Miércoles, 25 de Octubre de 2006

Brote xenófobo en Tenerife

Javier Díaz Reixa y Jorge Marsá

Mucho se habla últimamente de los brotes de xenofobia. Está previsto que brote uno en Tenerife el próximo domingo. Y Paulino Rivero se desmarca como puede: “Rivero llama ‘ruinitos’ a los socialistas, por vincular a CC con una manifestación tildada de xenófoba”. Ese era el titular de la noticia que ayer publicaba Diario de Lanzarote. Y esta la entradilla:

El presidente de Coalición Canaria (CC), Paulino Rivero, llamó este lunes “ruinitos” a los socialistas, a los que acusó de utilizar el juego sucio tras señalar que miembros de CC están detrás de la manifestación convocada por la Confederación Canaria de Asociaciones de Vecinos (Concave) y el colectivo [Fundación] Identidad Canaria para requerir el control poblacional y una ley de residencia para Canarias.

Lo que se espera en Tenerife recuerda a lo ocurrido hace unos pocos años en Lanzarote: colectivos xenófobos con escasa incidencia social en la Isla convocan una manifestación, con idéntico propósito, y el éxito resulta significativo: cerca de un millar de personas se manifiestan contra los inmigrantes. Ahora bien, un par de años después, con el flujo inmigratorio en continuo crecimiento, los mismos convocantes llaman a manifestarse nuevamente: unas cincuenta personas se suman al acto; el fracaso es rotundo.

¿Qué sucedió en Lanzarote para que los resultados de las dos manifestaciones fueran tan diferentes? Lo que ciertamente no había cambiado fue la capacidad de convocatoria de quienes organizaron las concentraciones, más acorde esa capacidad con la asistencia que reflejaba la segunda manifestación. Sí se había producido un cambio que tuvo su importancia: la transformación “ambiental” que hicieron posible los colectivos sociales y las personas que se aprestaron a combatir la xenofobia.

Pero lo sustantivo de esa transformación en el aspecto que nos ocupa, lo que condujo al fracaso de la segunda manifestación, residió en que los xenófobos perdieron el sustento político y mediático del que habían disfrutado en la primera. Difícilmente se podría entender el éxito inicial sin el apoyo del PIL y la más callada comprensión de CC, así que fue fácil explicar el fracaso en el momento que desaparecieron tanto el apoyo como la comprensión, cuando PIL y CC llegaron a la conclusión de que más perjuicios que beneficios iban a cosechar si continuaban alimentando a los xenófobos.

Da toda la impresión de que lo mismo está ocurriendo hoy en Tenerife, que un par de colectivos marginales están liderando una manifestación cuya organización y la asistencia que puede preverse sobrepasa claramente su capacidad tanto de trabajo como de convocatoria. También en la isla picuda el éxito de la convocatoria depende del papel que juegue el insularismo. Y ese papel está siendo de importancia, aunque dividido entre dos protagonistas: el político y el mediático.

En los últimos meses, Paulino Rivero se ha dedicado a practicar un descarado catastrofismo a cuenta de la inmigración, convirtiéndola en la estrella de su discurso político y el de su partido, es decir, alimentando la xenofobia en la confianza de que produzca réditos electorales. Y tan poco sutil resulta Rivero, que afirma hasta cuando niega: “Aunque comparte la necesidad de controlar la población, ya que es ‘la bandera’ del programa electoral de CC, Rivero aseguró que su partido no apoya la convocatoria”. Claro queda que el presidente de CC comparte el objetivo de los manifestantes: el control de la población. Y así lo dice, sin siquiera reparar en el macabro recuerdo que viene a la mente cuando se escucha hablar de “la necesidad de controlar la población”.

Cuando de la segunda marca se trata, ni disimular se intenta: el Partido Nacionalista Canario, que irá a las elecciones coaligado con CC, participa sin tapujos en los trabajos previos de la convocatoria contra los inmigrantes, porque, como declara Aurelio González, secretario nacional de Educación y Cultura del PNC, “Canarias está siendo invadida”. E intenta convencernos González de que “en Canarias no existen actitudes xenófobas ni racistas”. Son conscientes de la importancia del lenguaje.

No obstante, donde el insularismo tinerfeño se ha volcado más incondicionalmente en apoyo de la manifiestación ha sido en su medio: en el diario El Día y en la radio y la televisión del grupo. El editorial del periódico el pasado domingo resulta tan transparente como el agua:

La manifestación convocada para el próximo domingo por la Confederación Canaria de Asociaciones Vecinales (Concave) y la Fundación Identidad Canaria va a suponer un hito en la actitud pasiva mantenida hasta ahora por la población canaria, que contempla atónita el tremendo drama que se desarrolla a diario sin que ningún Gobierno sea capaz de poner soluciones efectivas y duraderas a la inmigración y al crecimiento poblacional. Los objetivos de la marcha están explicados en diez puntos que se han publicado en la prensa y que recogen, nos parece, el sentir popular mayoritario, para que, sin actitudes xenófobas ni violentas, se corte de una vez la marea humana que llega a diario en avión, barco o cayuco para establecerse entre nosotros de manera irregular, agravando los problemas de escasez de territorio, de alto paro y densidad de población que ya padece Canarias.

En fin, que cuesta, y mucho, dar crédito a la declaración de Paulino Rivero de que “cuando CC quiera hacer una manifestación al respecto lo hará de frente y de forma directa”. CC no se atreverá nunca a convocar abiertamente una manifestación tan claramente xenófoba como la que va a tener lugar el domingo en Tenerife. Si CC quisiera que se celebrara semejante manifestación, siempre se haría de tal forma que el resultado sería… sospechosamente similar al que se está produciendo en Tenerife.