Redaccion
La oposicion institucional a la planta fotovoltaica proyectada en Macher vuelve a colocar sobre la mesa una pregunta incomoda para Lanzarote: como avanzar en energias limpias sin convertir el territorio en un simple soporte disponible.
La isla necesita renovables, pero tambien necesita criterio. La transicion energetica pierde sentido cuando se presenta como una urgencia que puede pasar por encima del paisaje, del suelo agrario y de la memoria rural que todavia sostiene a muchos pueblos.
El debate no deberia reducirse a estar a favor o en contra de una instalacion concreta. La verdadera discusion esta en el modelo: donde se colocan las infraestructuras, quien decide, que beneficios quedan cerca y que coste soportan los vecinos.
Macher simboliza una tension que Lanzarote conoce bien. Cada metro de suelo tiene una carga paisajistica, economica y cultural. Por eso las decisiones energeticas no pueden tratarse como un expediente tecnico separado del territorio.
La apuesta por espacios ya transformados parece una salida razonable. Cubiertas, aparcamientos, areas industriales y suelos degradados ofrecen margen suficiente para demostrar que la energia renovable puede crecer sin abrir nuevas heridas en lugares sensibles.
Tambien hace falta transparencia. Si la ciudadania solo conoce los proyectos cuando estan avanzados, la desconfianza aparece antes que el debate. Una transicion justa requiere informacion clara, calendario publico y participacion real.
Lanzarote no puede permitirse frenar el cambio energetico, pero tampoco asumir que cualquier proyecto verde es automaticamente bueno. La sostenibilidad empieza precisamente ahi: en distinguir entre producir energia limpia y cuidar el suelo donde se produce.