Carmen Merino
[Canarias7, 13 de junio de 2006]
El sábado CC daba una vuelta de tuerca más a la demagogia en absoluto sutil que se trae a cuenta de la inmigración, la población y el territorio con su propuesta de limitar los permisos de trabajo a los trabajadores no comunitarios. El anuncio, que probablemente se quedará en una mera proclama electoral salvo que esta vez sí se tomen la molestia de elevar al Parlamento propuestas para el desarrollo de la previsión estatutaria en lo que se refiere a la residencia y trabajos de extranjeros, no es sino una manera de poner a la población en alerta y hacerla que se repliegue sobre sí misma buscando la protección del grupo y una seguridad económica e identitaria supuestamente en precario. Y esperar a que este clima haga caer el voto del lado de los nacionalistas como única formación dispuesta a defender el terruño por encima de todo, incluso del mínimo bienestar para otras personas más desfavorecidas.
Es uno más, y probablemente no el último, de los planteamientos un tanto hipócritas que llevan a los nacionalistas en el poder y que les llevan a exhibir una actitud humanitaria y un recuerdo siempre emocionado y vivo de aquellos canarios que emigraron de cualquier manera para buscarse la vida al otro lado del océano al tiempo que proclaman que las Islas no pueden soportar el acoso de la inmigración irregular por tierra, mar y aire. Golpes en el pecho por un lado y puesta a punto de la población para el rechazo a los inmigrantes por el otro.
Sólo un día antes, los miembros de la delegación del Parlamento Europeo que visitó la pasada semana Canarias para verificar el estado y el trato que se le da en las Islas a los centenares de subsaharianos que arriban a las costas para intentar emprender desde aquí una aventura europea que les ha supuesto en primer lugar una inversión económica y después el reto de superar un océano a bordo de pateras, cayucos o barcos negreros decidieron por unanimidad comprar seis televisores para los centros de El Matorral (Fuerteventura) y Las Raíces (Tenerife).
No se trataba de un sorteo con un premio consistente en resultar repatriado y volver a tu país con un televisor bajo el brazo, lo que seguramente causaría un gran impacto entre familiares y allegados. Los aparatos estaban destinados a que los irregulares tuvieran la oportunidad de ver los partidos del Mundial de Fútbol.
En el despacho de la agencia ACN se asegura que los eurodiputados acordaron que el Mundial era muestra suficiente de la integración y de la cultura de cada país, motivo por el cual decidieron adelantar de sus bolsillos parte de las ayudas europeas en forma de televisores.
Teniendo en cuenta que, según recuerda la agencia, el fútbol es uno de los signos de riqueza y esperanza que hace que los africanos decidan emprender un peligroso viaje a Europa en busca de una vida más próspera y que miles de jóvenes gritan en Senegal la frase ‘Barça o bassa’ (Barça o muerte), cabría interpretar la acción de los eurodiputados como incitación a la inmigración irregular. ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra? Diría que el matiz irresponsable.
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