pudieran llegara a afectar el equilibrio planetario. La sobrepoblación no se barruntaba ni las diferencias de clases que una competencia sin restricciones conllevaría.
Karl Marx, por el contrario, sí que se olió algo de esto. ¿Pero seguiría manteniendo su fe inquebrantable en la clase obrera si hubiera sido testigo de las atrocidades a las que un estado que todo lo controla y todo lo vigila, tipo Gran Hermano, puede llegar?
¿No es hora ya de que olvidemos los viejos estereotipos y germine un nuevo modelo económico que sepa conjugar estos dos antagonismos? ¿Nos olvidaremos de una vez de dividir el mundo entre zurdos y diestros, limitándonos a observarlo y adaptarnos a él? A él tal como es ahora, hoy en día, no como era allá cuando la revolución francesa.
El liberalismo económico no sirve. Simplemente no hay recursos para mantener esa caldera a toda máquina. El mundo se muere y los grandes capitales no van a hacer nada por evitarlo.
El ultraproteccionismo estatal tampoco vale. A estas alturas ya nadie está dispuesto a renunciar a determinadas libertades individuales, afortunadamente. La dictadura del proletariado ha demostrado demasiadas veces llegar a niveles de sadismo y crueldad intolerables, lo cual siendo grave, no es la mitad de lo que supone arrebatar al homo sapiens la última parte de su nombre.
Creo que sólo conjugando ambas visiones, utilizándolas al mismo tiempo en dosis rebajadas, lograríamos encontrar una receta eficaz y que nos sirviera ahora.
No tenemos que irnos muy lejos. Lanzarote necesita un modelo territorial restrictivo que impida a los grandes empresarios realizar los proyectos que sin duda harían si les dejáramos. ¿O alguien duda que si por ellos fuera aquí ya habría hoteles y campos de golf hasta en Timanfaya? Pero por otro lado necesitamos también que la libre competencia sea un hecho en algunos mercados, como el de la alimentación, desde hace mucho monopolizados por cuatro o cinco figuras. Son simplemente un par de ejemplos de los cientos que se podrían poner. Es de sentido común saber cuando aplicar el modelo proteccionista y cuando el liberal. De verdad creo que ninguno de los dos es válido por sí solo. Sobretodo hoy en día.
Jorge Marsá
2:14 | 22 Mayo 2007 | Permalink
Parece obligado contestar cuando le acusan a uno de decir falsedades. Eso es lo que hace Germán en su comentario sobre mi artículo: “Además, es falso que el porcentaje de pobres permanezca constante en las sociedades desarrolladas”. Responde a lo que yo afirmaba: “Si prescindimos de las notables diferencias entre esos países, nos encontraremos con que alrededor de un 10 por ciento de la población continúa siendo pobre, y con que esa cifra apenas ha variado en las tres últimas décadas”. Resulta sencillo aclararlo, basta con acudir a los datos de la OCDE:
El gráfico recoge la evolución de unos cuantos países ricos a lo largo de tres lustros –entre 1980 y 1995–, pero les aseguro que los datos serían muy similares si los extendemos a las tres décadas citadas. Como se ve, las diferencias entre países son muy notables, y en unos disminuye algo la pobreza y en otros aumenta, pero en general se mantiene bastante constante si hacemos una media. Parece claro que el fuerte crecimiento económico influye muy poco a la hora de disminuir la tasa de pobreza (que sí, que es relativa).
La pobreza es sustancialmente menor en los países nórdicos y los del Benelux y la más alta la encontramos en los países anglosajones. Como es conocido, el crecimiento económico de esos dos grupos de naciones ha sido bastante similar a lo largo de esos años. La diferencia, por lo tanto, no está en el aumento de la riqueza, sino en que los nórdicos y los del Benelux han aplicado políticas públicas destinadas a redistribuir la riqueza o a paliar la pobreza que han brillado por su ausencia en los anglosajones. En realidad, lo que muestra el gráfico es el devastador paso de la revolución conservadora que lideraron Thatcher y Reagan.
Destaca en el gráfico el caso del Reino Unido, que no destacaba por su pobreza, convertido tras el paso de Margaret Thatcher en el reino de la desigualdad: en tan sólo quince años se duplicó la tasa de pobreza. Sin embargo, Thatcher puso unas bases económicas que permitieron que el crecimiento económico de ese país haya sido superior al de los países nórdicos y el Benelux en las dos últimas décadas. Pero ese crecimiento no sólo no ha disminuido la pobreza, sino que la ha incrementado brutalmente.
Escribe German que “si hay crecimiento económico y éste se distribuye bien también decrece la pobreza”. Por supuesto, si se “distribuye bien”. Pero insisto en que disfrutamos ya de una riqueza más que suficiente para erradicar la pobreza, que no resulta imprescindible crecer más para hacerlo. Así que la clave para disminuir la pobreza en una sociedad tiene poco que ver con el crecimiento económico, y tiene todo que ver con las políticas públicas que se aplican para disminuir la desigualdad entre los ciudadanos.
Creo que los datos avalan el criterio que defendía en el artículo, y creo que Germán exageró un poco la nota al hablar de falsedad y falacias.
fijo pijo
4:09 | 26 Mayo 2007 | Permalink
sobre el comentario número 7:
¿ey tio aún no te has enterado de que existe desde hace más de cincuenta años una ideología política que se denomina social democracia…?