Lunes, 15 de Octubre de 2007

Más de diez años

Jorge Marsá

Parece que la actualidad política en Lanzarote va a estar este curso aún más marcada por la Justicia. Las causas judiciales llegan en cascada y con protagonistas bien señalados: José Francisco Reyes, Juan Pedro Hernández, Dimas Martín, María Isabel Déniz, Felipe Fernández Camero… Quizá el declive de este último, del que fue gran conseguidor y que ahora no hace más que perder un pleito detrás de otro, pudiera anunciar, esperémoslo, un cambio de época en la política insular o para ser más exactos, en la corrupción insular.

El último episodio en materia judicial era el que nos traía el pasado miércoles Diario de Lanzarote: el caso Forelan. La cosa es seria: “la Fiscalía pide 10 años de prisión para los 4 acusados”, al menos tres de ellos estrechamente vinculados a Coalición Canaria y al Gobierno regional. Difícilmente habrían podido beneficiarse tanto y tan fraudulentamente del dinero de todos si no hubiera existido esa estrecha vinculación.

Los fondos públicos destinados a la formación profesional y al reciclaje de los desempleados han conformado durante los últimos años en Canarias –y no sólo en Canarias– un caldo de cultivo para la corrupción que era bien conocido. Así que lo primero que llama la atención del caso Forelan es la importancia que cobra una sociedad civil activa cuando la Fiscalía no cumple –o no puede cumplir por falta de personal y medios– con su obligación. Tuvo que ser la asociación empresarial Aetur, con Gerardo Fontes a la cabeza, la que denunciara los hechos en 1998. Y la que protestara el pasado año ante el Juzgado por la demora en la celebración del juicio.

Esa tardanza constituye una manifestación más de que la Justicia en España dista mucho de ser justa. Porque no puede considerarse justo que se tarde más diez años en hacer justicia, que es lo que se tardará en el caso Forelan, al que le queda el juicio y los recursos posteriores, y en tantos otros casos.

El mal funcionamiento de la Justicia es uno de los grandes problemas que tiene la sociedad española, y muy poco han hecho este Gobierno y el anterior por ponerle remedio. Sin embargo, la seguridad de los españoles queda en entredicho si hacen falta más diez años para resolver un denuncia judicial. Los derechos de los ciudadanos se limitan si hacen falta más diez años para defenderlos en un juzgado. La convivencia entre los españoles se complica si hacen faltan más diez años para resolver los conflictos. La actividad económica se resiente si hacen falta más diez años para resolver una disputa en la ultima instancia, que es la judicial…

No es el problema de la Justicia el de unos pocos, si no, como decíamos, uno de los más serios que afectan a la sociedad española, que difícilmente podrá situarse entre las más desarrolladas o avanzadas mientras permanezca sin resolver. Y, por el momento, el estado de la Justicia ni siquiera aparece entre las prioridades de la agenda política y del debate público en nuestro país. Quizá hagan falta más de diez años para que así sea.