Redaccion
La renovacion de la vestimenta de los Diablos de Haria llega en un momento oportuno para recordar que las tradiciones no permanecen vivas por repetirse, sino por ser cuidadas, transmitidas y actualizadas sin romper su sentido.
El estreno previsto para la Noche del Fuego vuelve a situar a este colectivo en el centro de una conversacion cultural que Lanzarote no deberia dar por resuelta: como proteger sus simbolos populares cuando la isla cambia, crece y se mira cada vez mas desde fuera.
Los Diablos de Haria no son una postal ni un recurso turistico intercambiable. Forman parte de una memoria local que mezcla fiesta, fuego, oficio, miedo, humor y pertenencia. Por eso cualquier cambio visible en su indumentaria tiene una carga mayor de la que aparenta.
La clave esta en distinguir entre actualizacion y decorado. Si el nuevo vestuario respeta la imagen historica y se apoya en manos conocedoras del oficio, la tradicion gana continuidad. Si se convierte en una simple puesta en escena para consumo rapido, pierde profundidad.
Lanzarote necesita este tipo de debates porque su identidad cultural vive bajo presion constante: agenda turistica, redes sociales, programaciones institucionales y necesidad de atraer publico. Nada de eso es negativo por si mismo, pero exige criterio.
La Noche del Fuego puede ser una celebracion y, al mismo tiempo, una llamada de atencion. Las tradiciones sobreviven cuando los vecinos siguen reconociendose en ellas. Lo demas, por vistoso que sea, dura poco.