Viernes, 1 de Junio de 2007

La regla de tres canaria

Jorge Marsá

Tres son los nombres propios sobre los que gira el debate político en España en estos días: Baleares, Canarias y Navarra. Y el Partido Popular propone un acuerdo en base a un criterio que siempre ha defendido: el gobierno para la lista más votada.

Lo que propone el PP no es, en realidad, más que una reforma encubierta de las reglas del juego: un acuerdo para modificar de hecho la Ley Electoral y convertirla en mayoritaria. Los conservadores, aunque no sólo ellos, piensan que resulta más eficaz un sistema electoral mayoritario que uno proporcional para lograr buenos gobiernos. Otros, entre los que me incluyo, pensamos que un sistema proporcional es claramente más respetuoso con la voluntad que la ciudadanía expresa en las urnas. Y además, que nada tienen que envidiar las democracias consensuales –Dinamarca, Holanda, Suecia…– a las pocas que en Europa se rigen por sistemas mayoritarios –Francia y Gran Bretaña–.

En cualquier caso, lo que llama la atención en este debate es, una vez más, la incoherencia, cuando no la desfachatez, de los protagonistas. Juan Fernando López Aguilar lleva días pregonando que está de acuerdo con Rajoy, reivindicando su derecho a gobernar Canarias porque, según sostiene, esa ha sido la voluntad que los ciudadanos han expresado en las urnas. La voluntad del 34,7% de la ciudadanía que ha votado le parece al líder socialista más que suficiente para avalar su pretensión de gobernar la Comunidad. No pensaba de la misma forma cuando CiU ganó las últimas elecciones catalanas; ¿quizá porque sólo obtuvo el 31,5%? Aunque a lo mejor no es cuestión de votos, sino que depende de quién tiene los votos. Razón por la cual a López Aguilar no se le ocurrirá decir que los socialistas “han quedado desautorizados en las urnas” para gobernar en Baleares y Navarra, comunidades en las que las listas del PP han obtenido bastantes más votos que la suya en Canarias, el 46 y el 42,3% respectivamente.

Pero si el líder de los socialistas canarios apuesta por la misma solución que propone Rajoy, el de los populares, José Manuel Soria, no quiere verla ni en pintura, y está dispuesto a hacer lo que sea para evitar que gobierne la lista más votada. De hecho, obviando la pantomima de hace dos días cuando anunciaba que se iba a la oposición, y según el diario Canarias7 de ayer, tiene ya listo el pacto de gobierno con Coalición Canaria. Sólo se trata de prolongar un poco más la representación antes de hacerlo público. Piensan Rivero y Soria que no hay prisa, que es cuestión de hacer que López Aguilar madure… hasta que se caiga del guindo. Sin embargo, en política, una semana puede ser mucho tiempo.

De todas formas, a día de hoy, y a expensas de que Zapatero deje de hacer el ridículo –diciéndole a Rajoy que se arrepienta y se dé con un cilicio antes de hacerle la propuesta– y pudiera tomar cartas en el asunto, lo cierto es que la situación en el Archipiélago está donde siempre ha estado: regida por la regla de tres. Cierto que es una regla de tres un poco peculiar: como dos de los tres jugadores no pueden pactar entre ellos, las posibilidades de acuerdo se limitan al que cualquiera de ellos pueda alcanzar con el tercero. Y el resultado es obvio: siempre gana el tercero. Así es, mientras resulte imposible el pacto entre PP y PSOE, CC tiene asegurado el gobierno de Canarias, por malos que sean sus resultados electorales.

En realidad, casi da igual lo que haya votado la gente, porque la regla de tres de la política canaria ya nos indicaba que no hacía falta esperar al resultado de las elecciones, que el presidente del Gobierno de Canarias fue “nombrado” meses antes, y atiende al nombre de Paulino Rivero. Y en Canarias parece que no hay manera de saltarse esa regla de tres, por lo que sólo un acuerdo entre Rajoy y Zapatero –o entre Acebes y Blanco– podría evitar que tomara posesión como presidente de Canarias quien fue “nombrado” para el cargo varios meses antes de las elecciones.