Lunes, 11 de Junio de 2007

¿Por qué el horario partido en tantas actividades?

Luis Fernández

Vivo en Lanzarote, pero supongo que algo parecido sucede en toda España. Por razones de trabajo, circulo por las calles a distintas horas entre las ocho de la mañana y las cuatro de la tarde. Cualquiera puede advertir el aumento exponencial del tráfico entre la una y las cinco de la tarde, provocado por los miles de empleados, profesionales o dueños que van a sus casas a almorzar para retornar de inmediato. Si se pasara a un horario continuo, anotamos tres grandes beneficios y escasos inconvenientes.

1) Se pasaría de cuatro viajes a dos, para cada uno de esos miles en Lanzarote, pero millones en España, que cumplen con dicho horario.

Me gustaría que otras personas con más información y mejor acceso a la misma que este modesto escribiente pudieran calcular las miles de toneladas menos de CO2 que España emitiría a la atmósfera. Seguramente saldríamos de ese ranking tan pobre en el que nos encontramos en la UE y en el mundo. No he leído o escuchado a los grupos ecologistas plantarse firmemente en este tema.

2) Con ese horario, los trabajadores se transforman en casi esclavos del horario, pues deben dedicar desde las ocho y media a las siete y medio u ocho, las horas diarias de su vida relacionadas con el trabajo. ¿Alguien piensa que de una y media a cuatro y media se pueden realizar cursos, o ayudar a sus hijos en las tareas escolares o pasear o simplemente salir de compras (cuando todos los comercios están cerrados)?

Si tantas luchas obreras costaron las ocho horas, ¿porqué nuestras centrales sindicales aceptan semejante situación? Claro está que esas horas no son de trabajo, pero muchísima gente no dispone libremente de ellas.

3) La extensión del horario comercial de nueve de la mañana a ocho de la tarde implicaría que muchos comercios deberían aumentar su plantilla, con lo que disminuiría el paro y aumentaría la recaudación de la Seguridad Social. Esas empresas verían compensado su esfuerzo con mayores ventas, habría mayor movimiento, sin duda. También aquí las centrales sindicales pasan de puntillas.

Los únicos que perderían serían las gasolineras y afines. Tal vez se pudiera estudiar alguna compensación que fuera decreciendo hasta lograr un nuevo equilibrio.