Jorge Marsá
Tres son los nombres propios sobre los que gira el debate político en España en estos días: Baleares, Canarias y Navarra. Y el Partido Popular propone un acuerdo en base a un criterio que siempre ha defendido: el gobierno para la lista más votada.
Lo que propone el PP no es, en realidad, más que una reforma encubierta de las reglas del juego: un acuerdo para modificar de hecho la Ley Electoral y convertirla en mayoritaria. Los conservadores, aunque no sólo ellos, piensan que resulta más eficaz un sistema electoral mayoritario que uno proporcional para lograr buenos gobiernos. Otros, entre los que me incluyo, pensamos que un sistema proporcional es claramente más respetuoso con la voluntad que la ciudadanía expresa en las urnas. Y además, que nada tienen que envidiar las democracias consensuales –Dinamarca, Holanda, Suecia…– a las pocas que en Europa se rigen por sistemas mayoritarios –Francia y Gran Bretaña–.
En cualquier caso, lo que llama la atención en este debate es, una vez más, la incoherencia, cuando no la desfachatez, de los protagonistas. Juan Fernando López Aguilar lleva días pregonando que está de acuerdo con Rajoy, reivindicando su derecho a gobernar Canarias porque, según sostiene, esa ha sido la voluntad que los ciudadanos han expresado en las urnas. La voluntad del 34,7% de la ciudadanía que ha votado le parece al líder socialista más que suficiente para avalar su pretensión de gobernar la Comunidad. No pensaba de la misma forma cuando CiU ganó las últimas elecciones catalanas; ¿quizá porque sólo obtuvo el 31,5%? Aunque a lo mejor no es cuestión de votos, sino que depende de quién tiene los votos. Razón por la cual a López Aguilar no se le ocurrirá decir que los socialistas “han quedado desautorizados en las urnas” para gobernar en Baleares y Navarra, comunidades en las que las listas del PP han obtenido bastantes más votos que la suya en Canarias, el 46 y el 42,3% respectivamente.
Pero si el líder de los socialistas canarios apuesta por la misma solución que propone Rajoy, el de los populares, José Manuel Soria, no quiere verla ni en pintura, y está dispuesto a hacer lo que sea para evitar que gobierne la lista más votada. De hecho, obviando la pantomima de hace dos días cuando anunciaba que se iba a la oposición, y según el diario Canarias7 de ayer, tiene ya listo el pacto de gobierno con Coalición Canaria. Sólo se trata de prolongar un poco más la representación antes de hacerlo público. Piensan Rivero y Soria que no hay prisa, que es cuestión de hacer que López Aguilar madure… hasta que se caiga del guindo. Sin embargo, en política, una semana puede ser mucho tiempo.
De todas formas, a día de hoy, y a expensas de que Zapatero deje de hacer el ridículo –diciéndole a Rajoy que se arrepienta y se dé con un cilicio antes de hacerle la propuesta– y pudiera tomar cartas en el asunto, lo cierto es que la situación en el Archipiélago está donde siempre ha estado: regida por la regla de tres. Cierto que es una regla de tres un poco peculiar: como dos de los tres jugadores no pueden pactar entre ellos, las posibilidades de acuerdo se limitan al que cualquiera de ellos pueda alcanzar con el tercero. Y el resultado es obvio: siempre gana el tercero. Así es, mientras resulte imposible el pacto entre PP y PSOE, CC tiene asegurado el gobierno de Canarias, por malos que sean sus resultados electorales.
En realidad, casi da igual lo que haya votado la gente, porque la regla de tres de la política canaria ya nos indicaba que no hacía falta esperar al resultado de las elecciones, que el presidente del Gobierno de Canarias fue “nombrado” meses antes, y atiende al nombre de Paulino Rivero. Y en Canarias parece que no hay manera de saltarse esa regla de tres, por lo que sólo un acuerdo entre Rajoy y Zapatero –o entre Acebes y Blanco– podría evitar que tomara posesión como presidente de Canarias quien fue “nombrado” para el cargo varios meses antes de las elecciones.
Manuel
9:48 | 1 Junio 2007 | Permalink
Rodríguez no puede abrir ninguna puerta al PP, tiene su casa ocupada por ANV-HB-ETA y si se mueve del guión firmado con ellos, le puede suceder cualquier cosa , ya sabe que la ETA comunica lo hablado-firmado sin problemas pero es que además tiene armas para usar y las usará aunque le den Navarra, pedirá más y más. Los dragones empezarán a hechar fuego.
anda manuel
11:07 | 1 Junio 2007 | Permalink
Todos los análisis que se hagan serán válidos, pero Manuel, ¿se cree alguien que con lo que les ha caído encima en los últimos meses, los votantes del PSN depositaron su voto para que el PSOE finalmente le dé la Comunidad Foral a UPN? Por favor, un poco de coherencia no vendría mal, más allá de las posibles consecuencias futuras que, por lo demás, no están tan claras. Ahí están los magníficos resultados del PSE en el País Vasco como prueba. Y en Canarias lo que la gente quiere y ha votado es un cambio que sólo puede ofrecer Juan Fernando.
Eduardo Ruíz
12:55 | 1 Junio 2007 | Permalink
Sí, eso suele pasar. Ahora nos viene Rajoy con que habría que reformar las leyes electorales para que la fuerza más votada sea la que gobierne. Claro está, porque en este caso beneficiaría a su formación. Y los del PSOE a decir que no, claro está, porque en este caso les perjudica… excepto en Canarias.
Es que mira que son patéticos todos ellos. Se comportan como esos presidentes de clubs de fútbol que son incapaces de ver nada más allá de su equipo. Si su equipo sale beneficiado, bien, si no, a otra cosa.
Por otro lado, como Paulino Rivero acabe siendo presidente de Canarias pueden ser cuatro años muy largos en las islas. Una de las islas principales, Gran Canaria, dejó bien claro, con sus votos, que al Rivero no lo quieren ver ni en pintura. Es como si el presidente de Fuerteventura lo votáramos en Lanzarote…. una locura. Más nos vale que no acabe sucediendo eso, porque si no que a nadie le quepa ninguna duda de que tanto el pleito insular como la fractura entre las islas orientales y las occidentales se hará insalvable en estos cuatro años.
digo yo
15:43 | 1 Junio 2007 | Permalink
digo yo que por esa regla de tres nos van a tocar otros cuatros años de coalición canalla después de los veinte que llevamos. y digo yo que como lo vamos a aguantar.
Jorge Marsá
18:37 | 1 Junio 2007 | Permalink
Cortina de cifras
ANTONIO ELORZA
[El Correo, 1 de junio de 2007]
La complejidad de los resultados electorales en comunidades como Baleares, Navarra y Euskadi abre la posibilidad para hacer incluso apuestas sobre cuál será la sopa de siglas que va a presidir este o aquel gobierno local o comunitario. Muy bien situado, el Partido Socialista tiene en los tres casos citados la opción de desalojar del poder a los populares, a pesar de ser éstos el primer partido. En Canarias, el candidato del PSOE, allí primero en votos, reivindica la «legitimidad» de acceder él a la presidencia por esa razón, pero el mismo criterio no es aplicado por los socialistas en otros lugares. Es más, nadie espera que lo respeten, e incluso el líder del PSN, después de haber quedado tercero y vencido en sólo doce ayuntamientos del ex reino, un auténtico varapalo, se cree con derecho a exigir la presidencia de la comunidad. Ahí está el precedente catalán.
En principio, parece perfectamente legal, pero no muy razonable, que de modo sistemático el partido que alcanza el primer puesto con una mayoría amplia se vea condenado luego a pasar a la oposición por efecto de una alianza en la que pueden intervenir, como sucedió en Baleares, auténticos enanos políticos. La solución de este problema es, no obstante, legal, y nadie puede privar a los distintos grupos de aliarse para arrebatarle la primacía al Partido Popular. Las cifras mandan a la hora de formar gobiernos en una democracia representativa. Ahora bien, no cabe ignorar los efectos perversos del recurso sistemático a este predominio absoluto de los números, que puede desempeñar el papel de una cortina de humo que impide apreciar la puesta en marcha de procesos de degradación del orden democrático.
Uno de ellos es la potenciación de un grupo muy minoritario, el cual, a la vista de la pugna entre las dos grandes organizaciones nacionales, fuerza el chantaje hasta exigir la presidencia de la comunidad, para desde allí hacerse literalmente partido, incrementando de forma considerable sus votos y escaños. El mapa político natural resulta afectado, a favor de estrategias particularistas. Así ha sucedido con los regionalistas cántabros, en el poder desde 2003 cuando no lo merecían por la proporción de votos recibidos. Es muy importante, al parecer, que no gobierne el PP, pero peor es que sigan multiplicándose partidos de gobierno como el PRC, no por sus méritos propios, sino por estar los demás encerrados en la discusión sobre los galgos y los podencos.
Más grave es la situación cuando por causa de ese enfrentamiento bipolar son olvidadas las consideraciones de política general del Estado. Todo vale con tal de dejar fuera al adversario y maximizar la propia cuota de poder. No faltan ejemplos en Europa de esas actitudes agresivas hacia el otro y de atrapalotodo a la hora de formar las alianzas. Berlusconi es un buen ejemplo: no importa que un grupo sea fascista, con tal de que aporte votos al llamado Polo de las Libertades. Hasta ahora Francia es ejemplo de lo contrario. No sin momentos difíciles, un partido antisistema como el Frente Nacional ha quedado fuera de las combinaciones de poder, incluso en medios conservadores. Habría resultado inconcebible en Francia que un partido socialista, como aquí el PSC, formase gobierno regional con un partido del tipo Esquerra, que hace del independentismo su seña de identidad. Lo ocurrido en la gestación del Estatut vino a probar que tal operación no puede efectuarse sin graves costes. Pero no importa. Es inútil pedirle a Zapatero una reflexión crítica. ‘Ladran, luego cabalgamos’, dirá para sí y para su círculo de íntimos.
Todo indica que en Navarra va a repetirse. Buen número de dirigentes socialistas piensan en los votos que van a perderse en las elecciones generales con la alianza PSN-Nafarroa Bai, y Zapatero hará todo tipo de gestos para aparentar que la solución, con toda la pinta de estar ya prácticamente acordada, no es de su gusto. En realidad lo es, y la apoyará si logra enmascararla suficientemente. No va a desperdiciar la jugada a tres bandas: echar al PP, prioridad, formar gobierno después de una derrota electoral y aliarse con un grupo nacionalista que puede allanar el camino del ‘proceso’ (lo de la ‘autonomía de transición’ encantaría a Na-Bai). Si la opinión pública ha acabado tragando que siga ‘el proceso de paz’, eso sí bien escondido, después del atentado de la T-4, ¿por qué no se va a aprovechar la ocasión de compartir gobierno con una coalición como Nafarroa Bai, tan mesurada en sus últimas manifestaciones? Que el PP pida perdón, o nos entregamos a esta saludable labor de redimir democráticamente a abertzales que no son filoterroristas. Y si lo pide, ya buscaremos otra salida, tal vez la autonomía propia del PSN, coartada que ya funcionó para el PSC. Más gobierno para mí y los míos, sin que importe agudizar las fracturas en la configuración del Estado: tal es la fórmula. A modo de Esaú, el plato de lentejas para mañana es lo que cuenta.
La política de Zapatero viene triunfando una y otra vez en las maniobras a corto plazo. Ha funcionado a la perfección el acuerdo tácito o encubierto de dejar pasar a ANV, permitirle a Batasuna reconquistar sus feudos, sin una autorización global de las candidaturas, a cambio de que ETA se limite a lanzar por las calles a sus alevines con la kale borroka, pero no hace atentados, que es lo que necesitaba ZP. En la misma noche electoral, en el local de ANV, quien celebra la victoria es Otegi, para mayor vergüenza del fiscal general del Estado, cuyo sentido del derecho en lo que concierne a la Ley de Partidos debe de encontrarse, lo mismo que para el Gobierno, en lugar desconocido. Una farsa bien hecha, y tal vez de utilidad pública, habrán pensado muchos ciudadanos, hartos de vivir bajo el terror. El resultado electoral lo prueba, pero conviene recordar que nada ha sido resuelto, y que de momento la imagen del Estado de Derecho queda hecha trizas, con una Ley de Partidos que se cumple o incumple a gusto del consumidor.
De momento, la política vasco-navarra de ZP ha tenido un resultado estupendo: convertir en protagonista de los medios y en eje simbólico de la política vasca a un partido ilegalizado por pertenecer a una organización terrorista. A fuerza de satanizar al PP y de insistir en ‘el proceso de paz’, tal vez Patxi López sea un día lehendakari de papel con los votos de Otegi, y entretanto Nafarroa Bai, dentro del gobierno Puras y con Cultura en sus manos, empujará con toda discreción y con todas sus fuerzas hacia la vinculación con Euskadi y hacia la autodeterminación a plazo, sin olvidar la euskaldunización a ultranza (euskara, idioma oficial, Patxi dixit). Nafarroa Euskal Herria da, por fin. Y ‘last but not least’, de paso queda arrinconado Imaz. El PSOE a favor, no de ETA, pero sí del nacionalismo radical. Una novedad histórica, cuyos frutos difícilmente dejarán de ser amargos.