Miércoles, 5 de Diciembre de 2007

Cuesta entender

Jorge Marsá

La escritora Rosa Regás lleva tiempo distinguiéndose por sus salidas de tono. Todos los medios nacionales se hicieron eco el pasado mes de agosto de la última, pues resultaba sorprendente que la directora de la Biblioteca Nacional considerara afortunado el hecho de que los españoles descollen por lo poco que leen el periódico:

Los grandes logros sociales de este Gobierno se venden mal porque la prensa no es del Gobierno. Todos van a favor de la oposición. Afortunadamente, cada vez se venden menos periódicos. (…) Hace dos meses que no leo la prensa, ni veo la tele, ni escucho la radio.

Pocos meses después, la señora Regás se ha pasado por Lanzarote y da la impresión de que ha cambiado de opinión, de que ahora le preocupa que no leamos, como se deduce de uno de los sumarios de la entrevista que publicó el lunes La Provincia:

Me cuesta entender por qué al español le cuesta leer. Las escuelas están haciendo unos esfuerzos importantísimos para fomentar la lectura.

A la escritora le “cuesta entender” lo que estos días explican todos los periódicos que ella no lee a raíz de la publicación del Informe Pisa sobre la educación. Es decir, que a buena parte de los que van a la escuela en España les “cuesta entender”, que, por decirlo con el titular del mismo lunes de El País, les cuesta “Leer más de tres líneas sin perderse…”. Y así lo reconoce, sin sonrojarse, la propia ministra de Educación, Mercedes Cabrera, en su declaración de ayer a la Cadena Ser: “Nuestros alumnos presentan problemas para comprender lo que leen”.

Vamos, que al español le cuesta leer… porque le “cuesta entender” lo que lee. Y pudiera ser que las escuelas estén “haciendo unos esfuerzos importantísimos para fomentar la lectura”, pero no parece que vayan muy bien encaminados esos esfuerzos cuando los alumnos españoles destacan por lo que les “cuesta entender” lo que leen. Y no parece tampoco que esos esfuerzos estén siquiera medianamente sistematizados:

En realidad, no existe esa metodología, ya que no hay un plan director y cada docente acaba fabricando su propio método, asegura el catedrático de Psicología de la Universidad de La Laguna Juan Eugenio Jiménez. Eso sí, considera que “en España, uno de los problemas que existen es la idea de que se enseña a leer y escribir en 1º y 2º de primaria [6 y 7 años], y luego nos despreocupamos. Pero se trata de un proceso que no culmina, al menos, hasta los 12 años.

Lo dicho, que quizá si a Rosa Regás le diera por leer la prensa no le costaría tanto entender lo que ahora no es capaz de explicarse. Y si otros hicieran lo mismo, podríamos ir enterrando de una vez por todas el espíritu de la LOGSE, la apuesta por rebajar el nivel de exigencia en nuestras escuelas como mecanismo igualitario. Y es que todos los países que han hecho bien su trabajo en este terreno han ido precisamente en la dirección opuesta. En El País de ayer:

Los mejores sistemas han demostrado que la escuela puede compensar las desigualdades sociales y económicas de los alumnos. ¿Cómo? Marcándose unos mínimos muy altos.

A lo mejor un día nuestro sistema educativo alcanza esos “mínimos muy altos”. Pero habrá que esperar. Por el momento, no parece que ese constituya el objetivo primordial ni del Gobierno, ni de las comunidades autónomas, ni de los maestros, ni de los padres, ni de los alumnos. Por el momento, el titular del mismo periódico hoy: “España sufre el mayor retroceso en educación de toda Europa”.