Domingo, 10 de Septiembre de 2006

La avalancha de canarios ilegales

Agencia Canaria de Noticias

Multitud de canarios, 180.000 sólo en los primeros 20 años del siglo pasado, se jugaron la vida en una avalancha de mucha mayor magnitud e idéntica peligrosidad que la que ahora llega a nuestras costas procedente del África subsahariana. Un historiador de la Universidad de La Laguna, Juan Francisco Martín Ruiz, subraya que son momentos para tenerlo muy presente.

Canarias vivió el verdadero drama migratorio cuando sus condiciones económicas obligaron a miles de isleños a hacinarse en barcos veleros y, en “auténticas riadas”, emprender camino a ultramar encomendados a su suerte. Los historiadores piden que se vuelva atrás la mirada a la historia reciente del Archipiélago, donde sólo entre 1911 y 1920 emigraron 128.000 canarios. Juan Francisco Martín Ruiz, catedrático de Geodemografía de la Universidad de La Laguna y experto en movimientos de población, explicó que los discursos políticos que sitúan la crisis inmigratoria en Canarias son equívocos, puesto que la verdadera problemática se encuentra en las regiones emisoras.

El profesor afirma que “en términos comparativos, salían mas emigrantes de Canarias en determinadas épocas de la historia que los que llegan ahora a nuestras costas”. Por este motivo, asegura que debe existir “un principio de solidaridad entre las poblaciones, que hay que respetar” y no debe perderse la “memoria histórica”, puesto que en 8 años del siglo XX salieron 128.000 canarios de las islas hacinados en veleros.

Martín sitúa el origen de la problemática de África en el colonialismo que “todo el mundo” ejerció sobre ella y que en el Archipiélago data desde el siglo XV-XVI. El carácter eminentemente migratorio de los canarios se refleja en determinados periodos de la historia. La crisis vitivinícola de la segunda mitad del siglo XVIII hace de Canarias “una región que expulsa población debido a un crecimiento demográfico mayor que sus recursos”. “De ahí que se posicione como una región fuertemente migratoria, una constante que seguirá hasta los años 70 del siglo XX”, añade el experto.

Gran Canaria, Tenerife y La Palma presentan un “fortísimo” movimiento poblacional hacia Cuba a partir del siglo XVIII y posteriormente, la Segunda Guerra Mundial, que conlleva la caída del mercado del plátano, vuelve a activar los saldos migratorios, convirtiéndose en “sangrías humanas” los viajes a ultramar. “La llegada de veleros clandestinos a Venezuela y otras repúblicas de América latina era muy frecuente y muy similar, reflejado incluso en fotografías, a la que se está produciendo ahora con los cayucos. Canarias fue emisora de emigrantes desde el siglo XVIII y receptora de inmigrantes sólo desde 1980″, explicó Martín Ruiz.

La inmigración actual guarda una correlación con la emigración del pasado porque son los países antiguamente receptores de canarios los que hoy emiten inmigrantes. Los venezolanos y cubanos tienen especial relevancia en las islas occidentales; y los africanos tienen una estrecha relación con las orientales, donde los marroquíes son muy mayoritarios. El profesor destaca también entre las similitudes de la emigración canaria y la inmigración actual que la fragilidad económica que presentaba el Archipiélago en el pasado es “igual” a la que se da en los países del África subsahariana, de la que proceden la mayoría de viajeros irregulares.

De los datos disponibles se desprende que en los primeros 20 años del siglo XX estuvieron obligados a salir del Archipiélago más de 180.000 personas con destino a Cuba, Venezuela y África en situación irregular. En cuanto al perfil del emigrante, también hay grandes coincidencias que Martín Ruiz señala en uno de sus libros, ya que de las Islas salían los solteros en edades tempranas, donde hay un fuerte contingente de hombres en edad militar o prófugos. Las referencias hacen suponer que se exportó mano de obra agrícola y se importó cualificada.

Martín Ruiz señala la necesidad de que España y Europa intervengan de manera inmediata en los países de África “en forma de plan Marshall, no para explotar el país sino para generar política migratoria común y para que sus ciudadanos tengan la posibilidad real de solicitar visados como se hizo con Venezuela en los años 50″. “De otro modo, seguirán llegando inmigrantes, porque es normal dada la situación de desestructuración política, económica y social del África subsahariana”, concluyó.

Hoy cayucos, ayer veleros

Los canarios realizaron sus viajes obligados en barcos veleros que presentaban el mismo hacinamiento que los cayucos y pateras africanas de hoy. “No cabe llamarlas pateras, pero estos veleros iban sobrecargados y algunos desaparecían en el mar sufriendo auténticos naufragios. Viajaban en condiciones muy precarias, en unas travesías muy largas, llevados por los alisios y en el mismo régimen clandestino que ahora, pues este fenómeno obedece a leyes universales”, afirmó el catedrático Juan Francisco Martín. Internet está plagado de datos que muestran lo penoso de los viajes: “Ante las serias dificultades que impuso la España franquista a la migración con trámites costosísimos, nació la llamada época de los barcos fantasmas. Entre finales de los cuarenta y principios de los cincuenta se calcula que efectuarían la travesía unos 8.000. Fue sin duda uno de los episodios más dramáticos y épicos del afán de los canarios por llegar a la tierra prometida, en la que navíos con una disponibilidad máxima de 50 personas llegaron a transportar 286″.