Luis Fernández
Vivo en Lanzarote, pero supongo que algo parecido sucede en toda España. Por razones de trabajo, circulo por las calles a distintas horas entre las ocho de la mañana y las cuatro de la tarde. Cualquiera puede advertir el aumento exponencial del tráfico entre la una y las cinco de la tarde, provocado por los miles de empleados, profesionales o dueños que van a sus casas a almorzar para retornar de inmediato. Si se pasara a un horario continuo, anotamos tres grandes beneficios y escasos inconvenientes.
1) Se pasaría de cuatro viajes a dos, para cada uno de esos miles en Lanzarote, pero millones en España, que cumplen con dicho horario.
Me gustaría que otras personas con más información y mejor acceso a la misma que este modesto escribiente pudieran calcular las miles de toneladas menos de CO2 que España emitiría a la atmósfera. Seguramente saldríamos de ese ranking tan pobre en el que nos encontramos en la UE y en el mundo. No he leído o escuchado a los grupos ecologistas plantarse firmemente en este tema.
2) Con ese horario, los trabajadores se transforman en casi esclavos del horario, pues deben dedicar desde las ocho y media a las siete y medio u ocho, las horas diarias de su vida relacionadas con el trabajo. ¿Alguien piensa que de una y media a cuatro y media se pueden realizar cursos, o ayudar a sus hijos en las tareas escolares o pasear o simplemente salir de compras (cuando todos los comercios están cerrados)?
Si tantas luchas obreras costaron las ocho horas, ¿porqué nuestras centrales sindicales aceptan semejante situación? Claro está que esas horas no son de trabajo, pero muchísima gente no dispone libremente de ellas.
3) La extensión del horario comercial de nueve de la mañana a ocho de la tarde implicaría que muchos comercios deberían aumentar su plantilla, con lo que disminuiría el paro y aumentaría la recaudación de la Seguridad Social. Esas empresas verían compensado su esfuerzo con mayores ventas, habría mayor movimiento, sin duda. También aquí las centrales sindicales pasan de puntillas.
Los únicos que perderían serían las gasolineras y afines. Tal vez se pudiera estudiar alguna compensación que fuera decreciendo hasta lograr un nuevo equilibrio.
Pedro G
11:59 | 11 Junio 2007 | Permalink
También en cuestión de horarios, Spain is diferent. Lo curioso es que no lo era, que los horarios que consideramos tan españoles, comer y cenar mucho más tarde que el resto de los europeos, se hicieron una realidad en la España de Franco, antes los españoles tenían unos horarios muy parecidos al resto de Europa. De todas formas, se lleva hablando años de “armonizar” nuestros horarios para mejorar la productividad y facilitarnos la vida. El Gobierno presentó un proyecto en este sentido no hace mucho, pero no parece que haya mucho avance en este asunto.
Eduardo Ruíz
19:04 | 11 Junio 2007 | Permalink
Absolutamente de acuerdo con el planteamiento del articulista. La jornada continua ofrece innumerables ventajas frente a la partida.
No obstante, hemos de reconocer que la jornada partida en Lanzarote, y en España obedece a una realidad social. Y es que la mayoría de establecimientos comerciales abren y cierran mañanas y tardes, descansando por el medio día.
Los grandes grupos de trabajadores en Lanzarote se pueden dividir en: Comercio, sector servicios y funcionariado.
De estos tres, sólo los últimos se benefician, en su mayoría, de este tipo de horarios.
Y tampoco es algo que tenga fácil solución. Si yo tengo una tienda en la calle Real, por ejemplo, y quiero contratar a un par de dependientes, el horario en el que me interesa que trabajen coincidirá necesariamente con el horario de apertura de mi negocio. Horario partido. Y en Arrecife hay muchísimos negocios de este tipo. Negocios que no se pueden permitir pagar dependientes para más horas, y rentabilizan las pocas horas que pueden estar abiertos de tal forma que sean esas en las que la gente está de novelería por ahí.
Lo que está claro es que si todo el mundo trabajara las mismas horas, por ejemplo jornada continua por la mañana, entonces los negocios tendrían que abrir por las tardes, porque nadie podría ir a comprar en ellos.
Si los funcionarios están trabajando (supuestamente) y si los dependientes están trabajando… ¿quién compra por las mañanas en tanta medida como para que merezca la pena abrir los negocios en dichas horas? Todo esto habría que analizarlo si se pretendiera racionalizar los horarios con alguna seriedad. Estoy convencido de que podría hacerse, y que debería hacerse… ¿por qué no se ha hecho? vaya usted a saber…
chino cudeiro
20:29 | 11 Junio 2007 | Permalink
Hemos de tener en cuenta que las horas diurnas que disponemos en Canarias no tienen nada que ver con las existentes en el norte de Europa. Eso condiciona en buena medida la amplitud horaria. Recuerdo un viaje a Inglaterra que hice una vez y me sorprendí con todos los establecimientos cerrados a las cinco de la tarde… pero es que era noche cerrada. ¿Concebiríamos algo así aquí?