Arcadi Espada
[El Mundo, 24 de febrero de 2007]
Querido J:
La otra noche, mientras planeaba dormirme en un hotel extranjero pensé en hacerte una serie de preguntas. De algunas me acuerdo. Juntan lo micro y lo macro, como apreciarás. Empecemos. Uno contrata un viaje con una línea de aviación barata o cara, española o foránea, par ir y volver de una ciudad europea. Llega al aeropuerto de destino y le espera un finger. Vuelve, y le espera la intemperie, el autobús, las mil vueltas.
Y aún en cuanto a viajes: ¿entre las ciudades europeas principales cuáles son las que no están conectadas por autopista o tren veloz? Sin movernos: ¿cuánto vale un piso en el centro de Berlín, un piso amplio, luminoso, en el que cierren puertas y ventanas y donde el vecino sólo se advierte si es estrictamente necesario? ¿Cuánto vale un piso parecido, aunque siempre peor, en el centro de Madrid, Barcelona, Valencia o Sevilla? ¿Y en Londres? ¿Incluso en París? Internet: ¿dónde hay menos cabezas de ganado?, digo conexiones. Pero sobre todo: ¿dónde internet ha penetrado menos en los hábitos generales, dónde es más sospechoso entre la gente del agro, digo del pensamiento y la pluma? Se me ocurre: ¿hay algún lugar hermoso y tranquilo para sentarse a charlar en España, que ya no sea un Starbucks, bienvenidas, bienhechoras franquicias del mundo clónico, qué sería de nosotros sin ellas? Fuera de las ciudades, y salvo algunos severos núcleos castellanos: ¿hay campo más abandonado, más inculto que el español? Y la playa: ¿en algún lugar de Europa se ha practicado una destrucción comparable a la del litoral español? ¿Y los lavabos públicos, ¡todavía!
Te hice también, en el duermevela, una larga serie de preguntas políticas. ¿Hay algún lugar de Europa donde la vida de las personas esté amenazada en razón de sus ideas? ¿Se da el caso de que reformas legales que han ocupado durante años las primeras páginas de los periódicos, los informativos de la televisión, que han congregado miles de intervenciones de los dirigentes políticos y miles y miles de opiniones mediáticas, sean ignoradas deliberadamente, casi con asco, por más de la mitad de la población? ¿Hay muchos ejemplos de comunidades donde la mitad de la población preferiría no vivir con la otra media, y no sólo eso, sino que en vez de arrepentirse por sus malos instintos, hace apología política de ese rechazo? Te pregunto, oh dilecto: ¿conoces algún caso donde la ideología política de los jueces se ventile como sábanas al sol de un prostíbulo y se sobreentienda que sus decisiones técnicas han de quedar irremediablemente supeditadas a un partido previo? ¿Crees que algún dirigente político del mundo libre habría iniciado una negociación con un grupo terrorista con el rechazo del principal, y único, partido de la oposición? ¿En qué país uno tiene que comprar cuatro periódicos para conocer los hechos, los hechos, digo, no las opiniones? Cuéntame, apúrate, ve si puedes. Esto: hasta el 30 de diciembre del año pasado el Gobierno decía que la negociación con los terroristas progresaba y que el año que viene estaríamos mejor. Por su parte la oposición aseguraba que el Gobierno ya había vendido España a los terroristas, empezando por Navarra. O sea: ¿conoces algún país del mundo donde sean los terroristas, con sus bombas, los únicos capaces de restablecer la realidad? Y aun con las bombas: ¿algún ejemplo próximo de que tras quedar destrozadas 191 personas en los andenes los ciudadanos griten asesino en las calles a su presidente del Gobierno? Un país sin patentes, con niveles altísimos de fracaso escolar, un país donde las comunidades autónomas secuestran los ríos a su paso y donde los muertos dictan, como en ningún otro cementerio, la ley y el tiempo a los vivos. España, sin ir más lejos. Dirás, quizás: algo de esto pasa en todos los sitios. De acuerdo: pero no todo pasa en el mismo sitio.
Yo creo que quienes lo han resumido mejor ha sido la gente de Dolce&Gabanna, Doménico y Stefano, a los que han obligado a retirar un anuncio de hombres y mujeres “¡por incitar a la violencia machista!” Lo habrías oído, de no estar siempre entre tus paseos herméticos por los olivos. “España se ha quedado un poco atrás”. Lo dicen suavemente, para no perder cuota de mercado, pero el diagnóstico es preciso. España no ha dejado de ser un país de curatos; sólo que ahora se han añadido a ellos este centón de cursulinas que gobiernan. Y si el Tribunal Constitucional se mete en la cama y en la vida de los profesores de Religión, a ver qué pillan, nuestras izquierdas no le van a la zaga: prohíben las mujeres, la comida y el vino, que era lo único que hacía soportable el ser español. Y no lo creerás: en España han prohibido al mismísimo butanito, por decir lo único que ha dicho siempre, es decir, pablo, pablito, pablete, fuese a don Pablo Porta o al teniente coronel. Butanito prohibido, Dragó obligado por los madrileños a ponerse orejas de burro (me habría gustado ver lo que decían los madrileños si el sucedido se hubiese dado en TV3) y un Gobierno, el catalán, of course, legislando sobre la brujería, es decir, sobre las llamadas medicinas alternativas, a las que reconoce una profunda carga de espiritualidad. España se ha quedado un poco atrás, en efecto. Este país vivió un momento muy decorativo en la transición política. Contra todo pronóstico fue capaz de dotarse de un sistema democrático, con poca zarzuela y poca sangre. Ese tipo de sorpresas españolas, tan parecido al de la Constitución de 1812. También entonces este país brindó al mundo la palabra liberal, quién lo diría. Pero, ahora como entonces, se plantea una pregunta. Entonces era, y salió bola negra, si España sería capaz de consolidarse como un Estado moderno. Ahora la pregunta, ya lacerante, es si España será capaz de convertirse en un Estado posnacional.
Tengo muy pocas esperanzas. El anacronismo sigue instalado en la vida española, y reforzado, como habrás visto, por la savia nueva de una izquierda beta (ojo: linotipista: también es beata, pero yo, ahora, digo beta) y meliflua. Los esfuerzos vitales tienen a veces un punto grotesco. Ya te habrás encontrado con el paso a la modernidad de las señoritas y caballeros de Movistar. No consiste en disponer de tarjetas Adsl de nueva generación (aunque para darse importancia las anuncien a tambor batiente), sino en el tuteo. La otra mañana hube de reprender a una: la conversación era larga, había dormido poco y yo, tan temprano, exijo el usted.
—¿Puede usted dejar de tutearme, si es tan amable?
—No puedo, lo siento, es el protocolo.
Hace unos años, cuando España era el mejor lugar del mundo para hacerse rico, un Solana, que dirigía Telefónica pero que aún mantenía el usted, diagnosticó la enfermedad de su compañía. El cuello de botella. Las cosas iban bien, muy bien, demasiado bien, según el director. Tan bien, que las viejas estructuras de la felicidad se veían incapaces de absorber la demanda. No creo que, aun en su tosca búsqueda de explicaciones prácticas, le faltara precisión metafórica. Hubo un tiempo en que los españoles parecían desbordados por sí mismos. Suele pasarles en sus frecuentes guerras civiles. Pero entonces se trataba de una fresca y espontánea paz civil. Ha durado poco. No sé por qué. Una razón no despreciable es, justamente, el juicio general que merecemos a los extranjeros. Suelen hablar maravillas de España. Son maravillas de quince días, de luz y salitre, de la relativa cordialidad y de los buenos precios. Como en los cincuenta, cuando Ava. Según todos mis indicios España está a punto de ser otra vez estación privilegiada de la tournée des grans ducs. Barrio bajo y burdel, y esa deliciosa sensación de que a cada esquina nace una pelea brava y formidable… a cuello de botella roto.
Sigue con salud
A.
(Recodo)
–Espasa, hay otro problema.
–Imposible, no he dejado hueso sin pelar.
–Sí.
–Venga.
–Al tiempo de “liberal” dieron al mundo “guerrilla”.
alcíbiades
10:43 | 25 Febrero 2007 | Permalink
Menos mal que hay unos cuantos pensando por su cuenta y diciéndolo.
Otro es Leguina, hoy en el ABC:
¿Puede ser la clave de ese cuestionamiento de los valores de la Transición y el consenso la falta de preparación y experiencia de los nuevos gobernantes?
-Esa es la clave de la distancia evidente y creciente de la clase política y el conjunto de la ciudadanía. Cada vez hay más personas que se dedican exclusivamente a la política desde que salen de la facultad o entran en el partido. Es un mal en sí mismo que se extiende a todas las formaciones y amenaza con crear no una elite política, sino una casta amparada en un sistema electoral muy cerrado y en las siglas de los partidos.
-¿Y cómo se puede solucionar?
-La profesionalización es necesaria mientras se ejerce un cargo público, pero otra cosa es la profesionalización desde la guardería. Una persona que se dedica a la política tiene que tener alguna experiencia fuera de la política, tiene que haber cotizado a la Seguridad Social por cuenta ajena o propia, saber cómo funciona una empresa o una institución pública, haber hecho unas oposiciones o trabajado de albañil o ingeniero de Caminos. Eso de meterse desde niño a cobrar de un partido y llegar hasta arriba no es bueno.
-¿Está usted retratando al actual Gobierno?
-No a todos sus miembros.
-Pero sí a su presidente.
-Sí, en parte, pero hay casos mucho más escandalosos que no voy a citar por sus nombres.
Jorge Marsá
11:02 | 25 Febrero 2007 | Permalink
Otro que tal:
MIRA QUE OS LO TENGO DICHO
Félix de Azúa
[El Periódico de Catalunya, 24 de febrero de 2007]
Uno de los pocos directores de orquesta que nuestra cantera ha dado al mundo es Josep Pons, actual batuta de la Orquesta Nacional de España. Antes de conquistar ese podio fundó una de las formaciones musicales más notables de la música actual: la Orquesta del Teatre Lliure. Por desgracia, tuvieron un gran impacto en Europa, se interesaron por ellos músicos serios de países civilizados, grabaron discos elogiados por la crítica internacional, ganaron premios- y eso supuso su inmediata destrucción por parte de las autoridades catalanas.
En una interesante entrevista publicada el miércoles pasado por el diario de la burguesía barcelonesa, decía Josep Pons: “Barcelona está cada vez más cerrada en sí misma en lo cultural; solo se conoce e importa lo que pasa aquí. Se presta poca atención a lo que ocurre fuera, sobre todo en el resto de España, y, al tiempo, lo que sucede aquí tiene cada vez menos trascendencia, menos repercusión exterior. Barcelona ha perdido irradiación cultural.”
Os lo vengo diciendo desde hace muchos años. El amor a lo regional no debería eliminar el interés por lo universal. A menos de que no sea amor, sino lucha de las cabezas de ganado por un rincón en el abrevadero. ¡Es tan pequeñito! Y cada vez será más pequeñito, porque cada vez son más las cabezas que se rompen la crisma por un trago. En vista de lo cual, las mejores cabezas se largan en busca de abrevaderos más cómodos. Y a fe que los encuentran al instante, porque solo los audaces, los menos sumisos y mediocres, renuncian a la limosna, la pereza y el enchufe.
Hace unos días se anunciaba el paso de Ferran Mascarell a la empresa privada. Hasta sus peores enemigos han reconocido que con él se va la única persona que tenía alguna idea del significado de la palabra “cultura” en el poder catalán, o sea en el PSC-ERC-ICV. Una testuz muy necesitada le dio tamaño cabezazo que lo dejó a la intemperie. Sin duda, Mascarell encontrará de inmediato un lugar más adecuado para su talento que ese abrevadero en el que han convertido la cultura de nuestro país. Y las testuces, tan contentas.
[En Canarias, tres cuartos de lo mismo que cuenta Azúa]
Eduardo Ruíz
15:38 | 25 Febrero 2007 | Permalink
Me quedo con esta frase:
Y si usamos la herramienta lupa y nos limitamos a hablar de lanzarote, ¿cuántos periódicos tendríamos que comprar, cuántos informativos locales tendríamos que ver, en cuántos diarios web tendríamos que entrar para tener una idea apróximada de lo que está pasando ahí fuera?
Periodistas y políticos son dos caras de una misma moneda. La moneda con la que se paga la realidad que nos rodea. Unos te la montan y otros te la meten por los ojos. Pues yo digo, voto en blanco para unos y páginas cerradas para otros. Que con su pan se lo coman.