Lunes, 11 de Junio de 2007

Seres de otro mundo

Jorge Marsá

Se ha destacado en los últimos días la importancia del programa a la hora de llegar a acuerdos de gobierno tanto en la Isla como en el Archipiélago. Leí algo este fin de semana sobre el programa de gobierno que nos presentan socialistas e insularistas. Suena bien. Siempre suena bien. Así que concedo a este programa la misma importancia que la gran mayoría de los ciudadanos: ninguna. Sin embargo, una frase me hizo gracia: “el apoyo al sector primario como garantía de futuro”.

Parece que lo dicen en serio, como si se creyeran que el sector primario lanzaroteño pudiera garantizar de algún modo nuestro futuro. En realidad, la frase más parece una muestra de que algunos viven, o pretenden vivir, en un mundo que dejó de existir hace tiempo. Porque en el mundo en que vivimos hoy, no hay ni la más remota posibilidad de que el sector primario pudiera siquiera proporcionar el alimento básico para la población insular, ni hoy ni en cualquier futuro próximo que quepa imaginar. A no ser que se prevea una catástrofe que asole esta sociedad y que deje su población reducida a una pequeña parte de la actual.

El sector primario es claramente residual en la economía lanzaroteña. Razón por la cual no deja de llamar la atención la importancia que se concede en los programas electorales o de gobierno a un sector en el que se ocupa apenas el uno por ciento de la población activa; especialmente si la comparamos con la completa ausencia de referencias a las condiciones de trabajo del 99 por ciento restante de los trabajadores de la Isla. De hecho, el Cabildo continuará teniendo dos consejerías específicas, Agricultura y Ganadería y Pesca, para atender a esa pequeña parte de la población que desempeña su labor en el sector primario. Deber ser que la agricultura, la pesca y la ganadería son fuentes de identidad, mientras que el turismo y el comercio no parecen formar parte de “lo nuestro”, por mucho que sean las actividades que nos dan de comer.

Pero continuando con la negativa a reconocer la realidad, los políticos se niegan a aceptar que el sector primario, y especialmente la agricultura, sólo puede mantenerse en Canarias… desnaturalizándose. Es decir, recurriendo a mano de obra inmigrante que sustituya a los canarios que no están dispuestos a asumir la dura tarea e incrementando el ya cuantioso caudal de subvenciones que recibe el campo del Archipiélago. Eso y todas las barreras que se puedan poner a las importaciones agrícolas procedentes de los países en los que la agricultura no se limita a ser fuente de identidad sino que es cuestión de supervivencia.