Job Ledesma
[La Opinión de Tenerife, 17 de junio de 2006]
Hay un anuncio de periódico con la foto de un escote sobre pechos pronunciados y un lema que dice: “Lo único que tenemos pequeño es el precio”. No están solos. Con el advenimiento del Mundial de san Xavi y amén, a alguien más se le ocurrió la idea de poner otra colección de escotes anónimos bajo la leyenda de: “Tenemos la mejor delantera del Mundial”. Rumiando estas tonterías subo a un taxi, cruza una señora de opulentas formas por el paso de peatones y el taxista dice: “Esas son las tetas que a uno le gustaría encontrarse cuando vuelve de madrugada de pescar”. No te queda más remedio que empezar una conversación sobre si es cierta la leyenda de que el perímetro torácico de las canarias es mayor al de las peninsulares o no.
Ahora que se avecina el verano y por tanto la temporada de las noticias sin sentido sobre investigaciones absurdas, sería interesante conseguir algún estudio sobre la fascinación que las tetas provocan en el varón heterosexual medio, un cariño que cuenta con un amplio respaldo en el refranero popular que paso de reproducirles.
En lugar de titulares tan perspicaces como: “El ruido prolongado y continuo produce trastornos mentales”, algo así como: “A los hombres les gustan las tetas por una deformación en el hipotálamo que también les empuja también a gritar ¡gooollllllrgggg!”.
Así estamos los hombres, con las miradas perdidas en los escotes de ellas y con el semen hecho una piltrafa. Los hombres, casi todos los hombres somos esos seres vivos capaces de hablar de tetas durante un rato o de comentar durante media hora las influencias del nuevo balón en la cantidad de goles desde fuera del área en este bendito Mundial.
Después de 34 años de ser hombre y de conocer a muchos hombres, la única conclusión a la que puedo llegar es que somos así de burros y punto. Puede que existan hombres más sensibles que tuerzan el gesto cuando sale el tema de las tetas, puede incluso que existan varones a quienes no les gusta el fútbol ni un fisquito, pero la normalidad es lo otro.
La única ventaja es que el tiempo y la civilización nos va domesticando, pero no en desviar las miradas de los escotes y en dejar de seguir alelados el vuelo del balón del Mundial, sino en que lo intentamos disimular de cierta manera. Ni metrosexualidad ni gaitas, ni nueva sensibilidad ni puñetas, por los siglos de los siglos seguiremos con la mirada fija en las tetas y buscando sustitutos a la guerra menos sangrientos, como el fútbol. No damos pa´ más.
Pedro G
11:19 | 18 Junio 2006 | Permalink
“No damos pa´ más”. ¿También al periodista le parecemos salvajes y despreciables animales los varones de la especie? ¿Estamos obligados a combatir lo que biológicamente somos? Porque el periodista no dice que ese anuncia del que habla ha sido denunciado por las feministas del Instituto de la Mujer y censurado en El País, ¿le parecerá bien la persecución?
Jose Luzardo
15:57 | 18 Junio 2006 | Permalink
Hombre,yo también pondría el culito…
Mafasca
19:18 | 18 Junio 2006 | Permalink
El tobillo izquierdo, a mí me vuelve locamente salvaje el tobillo izquierdo de las mujeres.
Arcadio
19:36 | 18 Junio 2006 | Permalink
Esto dice Arcadi Espada hoy en su blog sobre el tema del artículo. Cuestión que ya adelantaba Pedro G.
http://www.arcadi.espasa.com/
Como personal y muy confiadamente esperaba, el célebre Instituto de la Mujer ha conseguido que en algunos medios no se incluya una publicidad pectoral, creo que de un supermercado o algo así. Del caso se ocupa el Defensor del Lector de El País en su última columna. No logro dar con los anuncios. Porque la cuestión principal es que los anuncios son dos. Uno muestra el bíceps de un hombre con la leyenda: “Lo único que tenemos pequeño son los precios”. Y el otro, con la misma leyenda, una exuberante y profunda sina de mujer, acogida por un sucinto biquini. El Defensor cuenta que este último anuncio se puso a consulta de la redacción y la célebre redacción de El País lo rechazó. ¿Por qué? Es completamente inexplicable. Línea más adelante, cambiando de tema, el Defensor se refiere a un problema de talla 38, que es la talla mínima que usa la redacción de El País Semanal según su redactor jefe. Y anota el Defensor: “El propósito es publicar imágenes de modelo de aspecto saludable.” ¿Y bien? No lo encuentro (y he vuelto a buscarlo) pero juro encima del Estatuto de Cataluña de 1979 que si algo tenía la sina era un aspecto saludable. ¿Qué le molesta al Instituto de la Mujer y a El País? ¿La leyenda? Esta leyenda que dice con un poco de manifiesta y necesaria vulgaridad: “Tenemos grandes las tetas, pero no los precios.” Hombre, hombre. Si tuvieran el cerebro grande habrian protestado por el otro anuncio. El de los bíceps. Que en realidad dice: “Tenemos grande la polla, pero no los precios”.
¿Tetas?
20:38 | 18 Junio 2006 | Permalink
A mi ni las tetas ni el futbol. Aunque el autor hable de la normalidad, yo soy normal, varón, no tengo cinco patas ni dos cabezas, y como a muchos varones de este planeta, lo que me pone es un maromo como dios manda. Me podría gustar el futbol, pero prefiero el tenis.
Job Ledesma, pelín primitivo ¿no?