Redaccion
La entrega de Honores y Distinciones de Lanzarote vuelve a recordar una verdad sencilla: una isla no se explica solo por sus infraestructuras, sus cifras turisticas o sus debates politicos, sino tambien por las trayectorias que sostienen comunidad.
Reconocer a personas, colectivos y entidades en un espacio como Jameos del Agua tiene una carga simbolica evidente. El lugar resume paisaje, cultura y memoria, tres dimensiones que Lanzarote necesita proteger para no convertirse en una version plana de si misma.
Estos actos institucionales pueden parecer ceremoniales, pero cumplen una funcion publica si se hacen con criterio: ordenan la memoria compartida y dicen a las nuevas generaciones que hay aportaciones que merecen ser nombradas.
El riesgo esta en convertir los reconocimientos en una lista protocolaria. Su valor real aparece cuando ayudan a contar la isla desde abajo: el trabajo social, la cultura popular, la educacion, el deporte, la sostenibilidad, la solidaridad y los oficios que muchas veces no ocupan portadas.
Lanzarote vive una etapa de debates intensos sobre territorio, turismo, energia y modelo economico. En ese contexto, mirar a quienes han dejado huella no es nostalgia; es una manera de preguntar que tipo de isla se quiere seguir construyendo.
La memoria no resuelve por si sola los problemas del presente, pero puede ofrecer una brujula. Cuando una comunidad reconoce bien a los suyos, tambien se recuerda a si misma cuales son sus valores y donde no deberia ceder.