Viernes, 7 de Septiembre de 2007

Gangas Paulino

Teresa Cárdenes

[La Provincia, 6 de agosto de 2007]

Si yo me llamara Paulino Rivero, alto honor del que Dios me libre y guarde, hoy mismo habría padecido un síncope compatible con el riesgo de muerte súbita al leer en los periódicos que su colega Manuel Chaves se propone ponerle un piso a todos los andaluces que ganen menos de 3.000 euros al mes. Promesa ésta que ha conjurado el peligro de que el censo poblacional de Canarias pueda desequilibrarse gravemente en los próximos meses con un aluvión de peninsulares deseosos de beneficiarse de los 100 euros al año (8 al mes) que el bueno de Paulino prometió descontarnos de la declaración de la renta, tramo autonómico, a todos aquellos seres humanos que hemos vendido nuestra alma al banco el día que aceptamos el bolígrafo del notario para firmar La Hipoteca.

Entiendo perfectamente que nuestro presidente Rivero esté sumamente disgustado. Yo también. De hecho, no logro remontar desde ayer el estado depresivo en que me sumió la dolorosa certeza de que ni en mil años de ejercicio como fiel contribuyente a las arcas del Paulinato conseguiría rozar siquiera el regalazo que Chaves promete a los suyos en forma de viviendas (700.000) de las que disfrutar a salvo de la pesadilla del euríbor y el colmillo retorcido de Jean Claude Trichet.

A lo que se añade, claro, la desazón corrosiva de la duda. Hasta ayer y después de mucho bucear en los simuladores de cuota de la banca electrónica, yo sólo dudaba entre seguir los píos consejos del vicepresidente Soria (sed buenos y cuidadín con los créditos, que luego hay que apoquinarlos), renegociar la hipoteca y volver a contratarla en yenes o francos suizos o acogerme a los acuerdos de Schengen y establecerme en sarkozylandia, en el bien entendido de que los galos pagan el mismo precio del dinero que le da la gana a Trichet, pero al menos encuentran un desahogo emocional en los papirotazos retóricos que su presidente le endosa al jefe del BCE cada vez que el uno toca los tipos y al otro se le calienta el pico. Ahora, a la duda he de añadir la hipótesis de emigrar a Almería, con el riesgo sobrevenido de que Chaves no gane sus elecciones de marzo y adiós, piso. Así que, por ahora, mejor me resigno a los 8 euros del Paulinato, que me dan por lo menos para pagar la décima parte de una cita con el psicoanalista. Una ganga, oyes.