Teresa Cardenes
[La Provincia, 10 de junio de 2007]
Coalición Canaria digiere estos días con cierta dificultad su condición de llave en el Parlamento, atrapada en una contradicción que le puede pasar factura en términos de cohesión interna, credibilidad política y, por supuesto, poder real. CC se calculaba a sí misma como la ganadora real del 27-M, cualquiera que fuesen los resultados, por una renta de situación capaz de asegurarle en teoría la presencia en el Gobierno, y hasta su Presidencia, debido a un supuesto de mutua exclusión entre el Partido Socialista y el PP de Soria en el juego de las alianzas.
Pero, así como los socialistas se arriesgan a morir de éxito si no son capaces con sus 26 flamantes escaños de colocar a López Aguilar en la cabecera del próximo Gobierno, CC se ve expuesta a su pesar a una digestión lenta y pesada del 27-M que se le ha ido torciendo con los días. Que José Manuel Soria y Paulino Rivero tenían previsto entenderse más allá de los resultados del 27-M era un ejercicio teórico cantado desde febrero. Pero, frente a ese determinismo, el síndrome de una división de criterios sobre la política de alianzas se ha instalado hoy en la garganta de Coalición Canaria, y es tan grave el atragantamiento que no poco esfuerzo habrá de hacer CC para que su unidad no salte por los aires a medio plazo. Ellos lo saben y miden estos días todos los riesgos, que son por lo menos cinco, y ninguno leve.
El primero y segundo van encadenados: hacerse a toda costa, o no, con la Presidencia del Gobierno, pero a cambio de que prospere, o no, la reforma del Estatuto canario en la que empeñó toda la legislatura Adán Martín. Rivero puede, claro, asegurarse la jefatura del Gobierno y evitar así que se le suban a las barbas todos aquellos nacionalistas que cuestionan su liderazgo. ¿Pero cómo salvar con el PP ese Estatuto que la diputada Roldós tachó indecentemente de nacionalsocialista? El riesgo número tres tiene cuatro dígitos, 2008, la fecha de las elecciones generales, y la hipótesis de un nuevo y aún más demoledor voto de castigo. El cuarto se relaciona con su debilitada cohesión y el peligro objetivo de una fractura. Y el quinto, con la hipótesis de una isla, Gran Canaria, en llamas durante cuatro largos y tortuosos años. Y sin contar con el factor navarro o los sustos que ya se derivan de Las Teresitas. Que es otra. Como para padecer sudores fríos.
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