Miércoles, 14 de Junio de 2006

La segunda moratoria

Francisco Pomares

[La Provincia, 13 de junio de 2006]

Primero inventaron una moratoria para que el territorio no se llenara de casas, y ahora quieren sacarse de la manga otra para que el territorio no se llene de personas. El territorio debe quedar sólo para hoteles, parques temáticos y campos de golf. Después de la experiencia de la primera moratoria, si yo fuera un dirigente nacionalista, estaría seriamente preocupado: cinco años discutiendo el asunto antes de lograr que se apruebe, en el mismo filo de la legislatura pasada, y no parece haber servido para nada. En Canarias no sólo no se ha reducido el ritmo de construcción, sino que ha aumentado. Me temo que la primera moratoria sólo sirvió para que algunos avispados empresarios de Lanzarote dejaran a sus competidores fuera. En el resto de la región, ni eso.

Y esta segunda que propone Paulino Rivero –es curioso cómo este señor insiste e insiste en ´lepenizarse´– sólo va a servir, si es que no se trata sólo y nuevamente del chistecito que Coalición Canaria se saca antes de cada nuevo proceso electoral para ganarse los votos de los más xenófobos?, esta segunda moratoria, digo, caso de llegar a prosperar, sólo serviría para que los pocos trabajadores extracomunitarios que logran superar todas las trabas administrativas para colocarse legalmente en el servicio doméstico y la construcción, acaben trabajando en condiciones precarias, de forma ilegal y sin ningún tipo de garantías. Sinceramente, si en Coalición creen de verdad que la manera de resolver el crecimiento demográfico en el archipiélago es que las domésticas bolivianas y colombianas no tengan contrato de trabajo, o que los albañiles ecuatorianos se la jueguen en un andamio sin que sus empleadores tengan que pagar la seguridad social, entonces es que aquí hay algo que no cuadra?

Les voy a contar una historia penosa: hace algo más de un año, una empresa subcontratada por el Ayuntamiento del que Paulino Rivero es alcalde, invadió por error una propiedad privada y construyó en ella unas instalaciones de agua. El asunto fue a parar a los juzgados. Lo que no fue a los juzgados es que cuatro de los cinco albañiles o peones que trabajaron en la obra realizada por error por esa subcontrata eran trabajadores extranjeros sin contrato alguno. En la denuncia que se presentó en su día figuran sus nombres y filiaciones completas. Cuando el presidente de Coalición Canaria pide una moratoria en los contratos a trabajadores no comunitarios, obviamente, no incluye a los trabajadores ilegales que hacen o han hecho o harán las obras por cuenta de su Ayuntamiento. Incluye sólo a los que podrían estar cobrando de acuerdo a un convenio, como todo hijo de vecino, trabajando 40 horas semanales, librando los fines de semana y cotizando a la seguridad social. A los otros que les den. Éste es el doble lenguaje que caracteriza el actual discurso de algunos nacionalistas: radicalismo con algún guiño a los xenófobos por un lado, y por el otro trato de fardo a los que llegan. Mejor impedir que se les contrate: así sale mucho más barato explotarles. A veces siente uno vergüenza.