Jueves, 13 de Diciembre de 2007

Sé nada

Arcadi Espada

[El Mundo, 12 de diciembre de 2007]

El Senado español no corregirá ni siquiera la gramática de la ley de Presupuestos, porque el veto decretado impedirá el examen de enmiendas y el proyecto volverá intacto al Congreso, como uno más de los inútiles y consuetudinarios viajes intercamerales. El Senado español ha cumplido una vez más con la irrelevancia que de él se espera. Nacido como una suerte de rabo de toro del Antiguo Régimen (con sus 40 senadores, ayer de Ayete, luego de designación real, y luego de designación autonómica) el paso del tiempo demostró, por fortuna, que la democracia es un coxis, y que el Senado debía limitarse a la organización de escenarios más o menos enfáticos, como este último en que los nacionalistas han vuelto a aprovecharse de su estéril majestad para manifestar la habitual disidencia electoralista con el gobierno de España.

El tópico estipula que la llamada Cámara Alta es el ámbito elegido por la Constitución para que el debate territorial se manifieste. Lo que es manifiestamente falso. Si, más allá de la retórica, la Constitución diera esas instrucciones los partidos no redactarían, como desde hace treinta años, el consabido parrafito de propuestas electorales urgiendo a la constitución del Senado en… ¡cámara de representación territorial! La senatorial inoperancia para cumplir el presunto mandato constitucional se demuestra inapelablemente al observar el aspecto del debate territorial en España. O con el acento que todas las reformas estatutarias han puesto en la bilateralidad, que es el concepto antitético, por excelencia, de la utopía multilateral y de buen rollo de los senadores. Por si el ejercicio no es suficiente puede intentarse otro: tratar de recordar en estos treinta años una iniciativa real y decisiva, intelectualmente sólida y políticamente armada, del Senado español en la construcción del Estado de las Autonomías. O en la construcción del Estado, tout court.

El Senado pervive por la fatal y pesada inercia de la actividad política, uno de los factores que más contribuyen en todo el mundo a la pérdida de la calidad democrática. También, desde luego, por las presiones de la casta política; es decir, por el desahogo que la institución procura a unos partidos obligados al mantenimiento de sus cuadros altos, medios, bajos y pensionados. Algo tendrán que ver, por último, las resistencias a la reforma de la Constitución, lógicas si se tiene en cuenta la estrategia nacionalista. Pero ahora que la reforma constitucional ha dejado de ser tabú –no sólo la proponen los nacionalistas, sino también PP y UPD– sorprende mucho más que en ningún programa se anote esta exigencia de sentido común, de radicalidad democrática y de higiene política que es la desaparición del inútil, teatral y costoso Senado español.

(Coda: El presupuesto del Senado para el año 2007 ha sido de 56.703.640. La subida prevista en los presupuestos de 2008 es de un 6,73%. Fuente: Gabinete de Prensa del Senado)