Redaccion

Lanzarote vuelve cada verano a una pregunta que parece sencilla y no lo es: como se disfruta una costa fragil sin convertirla en un problema para el propio territorio.
La informacion del Cabildo de Lanzarote sobre la temporada estival de Papagayo recuerda que ordenar accesos, servicios y convivencia no es un tramite menor en una isla que vive de su paisaje.
El debate no se limita a Papagayo. La isla entera conoce esa tension entre derecho de uso, presion turistica, conservacion, aparcamientos, residuos y servicios publicos. La gestion diaria termina diciendo mas que cualquier declaracion institucional.
Cuando un enclave se convierte en simbolo, cada decision pesa mas. Abrir una zona, limitar un acceso, reforzar vigilancia o mejorar servicios puede leerse como avance o como agravio segun quien mire. Por eso hace falta explicar, medir y corregir.
Lanzarote no puede permitirse que el paisaje sea solo un reclamo. Si el territorio sostiene la economia, tambien debe sostener una cultura de cuidado compartido, con normas comprensibles y presencia publica suficiente.
El reto es encontrar equilibrio sin caer en dos extremos: ni barra libre que desgaste la costa, ni proteccion convertida en distancia social. La isla necesita que sus espacios naturales sigan siendo vivibles, no solo fotografiables.
La temporada actual deberia servir para evaluar con honestidad que funciona, que se satura y que debe cambiar antes del siguiente verano. Cuidar la costa es una politica publica, no una frase bonita para inaugurar julio.