Jueves, 15 de Junio de 2006

Esos votos

Francisco Pomares

[La Provincia, 14 de junio de 2006]

La propuesta de una moratoria en la contratación de extranjeros no comunitarios, planteada sorpresivamente por Rivero en el mitin de Coalición Canaria en Tenerife del pasado fin de semana, sentó como una bomba en el Gobierno regional. Adán Martín anda muy preocupado por la demagogia que parece haberse instalado en los discursos políticos en torno a la emigración y el territorio. Probablemente se pregunta qué datos ha barajado Rivero, qué estadísticas maneja para llegar a la peregrina conclusión de que bloquear la contratación de inmigrantes no comunitarios supondría “hacer hueco” a los parados locales.

Un consejero del Gobierno se preguntaba ayer martes quién hará la próxima zafra si se decide no volver a contratar a más inmigrantes de esos que ahora traen en avión las cooperativas de exportadores, de acuerdo con un cupo anualmente negociado con Marruecos. Como no está nada claro que haya trabajadores canarios esperando para romperse el espinazo recogiendo tomates, se preguntaba nuestro consejero quién haría la zafra, y qué impacto tendría para la economía del Archipiélago que el tomate se pudra en la mata. ¿Qué pasaría con las ayudas comunitarias a la agricultura de exportación? ¿Y qué pasaría con el empaquetado, con el transporte? Son actividades económicas vinculadas al trabajo de esos inmigrantes extranjeros?

Y es que la propuesta de Rivero es un disparate para consumo de analfabetos: parte de considerar apriorísticamente que la aportación de los emigrantes es innecesaria en la economía regional, cuando más bien a estas alturas sabemos que es absolutamente imprescindible. Rivero lo sabe también, porque no es un imbécil. Lo que ocurre es que también sabe, porque se lo dicen los sondeos y su instinto de organizador de campañas, que existe un porcentaje crecientemente elevado de canarios a los que es fácil excitar sus complejos con mentiras. Son los que creen que la culpa es siempre del otro, del ajeno, del oscuro. Los que piensan que si los que llegan tienen éxito es porque se lo roban a ellos. Los que protestan cuando otro recoge las colillas que ellos tiran. Los que entienden que Canarias les pertenece, por derecho de haber nacido aquí, no por lo que hagan por esta tierra. Por desgracia, no son cuatro o cinco. Son unas pocas decenas de miles: son los que insultan a los niños en La Montañeta y los que incendian el centro en Tunte, pero también los que apalearon a Maximiano Trapero. No suelen votar porque la política y la democracia les importa una higa. Pero son el pequeño ejército de nuevos votantes que persigue Rivero.

Ayer Miguel Becerra, portavoz del Gobierno, no dijo la verdad, no dijo que él –y Adán Martín– están hartos de que se quieran ganar votos a costa de todo. Lo que dijo es que Adán Martín hablará con Zapatero de la propuesta de Rivero. Y lo que yo digo es que no lo hará. Porque Adán Martín no va a dejar que le pongan en ese sitio, para que Rivero consiga esos votos.