Viernes, 1 de Junio de 2007

Veremos en qué queda

Rafael Cano

Ayer por la mañana, el presidente del PIL, Antonio Hernández, desmentía lo que yo había escrito aquí –en realidad, desmentía sus anteriores declaraciones–, que el PIL renunciaba a la Alcaldía de Arrecife, que iniciaba rendido las conversaciones con el PSOE. Y se expresaba de forma muy distinta: “En el Cabildo la normativa da la presidencia al partido más votado y en este caso sería para Manuela Armas pero en el Ayuntamiento no es así” (Crónicas de Lanzarote).

Sin embargo, por la tarde, el criterio volvía a cambiar. Al menos si creemos lo que afirmó Manuel Fajardo al hacer público el pacto entre su partido y los insularistas: “en los acuerdos que se formalicen se respetará que la lista más votada sea la que asuma la presidencia del Cabildo o las alcaldías, en su caso. El secretario general del PSOE precisó que en la negociación con el PIL ha quedado claro que se respaldará a los candidatos ‘más votados” (Diario de Lanzarote).

Los dos partidos se sienten más que legitimados: “el mensaje emitido por los ciudadanos de la Isla el pasado 27 de mayo fue claro y contundente: ambas fuerzas políticas han obtenido en las urnas la confianza mayoritaria del electorado”. ¿Confianza mayoritaria del electorado? No sé si es mucho decir: los votos de PIL y PSOE al Cabildo de Lanzarote suman el 25,4% del electorado, de los 80.655 ciudadanos con derecho a voto. Legitimados están, es verdad; así que no hay necesidad de exagerar la nota.

Y más legitimados aún si, como declara Manuel Fajardo, y como hubiera negado rotundamente la semana pasada, hay “muy pocas diferencias” en sus programas de gobierno. Pues casi que se podían haber presentado juntos a las elecciones, porque al final va a resultar que socialistas e insularistas son familia política. Si lo hubieran dicho con semejante claridad antes de las elecciones, a lo mejor algunos se habrían ahorrado el ir a votar.