Martes, 22 de Mayo de 2007

Queda un mes para la piscina

Alberto Aza Rodríguez

Será la primera piscina pública de Lanzarote. Proyectada en el mandato 1983-1987, verá sus puertas abiertas en la próxima legislatura 2007-2011. No son los platos acuáticos que necesita una ciudad como Arrecife, pero ante la tardanza en culminar el proyectito parece mejor conformarse con mediocridades en mano que bondades volando.

Ayer se abrieron sus puertas para, según dijeron (aguanten las risas), establecer el proceso de preinscripción. Preinscripciones mediante, las habituales fotografías de rigor con apariciones un tanto faltas de sentido: ¿qué hacía el director general de Aguas del Gobierno Canario, Orlando Umpiérrez, en la pose de rigor? Ni idea, pero en las fotografías de Crónicas de Lanzarote sonreía muchísimo.

Por encima de la vergüenza torera en pos del titular y la foto del día siguiente sobresale en la información que la infraestructura deportiva abrirá sus puertas entre las siete de la mañana y las once de la noche, horario continuado, de lunes a viernes, de ocho a ocho los sábados y de nueve a dos de la tarde los domingos.

En mi opinión, estos horarios constituirán una de las mejores noticias para la ciudadanía arrecifeña en el próximo mandato. Una de las deficiencias más notables en las políticas deportivas en la isla resulta del poco empeño institucional por maximizar la rentabilidad social de éstas. Lo frecuente en las instalaciones municipales e insulares, deportivas, culturales o juveniles, es que estén más horas cerradas que abiertas en la franja con mayor tiempo libre del ciudadano: los fines de semana.

Con la piscina se corregirá esta paradójica circunstancia. En la base de esta buena noticia se sitúa el modelo de gestión que, para con esta infraestructura, ha escogido el grupo de gobierno capitalino. La indirecta. Será una empresa especializada en mantener, promover y potenciar los usos de aprendizaje deportivo, ocio y rehabilitación con los distintos platos acuáticos dependiendo de unas tarifas económicas sociales preestablecidas por la corporación municipal. Un acierto, sin duda, que repercutirá positivamente en las facilidades de nado al ciudadano en comparación a la siempre condicionadora en horarios, y mucho más cara, que la gestión directa, esto es, con contratación de trabajadores públicos.

El previsible éxito de esta medida –el número de deportistas potenciales se incrementará notablemente– debería facilitar la transferencia de este modelo de gestión a las escasas instalaciones existentes en Arrecife y el resto de la isla. Pienso yo que los ciudadanos se lo agradecerían a sus dirigentes.