Manuel Mederos
[Canarias7, 31 de mayo de 2007]
El pacto CC-PP es el pacto de salvación. La hoja de ruta está marcada desde la misma noche del 27 de mayo, cuando los datos arrojaron una mayoría significada para Juan Fernando López Aguilar. El único inconveniente para escenificar públicamente este pacto son los 26 escaños obtenidos por el PSOE y el pobre resultado de CC en toda Canarias, y especialmente en Gran Canaria. Si el resultado de CC hubiese superado los 21 escaños, el pacto con el PP estaría ya anunciado y consolidado ante la opinión pública. Los ha detenido la ola socialista, el deseo de cambio que ésta representa y el hecho de que provenga de Gran Canaria, el único eje que decide los cambios en la región y en el que se centra la lucha por el poder.
Ahora, una vez tomada la decisión de pactar, casi en secreto, toca escenificar y guardar los tiempos; y éstos no son otros que los que impone dar a conocer a los canarios que con López Aguilar es imposible entenderse, que lo quiere todo y que los resultados, la legalidad y la necesidad imponen el pacto de salvación CC-PP. Coalición y el Partido Popular han echado sobre la mesa la última carta a la que se juegan el futuro. Si Rajoy gana las elecciones generales estarán salvados por mucho tiempo, y si las pierde se hundirán.
El pacto es legitimo, pero se sustenta en bases poco ortodoxas. Se trata de un pacto que no tiene en cuenta que el nacionalismo para Gran Canaria ha quedado en otras manos distintas a las de CC y que el PP ha sufrido un duro castigo, entre otras cuestiones, por la convivencia pacífica con el nacionalismo insularista inspirado en el poder de Tenerife. La apuesta es arriesgada, contraviene los deseos de cambio que el electorado expresó en las urnas y lleva al PSOE a posicionarse de la manera más dura que pueda encontrar. Con todo el peso de la ética electoral, los socialistas están llamados a castigar duramente a un gobierno que representará, exclusivamente, los intereses de Tenerife y los de Gran Canaria pero subordinados a los intereses personales de José Manuel Soria, que busca salvar los muebles y atrincherarse en una consejería. Paulino Rivero, sólo puede ver la realidad desde el peligro que corre su formación, y especialmente ATI, quien también ha sufrido el látigo del castigo de las urnas al no consolidar sus mayorías en el Ayuntamiento de Santa Cruz y en el Cabildo.
Posiblemente quien más prisa tiene por dejar rubricado este pacto es José Manuel Soria al que Rajoy dio una bofetada sin manos al entregar Canarias a los socialistas en un pacto global para salvar Navarra. Las ve venir y sabe que a estas alturas Génova lo puede dejar fuera del juego. Soria ha iniciado su ocaso. El electorado ha castigado muchos de sus comportamientos, entre ellos, ser el presidente del Cabildo entregado a las estrategias regionales del equilibrio de poder diseñado por los insularistas. Una componenda a la que se lanzó cuando descubrió que la única manera de tocar poder era esta. Una fórmula que se diseñó cuidadosamente con otro de los grandes derrotados: José Carlos Mauricio y que fraguó en el gobierno de centro derecha y en la apuesta por la upenización. Soria perdió aquí su ideal de una Canarias unida y equilibrada, sueño que ahora contrasta con los resultados de López Aguilar, capaz de aglutinar en todo el Archipiélago el liderazgo que soñó Soria.
ATI tiene mucho más que perder. Si fracasa la sociedad tinerfeña y los poderes fácticos que han puesto su sangre en ATI no perdonaran a Rivero una equivocación que les arrastre nuevamente a la marginalidad regional y a perder la hegemonía de la que ahora gozan. Coalición Canaria es también un ejército que necesita el Gobierno para su supervivencia. Un puzzle, una amalgama bien engrasada para el poder porque fuera del poder no son nada.
La sociedad no podrá digerir que Coalición Canaria no sea capaz de acercarse a López Aguilar, quien ya ha dado el primer paso, dialogar y tener la voluntad de dejarle gobernar para satisfacer el deseo de la mayoría y contemplar el necesario equilibrio que ha reclamado Gran Canaria con el voto de castigo al PP y a CC. Este pacto, de consumarse, puede ser el final de Soria y de CC, pero también será la prolongación de una larga agonía en la que se niegan a confesar los pecados, pedir perdón y rehacer el camino.
mero
17:49 | 1 Junio 2007 | Permalink
Un gobierno formado por CC y por el PP, equivaldría a un gobierno regional comandado por Soria y por Rivero. El del PP para Las Palmas y el de CC para Tenerife. ¿Y dónde nos deja eso a las islas menores?
Aquí en Lanzarote, sin ir más lejos, ninguno de esos dos partidos tiene apenas representación, si lo comparamos con el PSOE y el PIL… lo cual quiere decir que un gobierno regional CC PP sería una malísima noticia para nosotros. Más ninguneados de lo que ya estamos.